
Uvel Vázquez
Soy viejo y escribo poemas y le hago el cuento. He pecado de pensar. Con esa chica viajamos juntos en el transporte. Me tiró su pantaleta roja. Ah, cabron. Me sorprendió con qué delicadeza y destreza se quitó la prenda íntima para que yo la recibiera como muestra de su amor. La guardé en la bolsa de mi pantalón. Me hizo tragar saliva y estremecerme. Poco a poco los pasajeros fueron bajando a sus lugares respectivos. Quedamos los dos. Ella me besó con pasión. Y con movimientos rápidos se montó encima de mí. No lo pensé. No pude evitarlo. No me importó. Me sentí feliz. Ella bajó en esa calle oscura y se perdió entre sombras. El olor de su bello cuerpo no lo puedo separar de mis sentidos. La extraño en silencio. Padezco la soledad del perro viejo. A diario abordó el transporte, la busco desesperadamente, y doy con ella, jamás. La esperaré, hasta que ella vuelva como la lluvia, de repente.


