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César Corzo en mi memoria

César Corzo en mi memoria
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César Corzo Espinosa, fragmento del mural Visión Plástica de la Geografía Mítica de Chiapas, Mujer Zoque. Fotos cortesía.

Roberto Chanona

Tuve una amistad muy estrecha con el pintor y muralista César Corzo Espinosa. Nuestra relación se fue dando a través de los años. Al principio me buscó para editar su libro Refundición de yerros. Un día se presentó en la oficina y me dijo: “Vengo de aventarletodas las cajas de libros al impresor fulano de tal porque hizo una cochinada con mi obra. Espero que contigo no tengamos el mismo problema.”

La impresión fue buena y al poco tiempo estaba de vuelta porque quería editar La geografía mítica de Chiapas. Empezamos a trabajar y todo iba bien hasta que empezaron a patinar las correciones porque había muchas palabras en náhuatl, maya, zoque y yo no podía aportar nada. Pronto me di cuenta de que cada vez salían otros errores y que ya era la décima vez que llevaba los originales mecánicos para revisión y siempre más correciones. Comprendí que nunca íbamos a terminar. Para que ustedes entiendan, en la edición de un libro con cuatro revisiones debe estar listo el texto para impresión porque se supone que el autor ya pulió el original y son detalles los que se corrigen: errores de dedo, algo desintaxis, muletillas, etcétera. Así que tomé el dinero del anticipo y me fui a Berriozábal con la firme convicción de ponerle un remedio a dicha situación. Llegué a su casa en la noche y muy amable le dije que ahí estaban los originales y que revisara por decimoprimera vezporque, haciendo esas correcciones, nos íbamos a impresión.

Se creó un silencio de esos que presagian mal tiempo y entonces le salió el diablo que llevaba adentro. “¡Mira, tú vas a hacer todas las correcciones que yo quiera!” Y entoncesestallé y le dije que estaba muy equivocado porque ni él sabía lo que estaba escribiendo y si no le gustaba, le devolvía el dinero del anticipo y se lo puse sobre la mesa. Entonces, muyalterado dijo: “¡Tú no vas a abandonar…!”, y dio unos pasos. Yo sabía perfectamente que la pistola la tenía en el cuarto y cuando quiso dirigirse hacia el lugar le cerré el paso como diciéndole “De aquí no cruzas.” Entendía que si llegaba a la habitación yo estaba perdido.Intentó de nuevo esquivarme y volví a cerrarle el paso ya con una mirada de pocos amigos:“¡Sobre mi cadáver, cabrón, pero tú no pasas!”

Se calmó cuando entendió que todas las fuerzas del mal ya se habían desatado en mí y que por ningún motivo él iba llegar al cuarto. Entonces me dijo: “¡Está bien, vamos a hacer las correcciones y luego nos vamos a impresión!”

Como a los tres días volvió a la oficina: “Aquí están mis observaciones, pero me vas a firmar un convenio donde diga que por cada libro que tenga alguna página manchada me vas a pagar el ejemplar.” Y sin pensarlo le dije que sí, pero que lo íbamos a hacer a nombre de Sonia de la Rosa, e inmediatamente me dijo que no, que quería el mío. Entonces le expliqué que la empresa estaba dada de alta con ese nombre y que yo no podía firmar nada. No le quedó más remedio que aceptar y yo no tuve más que pegarme a la máquina de impresión para cerciorarme de que ninguna página saliera manchada. Recuerdo que pasé como tres días con los ojos pelones revisando cada lámina, pero al fin entregamos la edición sin falla y nuestra amistad creció a partir de ese momento.

En una de tantas conversaciones le pregunté qué tan cierto era que el tío Sinar Corzopintaba los caballos como me lo había platicado Manuel Suasnávar cuando publicamos en la portada de un libro de la Rial una obra suya titulada El caballo de tío Sinar.

Entonces César me dijo: “Mira, lo que pasaba es que mi tío Sinar buscaba en los ranchos caballos viejos. A veces llegaba al rancho de mi padre diciéndole: ‘Oye, hermano, ¿qué vas a hacer con ese caballo tan viejo?’ Y mi papá le respondía: ‘Yo creo que lo voy a sacrificar.’ Y así el tío Sinar se lo llevaba de regalo. Cuando se aproximaba la feria del pueblo lo entintaba de azabache y luego lo llevaba para su venta. Nunca faltaba algún inocente que no sabía de caballos y al ver aquel ejemplar negro como la noche lo compraba a buen precio. Al caer el primer chaparrón de agua se despintaba y entonces el cliente se daba cuenta de que lo habían timado, pero cuando investigaba quién era en verdad el coronel Sinar Corzo ahí paraba el problema. Y mi tío Sinar, al año siguiente, volvía en busca de otro incauto.”

En otra ocasión el director del Coneculta me preguntó a quién recomendaba para hacer el mural que está en el Palacio de Gobierno titulado Visión plástica de la geografía mítica de Chiapas y le dije que César Corzo. Fue durante el sexenio de Julio César Ruiz Ferro. Luego vino el problema de Acteal y dejó la gubernatura y entró Roberto Albores Guillén. Resulta pues que César ya estaba pintando y algunas personas le dijeron al nuevo gobernador que ese mural no tenía nada que ver con Chiapas y amenazaron con echarlepintura blanca. Desfigurado por tal situación, César se presentó en la oficina. Le dije que se calmara, que escribiría un artículo acerca de la obra, y esa tarde me senté a redactarlo pues conocía el tema. Por la noche llevé el texto al periódico La República en Chiapas, dondehabía trabajado. El artículo salió a la mañana siguiente y aquí transcribo un fragmento: []Esta visión en la que más tarde entraremos en detalle desgraciadamente no ha sido muy acogida por las instancias de gobierno. Se le calificó en los tiempos de Fábregas Puig de absurda por carecer de fondos antropológicos que demostraran su existencia. Otros más ignorantes dicen que este mural nada tiene que ver con Chiapas. De lo que estamos seguros es que esta visión de César Corzo es sumamente original en su propuesta. Se necesitaba del talento de un creador para tal labor por demás ardua y con muchísimasaristas. Por otra parte, conociendo la obra de este muralista chiapaneco a quienMargarita Nelken llegó a considerar junto con José Luis Cuevas como el futuro de Mexico y doña Raquel Tibol, máxima autoridad en arte, cuando se ha referido a nuestro artista siempre ha sido con altos grados, puedo asegurar que este mural tiene un gran valor estético.

Ahora, si consideramos que hace años no se había dado ningún muro de un recinto tan importante de acuerdo al origen con Vasconcelos: “dar los muros para que los artistas plasmen su visión del mundo.” Y no dar los muros para un discurso demagógico, por demás acartonado: un Lázaro Cárdenas para Petróleos Mexicanos, un Zapata para la Reforma Agraria, un Joaquín Miguel Gutiérrez para los conejos. En fin, si tomamos en cuenta todo esto comprenderemos la importancia de esta obra en el Palacio de Gobierno. Porque la pintura no puede estar al servicio de la política, y mucho menos de los mercaderes.

Dos días después llegó César muy sonriente a la oficina y me abrazó y agradeció y dijo que había bajado el gobernador con unos invitados y que les había hecho un recorrido para explicarles el significado del mural. Entonces le dije muy serio, mirándolo a los ojos:“Bueno, César, de a gorra nada ¡Me debés una cena, cabrón!” Y se echó a reír…

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