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¡MORENA contra las cuerdas! / Tras bambalinas

¡MORENA contra las cuerdas! / Tras bambalinas
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César Solís

Morena ya no es ese movimiento arrollador que avanzaba sin resistencia. Hoy, el partido en el poder enfrenta un escenario que, aunque intentan maquillar desde el discurso oficial, en los hechos refleja desgaste, fracturas internas y un evidente debilitamiento rumbo al próximo proceso electoral.

La maquinaria que en su momento impulsó el proyecto de Andrés Manuel López Obrador vuelve a encenderse, pero esta vez no para consolidar victorias, sino para evitar derrotas. Y eso, en política, marca una diferencia sustancial.

El mapa electoral que se avecina no es menor, entidades clave renovarán gubernaturas, congresos locales, diputaciones federales y alcaldías. Sin embargo, lejos de mostrar músculo, Morena exhibe fisuras. En varios estados, el escenario es de competencia real, y en otros, francamente adverso.

Las proyecciones internas, esas que no salen a la luz pública pero circulan entre operadores, son claras: triunfos apretados en algunos territorios y derrotas prácticamente cantadas en otros. Morena, por sí solo, ya no garantiza victorias. Depende, cada vez más, de alianzas con el Partido Verde Ecologista de México y el Partido del Trabajo, lo que evidencia una pérdida de fuerza estructural.

En el centro de esta tormenta está la dirigencia nacional encabezada por Luisa María Alcalde, cuyo desempeño ha sido cuestionado incluso dentro de su propio partido. La falta de operación política, de conciliación interna y de liderazgo efectivo ha dejado a Morena en una posición vulnerable.

Pero el problema de fondo no es solo de nombres, sino de prácticas. Morena está cayendo en los mismos vicios que durante años criticó: imposiciones, grupos de poder, candidaturas negociadas y una lucha interna feroz por el control político y económico.

La historia es conocida. Así comenzó la caída del PRI, del PAN y del PRD: desde dentro. Y Morena, lejos de aprender, parece decidido a repetir el ciclo.

En Chiapas, el escenario es aún más delicado. La inconformidad crece al interior del partido y las críticas hacia la dirigencia estatal son cada vez más abiertas. El nombre de Carlos Molina se encuentra en el centro de la polémica.

La elección pasada dejó más dudas que certezas. Los señalamientos sobre manejo discrecional de recursos, acuerdos en lo oscurito y beneficios personales siguen presentes en la conversación política. No son rumores aislados; son versiones que se repiten en distintos círculos y que han erosionado la credibilidad del partido en la entidad.

Y mientras Morena se desgasta en conflictos internos, los actores políticos se mueven. Aspirantes con capital político propio ya han encontrado refugio en otras fuerzas, pero al mismo tiempo son buscados y presionados para regresar bajo las siglas guindas. La prioridad no es construir, sino sumar números, aunque eso implique contradicciones.

El riesgo es alto, porque las imposiciones desde el centro, esa vieja práctica que Morena prometió erradicar, están generando molestia en las bases. Y en política, una base inconforme no moviliza, no defiende y, en muchos casos, castiga.

Además, los llamados partidos aliados ya no juegan un papel subordinado. El Partido Verde, por ejemplo, ha comenzado a operar con mayor independencia, buscando recuperar espacios y posicionar a sus propios cuadros. Aunque en varios municipios arrastra figuras desgastadas, no se puede ignorar su capacidad de negociación y operación territorial.

Morena enfrenta así un escenario complejo: dividido internamente, dependiente de aliados, con liderazgos cuestionados y con una ciudadanía que comienza a exigir resultados más allá del discurso.

El 2026 no será una elección más. Será una evaluación directa al ejercicio del poder. Y en ese examen, Morena llega con más pendientes que certezas.

Hoy, más que nunca, el partido guinda está en aprietos. No por la fuerza de la oposición, sino por sus propias decisiones.

REFLECTORES

En Tapachula, la crisis en el sector salud vuelve a exhibir una realidad incómoda. El Instituto Mexicano del Seguro Social, particularmente en el Hospital Nueva Frontera, enfrenta señalamientos que ya no pueden ignorarse.

La denuncia es constante: médicos especialistas que cumplen con registrar su entrada, pero que no se encuentran cuando se les requiere para atender a pacientes. La consecuencia es directa: retrasos, negligencia y un deterioro evidente en la calidad del servicio.

No se trata de un caso aislado. Es una práctica que, según trabajadores y usuarios, se ha vuelto recurrente. Y lo más grave es la percepción de impunidad.

¿Quién permite estas ausencias? ¿Quién protege a estos médicos? ¿Dónde está la supervisión?

El nombre del director, Diego Choel, comienza a ser señalado no por acciones, sino por omisiones. Y en un sistema de salud donde cada minuto cuenta, la falta de control también cuesta vidas.

La salud no puede ser rehén de intereses personales ni de redes de protección interna. Lo que está en juego no es un trámite administrativo, es la vida de las personas.

Y eso, simplemente, no admite justificaciones.

Contacto: checha.informa@gmail.com

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