
Ernesto Gómez Pananá
El ciclo escolar en educación básica está por concluir, aunque en muchas escuelas del país prácticamente ya terminó, porque los maestros se movilizaron a la Ciudad de México, en demanda de 100% de incremento salarial, abrogación de la actual ley del ISSSTE y regreso al anterior sistema de pensiones y eliminación del mecanismo de escalafón vigente, el USICAM, pactado por ellos mismos en el 2019 con el presidente López Obrador, a quien apoyaron en sus campañas y con quien presumían tener una alianza.
A todo lo largo de “20 de noviembre”, “5 de mayo”, “Tacuba” y “Simón Bolivar”, más de doce mil docentes provenientes particularmente de Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas y Zacatecas acampan de lunes a viernes, al tiempo que juegan cascaritas y derrumban figuras monumentales en Paseo de la Reforma, obstruyen el paso vehicular en el cruce de La Diana o “toman” las gasolineras de Tuxtla Gutiérrez y para ganar la simpatía de la gente (no se rían por favor), obsequian diez litros del codiciado combustible a los interesados que elijan formarse en la prolongadísima fila.
Si tuviera que enumerar los tres problemas más complejos vigentes hoy día en nuestro país, el primero sería el de la violencia y la delincuencia organizada, pero sin duda la problemática magisterial entraría en la terna. Se trata de un asunto complejo, pervertido y añejo. Serían mediados de los años ochentas, cursaba yo el cuarto año en una primaria pública y tuve mi primera experiencia con un paro magisterial. Habrá sido cosa de unas tres semanas de suspensión de labores.
Ya durante la secundaria, me tocaron huelgas invariablemente cada año, la más prolongada en tercero, cuando duró cerca de noventa días, en el filo de perderse por completo el año escolar, noventa días en los que la plaza cívica y todo el centro de la capital chiapaneca permanecieron tomados por el magisterio, noventa días de anarquía en los que entre otras bellezas, los paristas cazaban a sus adversarios charros, los amarraban en el centro de la plaza pública y a manera de humillación, los rapaban y los rociaban con pintura y plumas. Una alta muestra de solidaridad y formación cívica.
Durante la universidad, me tocaron igualmente un par de huelgas de tres o cuatro semanas y una más de prácticamente tres meses.
A lo largo de los años, fui entendiendo el ciclo anual de la lucha, previo al quince de mayo, las movilizaciones se incrementaban, año con año las acciones de presión subían de tono a niveles sin precedente, cíclicamente las demandas buscaban la implementación de un régimen de excepción frente a otros gremios y reiteradamente con un tufo de amenaza y chantaje. Hoy, el país vive todo eso pero con un par de variables adicionales de por medio.
La primera es desde luego el escenario futbolístico internacional. La urgencia de las autoridades por limpiar la ciudad y el país, da pie a forzar la “negociación” y obligar al gobierno a ceder a las demandas. Es negociar sobre las rodillas.
La otra variable es en muchos sentidos, una paradoja. Morena, hoy gobierno, negocia no solo con su aliado histórico -la CNTE-, sino también con el sindicato oficialista histórico. Es decir, el SNTE, ese que lideró La Maestra, ese que antes lideró Jongitud Barrios, ese que regalaba Hummers a sus líderes estatales, ese que apoyó las candidaturas de Fox y Calderón, ese que incluso tuvo su propio partido y su propio candidato. Hay versiones que sostienen que la rijosidad actual de la obedece también a que en la CNTE no es bien vista la relación oficial del gobierno con su contraparte, el SNTE.
Por lo pronto, ni en la primaria Juan Benavides, ni tampoco en la Hidalgo ni en la Matías de Córdova hay clases y seguramente tampoco habrá clausura. Casi tres millones de niñas y niños no reciben clases y en el horizonte no se advierte una solución de fondo a este perverso cuadro de codependencia cíclico. El magisterio es un gremio respetable, tan respetable como cualquier otro. Los niños y niñas también merecen respeto y compromiso con su futuro y la solución no parece sencilla. En salud ya estamos rumbo a Copenhague. En educación todavía estamos muy lejos.
Oximoronas 1. El jueves próximo inicia la fiesta internacional del balompié planetario (esta columna no pagó derechos para referirse a dicho acontecimiento con su nombre comercial y desea evitar una demanda de la FIFA). De nuevo la “ilusión” colectiva que, no hace falta ser mago, topará mucho antes de lo que nos quieren hacer creer. Vaya también una mención aparte pero en el mismo tenor, para referir el furor entre niños -también niñas-, adolescentes y mucho niñoviejo y chavorruco, para llenar el álbum Panini de futbol. Estampas agotadas hasta nuevo aviso frustran el avance en el llenado de páginas. Por fortuna se anuncian al por mayor eventos de intercambio patrocinados por políticosbienintencionadossinafándepromoverse. Benditos.
Oximoronas 2. Se viven buenos tiempos en la benemérita UNACH. Atinada decisión de extender la administración del rector Oswaldo Chacón. Enhorabuena.
Oximoronas 3. Pros y contras de la democracia: en Perú todo apunta a que la derechista Keiko Fujimori se convierta en su próxima presidenta. En la década de los noventas, su padre fue electo presidente de manera abrumadora e inesperada. Al tiempo, el poder lo enloqueció, reformó la constitución para reelegirse para un segundo y tercer período. Fue condenado a 25 años de prisión. Heredó a su hija la “vocación” de poder. Suerte para Perú.


