
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Anna Karen,
Alberto fue uno de los pocos afortunados niños ADOPTADOS de conseguir un hogar con padres amorosos quienes le brindaron protección, motivación y preparación profesional hasta convertirse en un extraordinario abogado con doctorado en derecho civil con especialidad en adopciones como una forma de compensar a otros, lo que su familia le brindó.
Alberto nos habla de las dificultades burocráticas existentes en México para otorgar un hogar a los 36 mil niños y adolescentes que esperan ser adoptados por una familia elegible. Los afortunados en encontrar un hogar apenas representan el 4% del total quienes esperan en los albergues del DIF, en hogares temporales, en casas de asistencia o en organizaciones altruistas como casa alianza, entre otras.
Amanda le pregunta a Alberto sobre la relación con sus padres.
—Amo a mis padres biológicos que fueron declarados incompetentes para educarme por sus adicciones y su mala conducta. No soy quien para juzgarlos y comprendo sus conductas al nacer en ambientes nocivos sin la guía de sus propios padres. Amo con toda el alma a mis padres adoptivos quienes me dieron sus apellidos, un hogar sólido y estable durante treinta años siendo yo un niño de 8 años al ser entregado a un albergue. Mis padres adoptivos sanaron mi alma y yo, lo agradezco apoyando a otros niños sedientos de encontrar un hogar como el mío. Por encima de todo, agradezco cada día a Dios esta oportunidad.
— Es difícil la adopción en México, le pregunta Amanda.
—Mira, la constitución, las leyes y las reformas realizadas podría decirte que casi son perfectas velando por los derechos humanos del niño al garantizarles una familia. Lamentablemente, en México los procesos de adopción se complican con tanto burocratismo y así, las familias dispuestas a recibir a una o dos criaturas enfrentan una espera que puede ir de un año o muchos más. Hasta hace poco, de todo el país, el Estado de México siempre fue un ejemplo en estosprocesos.
—¿Por qué es tan difícil la adopción en México?
—El proceso no es como comprar una mercancía, pagar y llevártelo. Hablamos de seres humanos y de la responsabilidad jurídica, moral y ética que adquieren los padres una vez que se les capacita para obtener su CERTIFICADO IDONEIDAD, que comprueben que cuentan con la edad suficiente mínima de 25 años, tener una diferencia de 15 años con la criatura adoptada; comprobar con certificados médicos su salud física, mental y emocional, probar capacidad económica; no tener antecedentes penales ni ser deudor de pensión familiar.
— ¿Quién aprueba las adopciones?
—La aprobación la brinda el DIF Nacional a través del Juez competente. En primera instancia es el Comité
Técnico de Adopciones quienes otorgan las adopciones después de contar con el INFORME DE ADOPTABILIDAD, mismo que contiene la situación médica, jurídica, psicológica, social y pedagógica del menor, junto con su consentimiento. Muchos niños y adolescentes han pasado por diversos hogares provisionales, y cada una de esas experiencias los vuelven más duros, resentidos y desconfiados. De ahí, que se nieguen a ser adoptados.
—¿Representa un estigma ser hijo adoptivo?
—Lo es, pero cada vez menos. Antes, éramos objeto de burla, desprecio y discriminación porque se pensaba que un niño adoptado traía heridas, malos hábitos y vicios heredados de sus padres biológicos y nos convertían en amistades indeseables y amalas influencias para sus hijos. Bueno, yo perdí dos novias por ese motivo.
—Mi prima quiso adoptar, pero después de tres años de espera, declinó, comenta Amanda.
—Lo comprendo cientos de familias desean adoptar y pocos lo logran. Los requisitos de idoneidad son muy rigurosos y la burocracia es terrible.
—Platícanos cómo fue tu proceso, tu infancia y desarrollo.
—Al principio fuerte y doloroso. Era un chavo rebelde, grosero y mal portado. Ya estaba fastidiado de vivir con familias temporales y hacía todo para hacerles la vida imposible. En este punto, ni yo ni ellos, éramos culpables. Los desesperaba. Y me regresaban al albergue. Incluso, llegué a mentir diciendo que me golpeaban. Hoy me arrepiento de eso; pero es que la mula no era arisca, la hicieron. Después de un tiempo, llegaron mis padres adoptivos, me trataron como a un hijo con toda normalidad, sin regalos, dándome responsabilidades en la casa acordes a mi edad. Me hicieron sentir su hijo sin obligarme a llamarlos papá y mamá. A los nueve años, cuando enfermé y mi madre me cuido con esmero, fue la primera vez en llamarla mamá. Asistían a las juntas de padres de familia, a las festividades, Mi padre me enseñó a andar en bicicleta, a patear un balón, a correr tras el viento. Y más tarde vigilaron mis trabajos de la universidad. —Cuando se adopta un bebé recién nacido cuál es la mejor edad para decirle que fue adoptado.
—Obvio, yo lo supe a conciencia desde el principio y mis padres nunca ocultaron este hecho. Al contrario, me decían: debes saber que un niño adoptado es doblemente amado por sus padres adoptivos porque a un hijo biológico se le ama y ya; pero a ti te amamos como a un hijo biológico y como a un hijo adoptado que trajo felicidad y alegría al hogar. Ellos me hacían sentir ORGULLO DE SER ADOPTADO. Se normalizó tanto, que nadie pudo ofenderme con eso. La mejor edad para decirle a un hijo que fue adoptado es desde el primer momento, es decir, desde que es un bebé recién nacido. Los expertos recomiendan integrar la historia de adopción con naturalidad, honestidad y amor desde el principio, para que sea parte de su identidad y no una noticia drástica posterior. —Pero, si es un bebé, ¿cómo va a entenderlo?
—Desde la cuna se le empieza a hablar de la adopción y esa palabra se va normalizando en su mente, aunque no la comprenda. Cuando se les habla con normalidad de la adopción, se evita que el niño se sienta diferente, avergonzado o engañado. Conforme crece, se le cuentan historias, cuentos, anécdotas relacionadas con la adopción, manteniendo la relación familiar mediante vínculos de amor. Cuando se enteran siendo adolescentes a través de otras personas, se sienten traicionados y nace en ellos el rencor y la inseguridad.
—Cuál es tu recuerdo más presente desde que fuiste adoptado?
—Son innumerables mis recuerdos; pero lo que nunca olvidé fueron las palabras del Juez cunado me preguntó si estaba de acuerdo de unirme a ese hogar. Cuando acepté, el Juez dijo: “Por la potestad que la ley me confiere, te declaro miembro de esta familia, Te advierto que en cualquier familia habrá problemas, regaños, diferencias de opinión, y muchas cosas que non te agraden, per con amor, confianza y comunicación, todo se resuelve”. Y así fue.
—¿Qué consejo les darías a quienes desean adoptar a una criatura?
—En primer lugar, que lo piensen bien; lo platiquen con sus familiares y amistades. En segundo lugar, que indicen los trámites sabiendo que el proceso es largo y que son muy pocos los casos de adopción en México que se concretan. Apenas el 0.42% de menores en desamparo lograron ser adoptados en México ¡en 9 años!, en tercer lugar, que hablen con sus hijos de la adopción con toda normalidad; en cuarto lugar, aceptar la tutela de la institución que dura de dos a tres años para asegurarse del buen estado del menor.
Alberto recibió una llamada para atender un caso de adopción, se despidió y nosotros reflexionamos que quienes adoptan a una criatura debe ser una cuestión de amor.


