
Juan Carlos Cal y Mayor
Las palabras importan. Más aún cuando provienen del presidente de los Estados Unidos y se pronuncian en una cumbre internacional rodeado de aliados regionales. En el reciente encuentro del llamado Escudo de las Américas, Donald Trump volvió a poner a México en el centro de su discurso sobre seguridad hemisférica. No fue una referencia diplomática ni una mención marginal: fue un señalamiento directo.
EL MENSAJE DE WASHINGTON
Trump afirmó que ha conversado con la presidenta mexicana y que su deseo sería intervenir para “destruir completamente” a los cárteles del narcotráfico. Según su propia versión, ella le habría pedido que no lo hiciera, que nosotros podemos hacerlo, bajo un esquema de cooperación. Para Trump, sin embargo, eso resulta difícil de aceptar: México está demasiado cerca de Estados Unidos y, dijo, demasiado cerca de su propio gobierno como para ignorar el problema.
Más allá del tono provocador que caracteriza al mandatario estadounidense, el mensaje revela algo más profundo: la consolidación de una nueva doctrina de seguridad hemisférica que Washington comienza a impulsar abiertamente.
UNA NUEVA DOCTRINA HEMISFÉRICA
El llamado Escudo de las Américas —una coalición militar anunciada en Miami con gobiernos afines de la región— busca coordinar acciones contra los cárteles del narcotráfico mediante intercambio de inteligencia, operaciones conjuntas e incluso apoyo militar directo.
Trump fue todavía más lejos. En esa misma reunión ofreció a algunos países la posibilidad de utilizar armamento estadounidense, incluso misiles de precisión, para atacar a los líderes del crimen organizado.
DEL DISCURSO A LA ESTRATEGIA
No se trata, por tanto, de una simple declaración retórica. Se trata de una visión estratégica. Si uno observa el contexto internacional reciente, el patrón comienza a hacerse evidente. Primero fue la operación contra el régimen venezolano.
Después la escalada militar contra Irán. Y ahora el propio Trump insinúa que Cuba podría ser el siguiente capítulo de ese rediseño geopolítico en el hemisferio occidental.
MÉXICO EN EL CENTRO DEL TABLERO
Es en ese marco donde las referencias a México adquieren un significado distinto. Porque México no es cualquier país. Es la frontera inmediata de Estados Unidos, su principal socio comercial y, al mismo tiempo, el territorio donde operan algunas de las organizaciones criminales más poderosas del planeta. Para Washington, el narcotráfico ya no es solo un problema policial: es un asunto de seguridad nacional.
Y cuando los problemas se convierten en asuntos de seguridad nacional para Estados Unidos, la historia demuestra que su margen de tolerancia se reduce drásticamente.
LOS PRECEDENTES HISTÓRICOS
La doctrina Monroe, el intervencionismo del siglo XX y las operaciones encubiertas durante la Guerra Fría no son recuerdos lejanos. Son precedentes.
Por eso conviene tomar distancia de las reacciones viscerales y mirar el tablero completo. Trump no está hablando solo para México. Está enviando un mensaje a toda América Latina: quien no pueda controlar su territorio frente al crimen organizado podría terminar enfrentando presiones externas para hacerlo.
LA TENSIÓN INEVITABLE
La cuestión es incómoda pero inevitable: ¿qué ocurre cuando la mayor potencia militar del mundo concluye que un fenómeno criminal en un país vecino amenaza directamente su seguridad interna?
La respuesta histórica rara vez ha sido la indiferencia.
México ha defendido durante décadas el principio de no intervención. Y ese principio ha sido un pilar de su política exterior.
Pero también es cierto que la expansión del narcotráfico ha alcanzado niveles que trascienden nuestras fronteras. Ahí reside la tensión. Entre la soberanía nacional y la presión de una potencia que considera que el problema también es suyo. Por eso, más allá de simpatías o antipatías ideológicas hacia Trump, conviene escuchar con atención lo que se está diciendo en Washington.
Porque cuando en la política internacional comienzan a mencionarse misiles, coaliciones militares y doctrinas hemisféricas, la prudencia aconseja lo que dice el viejo refrán mexicano:
poner las barbas a remojar. México no fue invitado a la cena, México es parte del menú.


