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¿Romper o ceder? El cálculo detrás del voto del PVEM y el PT / Sumidero

¿Romper o ceder? El cálculo detrás del voto del PVEM y el PT / Sumidero
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Edgar Hernández Ramírez

La reforma electoral avanza en comisiones este martes con un escenario despejado para Morena: mayoría simple suficiente para aprobar el dictamen y turnarlo al pleno de la Cámara de Diputados. El problema, como ya lo reconoció Ricardo Monreal, está del otro lado de la puerta. Ahí, donde se necesitan 334 votos y el partido guinda no llega ni a 250 sin sus aliados.

El coordinador morenista fue claro este lunes: no tiene esperanzas de convencer al PVEM y al PT. “Ya tomaron su decisión y la han hecho pública”, dijo. Traducido al lenguaje de los hechos, Monreal admite que el tablero está bloqueado. Y sin embargo, la reforma sigue su curso. ¿Por qué?

Porque en política, a veces se avanza no para ganar, sino para obligar a los otros a mostrarse.

Lo que sigue es un ejercicio de lógica aplicada a la negociación que definirá el destino de la iniciativa presidencial. Del otro lado de la mesa están los partidos pequeños, que quieren conservar la designación cupular de plurinominales y el financiamiento público. Enfrente, una presidenta que ha hecho de esta reforma una bandera personal y que, ante la eventual derrota, ya perfila un Plan B: incorporar los cambios en leyes secundarias.

Analicemos los movimientos posibles.

Morena tiene dos caminos: ceder a las demandas del PVEM y el PT, modificando el dictamen para incluir sus condiciones, o mantener la propuesta original sin cambios y confiar en que, cuando llegue el momento, los aliados se suban al barco por presión o por lealtad. El PVEM y el PT, por su lado, pueden aprobar la reforma tal como llegue o rechazarla y hundir el proyecto en el pleno.

Si Morena cede, los pequeños obtienen lo que quieren. En ese escenario, lo lógico es que voten a favor. Pero si Morena cede y ellos rechazan, cometerían un suicidio político: habrían conseguido todo y lo habrían tirado por la borda. Eso, por supuesto, no va a pasar.

El problema es cuando Morena decide no ceder. En ese caso, los pequeños se enfrentan a un dilema real. Si aprueban, perderán sus privilegios. Si rechazan, impedirán la reforma y, al menos por ahora, conservarán lo que tienen. Para ellos, entre perder todo y perder la reforma, es mejor perder la reforma.

Ahí está la clave. Si Morena calcula que los pequeños van a rechazar en caso de no ser tomados en cuenta, quizá concluya que ceder es el mal menor. Mejor una reforma imperfecta que ninguna reforma. Pero si Morena calcula que los pequeños, a fin de cuentas, no se atreverán a decir que no, puede intentar imponer su visión y esperar que, cuando llegue la votación, el PVEM y el PT se suban al barco por miedo a quedar mal con la presidenta.

Sin embargo, la ecuación se complica por dos factores nuevos.

El primero es la postura de Claudia Sheinbaum. La presidenta ha defendido su iniciativa con una firmeza que no admite medias tintas. Ha dejado claro que no ve con buenos ojos una reforma desnaturalizada por concesiones a los partidos pequeños. Su respaldo a Monreal es público, pero su preferencia por una reforma limpia también. Eso pone al coordinador morenista en una posición incómoda: si cede demasiado, puede quedar mal con Palacio; si no cede y la reforma fracasa, el costo político será para todos.

El segundo factor es el Plan B. Sheinbaum ya ha insinuado que, si la reforma constitucional naufraga, impulsará los cambios vía leyes secundarias. Eso cambia las reglas del juego. Para el PVEM y el PT, bloquear la reforma ya no significa necesariamente que todo siga igual. Significa que la presidenta buscará otros caminos, quizá más difíciles de controlar para ellos. El Plan B es, en sí mismo, una herramienta de presión: “Si no me ayudan hoy, mañana lo haré sin ustedes y con menos contemplaciones”.

En este nuevo tablero, el cálculo de los pequeños se vuelve más complejo. Si rechazan y la presidenta saca adelante los cambios por otra vía, habrán perdido su cuota de poder y, además, quedarán como los que se opusieron sin razón. Si aprueban, al menos pueden negociar algo a cambio.

Por eso, aunque Monreal diga que no tiene esperanzas, lo más probable es que la negociación esté lejos de terminar. Lo que ocurra el miércoles en el pleno dependerá de lo que ocurra este martes, después de las seis de la tarde. Ahí, donde los votos se cuentan en voz baja, el PVEM y el PT harán sus números. Saben que decir que no es una opción, pero también saben que decir que sí, si se negocia bien, puede ser un negocio redondo.

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