
Sr. López
La prima Cuquita nos llevaba unos veinte años, le decíamos tía. Bueno, tía Cuquita, aparte de ser más buena que Lassie, era perfectamente esférica, un cetáceo; su peso era información clasificada. Nunca casada (obviamente), sus hermanos cuidaban de ella, probaron de todo, médicos, dietas, medicinas y una cirugía de caballo (casi se muere yno sirvió de nada)… y Cuquita seguía engordando; no se tenía en pie, no caminaba, no se valía para nada (de nada). Una vez la iban a llevar en avión especial (obviamente), a Rochester con un doctor que “hacía milagros” y Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, les dijo que él tenía la solución, infalible y gratuita: -Ya no le den de tragar -pues sí, no hay gordo inapetente.
Nada más por si ya se le olvidó, se le recuerda que aquél queen mala hora salió de Macuspana, en su sexto y último informe (¡bendito Dios!), nos hizo saber que había “desterrado la corrupción”, que se “cortó de tajo”, que limpió de “arriba abajo” la administración pública. Lo tenía que decir no solo porque le encanta mentir sino porque lo predicó a lo largo de su sexenio y desde antes: la corrupción era el origen de todos nuestros males. Cínico.
Si no es el origen de todos nuestros males, sí es lo que impedirá al gobierno, resolver problemas que ya no esperan. La economía no repuntará por falta de inversiones que no llegan por corrupción, inseguridad jurídica y pública. La seguridad pública, domeñar, someter al crimen organizado, salir de la vergonzosa calificación de país más peligroso del mundo (de los que no están en guerra), no se resolverá por corrupción y por… por corrupción. La gobernanza, el buen gobierno, del que dependen salud, educación, infraestructura y tantas cosas más, quedará en quimera por la corrupción.
Entendamos de una buena vez que la corrupción no es solo robar del erario o recibir sobornos; también es corrupción -la peor-, no procurar justicia ni administrarla en juicios justos; corrupción es el abuso de poder, beneficiarse personalmente de los cargos públicos, traficar influencias, el nepotismo, el amiguismo, el clientelismo, los programas sociales diseñados como ingeniería electoral y otras más (no se trata de darle ideas a nadie).
Capítulo aparte es la corrupción de legislar contra el interés público, contra el bien común, contra derecho (caso de estudio, para otra Feria, el reducir las pensiones aplicando retroactivamente una norma, atropello si los hay); y aparte, también es corrupción deformar leyes y normas electorales para conservar el poder fingiendo legalidad.
Por eso la corrupción, cuando deja de ser callejera, de policía de crucero que recibe propina, de cartero que se roba revistas, cuando se vuelve parte de la estructura del gobierno, impide obtener buenos resultados en todo el amplio espectro de las responsabilidades de gobierno, con su seguidilla de consecuencias: pérdida de prestigio, pérdida deconfianza, erosión democrática, cinismo político y al fin, fractura social: ¡cada quién para su santo!, el que no roba esun tonto (rima con dejo), el que no transa no avanza. Generalizada ruina ética y moral (no son lo mismo, otro día).
Para acabar pronto: la corrupción es atropello, afrenta a la virtud de la justicia, la principal que debe tener el gobernante (Platón); de la que resulta el bien común (Aristóteles); cuyo objeto es el derecho, justicia con la que el gobernante garantiza legalidad y equidad (santo Tomás de Aquino). Que no está uno inventando nada.
Es imposible el buen gobierno sin justicia (la principal), acompañada de prudencia, fortaleza y templanza (otra vez Platón, siglo IV a.C., hace por ahí de 2,400 años). Tampoco es novedad.
México desde la llegada de los cuatroteros ha empeorado en corrupción y el año pasado, recibió la peor calificación desde que hay registro en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, de Transparencia Internacional, por la infiltración del crimen organizado en la política, la impunidad y el debilitamiento de los contrapesos democráticos. Es el peor evaluado de la OCDE, con 27 puntos sobre cien de calificación, muy abajo del promedio de América Latina, 42 puntos.
Con corrupción estructural no hay inversión, no se reactivarála economía y fracasará el gobierno.
Supongamos que doña Sheinbaum no es ladrona, total, uno qué va a saber. Pero igual está muy acomodadita en la telaraña de corrupción que recibió. Y quedemos claros, no pone remedio porque no quiere y no quiere por dos razones: por su equivocada lealtad al Pejestorio (y no a México), y porque lo sabe capaz de exhibirla, de que ordene se “filtren” a la prensa las gordas triquiñuelas a que se prestó para llegar a La Silla. Es muy capaz, es vengativo de toda la vida.
Habrá quien de buena fe piense que si doña Sheinbaum le entra frontalmente a deshacer la madeja de complicidades de la corrupción estructural que heredó -que tiene en su gobierno y consiente-, se desestabilizaría el país. Que mejor así se siga. No. No se hubiera metido a Presidenta.
No recibió el gobierno con más ataduras de como lo recibió Lázaro Cárdenas, de Calles… y despidió a todo su gabinete, de golpe, a todos (14 de junio de 1935), y ya se puso a gobernar.
Sin estridencia ni manoteos, ella bien podría mandar al Pejehová de embajador a Etiopía (el más pobre de África), y ya veríamos a todos los cuatroteros marcando el paso (idea: al Andy que lo mande de agregado cultural a Moscú, por su buen clima, es idea).
Y también podría hacer una purga general en las áreas de seguridad, empezando por el ejército y la Marina Armada. ¿No se puede?… sí, sí se puede.
Al mismo tiempo, bien podría sentarse con el embajador de los EU para que le diga al Trump, de parte de ella, que por favor ordene a su Departamento de Estado, que incluya en su programa ‘Recompensas por la Justicia’ (‘Rewards for Justice’), a todos los políticos (todos), que andan en malos pasos con el narco… y ¡a volar!, todos a disfrutar la cortesía de vuelo sin costo a los EU.
Señito, a grandes males…


