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¿Mexicanos y chiapanecos viejos y pobres?

¿Mexicanos y chiapanecos viejos y pobres?
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Manuel Ruiseñor Liévano

Sabido es que cuando un país demográficamente hablando envejece, sus posibilidades cambian. Es una de las grandes incógnitas económicas de nuestro tiempo, para la cual abundan diferentes perspectivas de reflexión.

Y es que, añaden los expertos, una población envejecida plantea desafíos como la presión sobre los sistemas de pensiones y la escasez de mano de obra, aunque también se impulsa la innovación. Tal es el caso de Japón —abundan—que ha respondido a este reto invirtiendo fuertemente en automatización, robótica y la llamada economía plateada (productos y servicios adaptados para adultos mayores).

Lo anterior viene a comento dado a que en un artículo publicado recientemente en el prestigiado Financial Times, hace 15 días, se analiza ese importante fenómeno que está sucediendo en el orbe entero y que afectará a todo el planeta en dos terceras partes de los 195 países del mundo, en razón de que la tasa de fecundidad global ya está por debajo del umbral de reemplazo de 2.1 hijos por mujer,

De ese tamaño es la realidad descrita en el artículo de referencia, donde de modo significativo se dedica un espacio a México, en tanto caso paradigmático de un fenómeno nuevo: países del ingreso medio que envejecen antes de hacerse “ricos”.

Vayamos a fondo. Se refiere en el cotidiano estadounidense, que lo grave del caso es que México ha cruzado ya la frontera del reemplazo en 2016 y diez años después seguimos sin enterarnos. La tasa global de fecundidad, que en 1974 era de 6.7 hijos por mujer, cerró 2024 en 1.89, el mínimo histórico desde que el INEGI lleva la cuenta.

Como antecedente, se tiene que en 2023, por primera vez en la historia, la natalidad mexicana cayó por debajo de la estadounidense; en 2024 la brecha se amplió: 1 millón 672 mil 227 nacimientos, 4.5% menos que el año previo y casi 30% por debajo del pico de 2008. En otras palabras, quiere decir que a México sólo le tomó una generación lo que a Corea o Suecia, por ejemplo, les tomó tres.

Los datos anteriores deberían tenernos preocupados y ocupados como nación, sin embargo eso no parece estar sucediendo, más aún porque si se considera la relación de cuántos niños y viejos hay por cada 100 personas en edad productiva, tenemos que en el país se pasó de 99.7 en 1970 a 50.3 en 2020, y tocará su mínimo histórico hacia 2030, siendo que para ese mismo año habrá por primera vez más mexicanos mayores de 65 que menores de 15: 20.7 millones, contra 8.5 millones en 2007.

La edad mediana pasó de 22 años en 2000 a 30.5 hoy, y llegará a 43 en 2050. A todo esto, la CEPAL ha fechado el cierre del bono demográfico en 2034. Llegamos con un PIB per cápita de 15 mil 770 dólares, mientras que Japón entró a esa fase con 40 mil.

Todo lo cual quiere decir que, en términos generales, los mexicanos vamos a envejecer sin haber logrado enriquecernos, lo cual tendrá consecuencias graves en las instituciones de salud y de cuidados, por cierto maltratadas si no es que olvidadas en la actualidad.

Y es que México envejece como ninguna otra nación: las pensiones cada día pesan más, la recaudación tributaria no mejora y, obvio, la economía nacional no crece, sin contar con los altos niveles de endeudamiento, lo que aturde y más aún las finanzas públicas. Pero de lo que se trata es de envejecer con productividad acumulada, instituciones sólidas y una base fiscal robusta.

LAS OPORTUNIDADES DE CHIAPAS

En el caso de nuestro querido Chiapas, si bien es cierto que el orden de cosas es diferente, igual es que no por ello los retos dejan de ser mayúsculos. Veamos como está la baraja chiapaneca.

Al 2026, el bono demográfico del estado se consolida como una de las mayores oportunidades y, a la vez, como uno de los principales desafíos socioeconómico del estado. Somos la entidad más joven de México con una media de edad de apenas 24 años, destacando también por registrar la tasa de natalidad más alta del país.

Para dimensionar esta realidad y lo que representa, consideremos los siguientes puntos:

Primero, la gran ventana de oportunidad que esto significa, toda vez que a diferencia del resto de México —cuya población en edad laboral está disminuyendo rápidamente—, el bono demográfico chiapaneco tiene una amplia proyección, estimándose que la población joven seguirá siendo mayoría durante las próximas décadas.

Para no ir tan lejos, la entidad lidera la fecundidad nacional con cifras que triplican a las de otras entidades, marcando un gran contraste con el rápido envejecimiento poblacional que experimenta el resto del país.

De ahí que el gran desafío sea materializar el potencial de este bono, logrando incorporar a esa gran masa de población en edad productiva (15 a 64 años) al mercado laboral formal.

Pero, para variar, tenemos limitantes como las altas tasas de embarazo adolescente (21.7 por cada mil mujeres de 10 a 19 años) y el rezago educativo que recorta el desarrollo de capital humano en la región.

Para que este “joven Chiapas” se traduzca en verdadero desarrollo social, las estrategias institucionales exigen mayor inversión en educación técnica, generación de empleos formales y seguridad social para la población joven.

Analistas —acorde con datos del recientemente publicado Programa Nacional de Población 2026-2030–, advierten que este bono corre el riesgo de convertirse en una carga social si no se acompaña de políticas públicas adecuadas.

Y si además consideramos que la fuerza laboral joven no encuentra puestos de trabajo dignos y productivos a nivel local, el potencial de este bono se desperdiciaría mediante el subempleo o la migración.

Como estrategia gubernamental para mitigar este rezago, la actual administración del estado ha desplegado el programa alfabetización “Chiapas puede”, así como el apoyo a universitarios y la reactivación económica del campo y la pesca.

Imposible pasar por alto que Chiapas es la última entidad federativa de México donde concluirá el bono demográfico, bajo la circunstancia de que mantendrá una mayoría de población en edad de trabajar frente a la población dependiente durante las próximas tres décadas. ¿Aprovecharemos esa ventaja?

A nuestro parecer tres son los ejes desde los cuales se puede avanzar:

Uno: reducir la alta pobreza laboral del orden del 62.4%, la más alta del país. Dos: reducir la informalidad laboral, la cual señala que hasta el 75.3% de los trabajadores laboran sin prestaciones o vínculo contractual reconocido. Y Tres: cumplir al 100% la meta del rezago educativo en analfabetismo y educación básica.

A MANERA DE. COLOFÓN

Ser una sociedad envejecida y sin mayores expectativas para cumplir con una vida tranquila y cuidada, más allá de lo que pueden aportar los programas de apoyo social, no es para nada deseable en el presente y mucho menos para un futuro promisorio.

Estamos a tiempo de aprovechar las ventajas del bono demográfico de Chiapas y con la ruta que se desprende del Programa Nacional de Población y la hoja de ruta local que es el Plan Estatal de Desarrollo Chiapas 2024-2030, deberemos repensar, reencauzar y modificar los caminos que conduzcan a la entidad hacia mejores derroteros.

Actuar de manera responsable, compete a todos. Tanto al Estado como deber constitucional, a los gobiernos con acciones institucionales, así como a la sociedad misma en calidad de esfuerzo colectivo e integrador. Vamos por una suma que no de cero. ¿Estamos de acuerdo?

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