
Luis Molina
A propósito del 8M
Visibilizando el trabajo de las mujeres y los desafíos para su autonomía económica
De acuerdo al Informe la mujer, la empresa y el derecho 2024, del Banco Mundial; la brecha de género global en las oportunidades económicas de las mujeres es mucho mayor de lo que se estimaba. A pesar del avance sustancial de los países de todo el mundo en la promulgación de leyes, políticas públicas y agendas destinadas a ofrecer igualdad de oportunidades a las mujeres, la mitad de la humanidad (3 mil 900 millones de mujeres en todo el mundo) enfrenta obstáculos legales que afectan su participación económica.
Este informe constata que las mujeres tienen aproximadamente dos tercios de los derechos de los hombres y que en ningún lugar del mundo las mujeres tienen los mismos derechos legales que los hombres en todos los indicadores medidos.
Por su parte la Comisión Económica para América y el Caribe (CEPAL) en el documento “Panorama Social de América Latina y el Caribe”, 2025, puntualiza que una de las expresiones de la desigualdad estructural en la región es la persistencia de brechas de género en el acceso al trabajo remunerado y los recursos, lo que limita la autonomía de las mujeres.
El informe confirma que la región sigue siendo la más desigual del mundo en términos de distribución del ingreso. Solo la mitad de las mujeres en edad de trabajar participa en el mercado laboral en la región, mientras que, en el caso de los hombres, la participación es del 74,9% por ciento.
De igual manera se señala que mientras que, en la región, la incidencia de la pobreza ha disminuido en promedio en las últimas décadas, se sigue registrando una sobrerrepresentación de las mujeres en los hogares sin recursos suficientes para cubrir sus necesidades mínimas, lo que se refleja en el incremento del índice de feminidad de la pobreza a lo largo del tiempo.
La mayor parte del trabajo de cuidados, que sostiene la vida y la economía, es realizado por mujeres de forma remunerada y no remunerada, lo que limita el tiempo del que estas disponen y su acceso a oportunidades de participación en el mercado laboral, capacitación y autocuidado.
De acuerdo a datos del informe “Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe”, el 23,6% de las mujeres y el 10,2% de los hombres no contaba con ingresos propios en 2023; para el 2024, solo el 51,8% de las mujeres participaba en el mercado laboral, frente al 74,9% de los hombres. El 11,9% de los hogares son monomarentales, frente al 2,0% de hogares monoparentales (2024).
Las mujeres indígenas y afrodescendientes perciben ingresos laborales un 44% y un 10% menos, respectivamente, que las mujeres de otros grupos (2023). Al menos 3 mil 828 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 2024.
Solo un 39,5% de los cargos en el máximo tribunal de justicia o corte suprema son ocupados por mujeres (2025).; ocupan de igual forma el 35,8% de los escaños en los parlamentos nacionales (2024) y el 28,9% en los órganos deliberativos de los gobiernos locales (2024) y ocupan el 39% de los cargos directivos en el mercado laboral (2023).
Las mujeres realizan más de 2/3 del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (2025); y dedican entre el 12,0% y el 24,2% de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado; los hombres, entre el 3,0% y el 12,5% (2025). Entre las personas ocupadas en 2023, un 27% de mujeres y un 6% de hombres, se emplean en la economía del cuidado.
El valor monetario del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale a entre el 19,1% y el 26,8% del producto interno bruto (PIB), según el país (2010-2025). La proporción de mujeres en situación de pobreza es un 23% más alta que la de hombres (2024). Por cada 100 unidades monetarias que los hombres reciben como ingresos laborales, las mujeres reciben 76,7 (2023).
El informe precisa que la inclusión laboral es la “llave maestra” para reducir la desigualdad. Sin embargo, los mercados laborales latinoamericanos continúan profundamente fraccionados.
En el contexto mexicano, de acuerdo al INEGI, Estadísticas a propósito del día internacional de las mujeres, 2023, residían cerca de 67 millones de mujeres, que representaron 51.7 % de la población total. Sobre la edad promedio de la población en México era de 32.8 años en las mujeres y 31.3 años en los hombres. La mitad de la población se encontraba en edades laborales (entre 25 a 64 años), 26.1 % de mujeres y 23.9 % de hombres.
Según el Censo Económico, en 2023 las mujeres representaron 43.6 % del total del personal ocupado. Datos de esto censo indican que, en los últimos 5 años, las mujeres aumentaron su participación en las actividades económicas; mientras que en 2018 representaban 41.3 % del total del personal ocupado, en 2023 su participación representó 43.6 por ciento.
Por su parte el INEGI, en el documento “Mujeres y hombres en México, 2024” precisa que si bien la incorporación de las mujeres al mercado laboral experimentó aumentos significativos; persiste una notable brecha entre la participación económica de mujeres de 15 años y más (45.9 %) y hombres (76.3 %). Este documento también señala que las desigualdades en la participación en el mercado laboral se reflejan en la estructura de la pirámide poblacional. Estas diferencias son evidentes en todas las etapas de la vida y no se limitan solo a las edades reproductivas o aquellas con mayor demanda para la crianza de hijas e hijos.
Desde los 15 a los 19 años, los hombres muestran una mayor tasa de participación (38.1 % frente al 20.1 % de las mujeres), la mayor brecha (18 puntos porcentuales), la cual se amplía en el grupo de 20 a 29 años, donde la fecundidad es más alta. La brecha en la tasa de participación alcanza su valor máximo entre los 30 y 39 años (34.4 puntos porcentuales), edades en las que se podría decir que los hombres tienen plena participación y las mujeres llegan al 60 por ciento.
A diferencia de los hombres, entre los 20 y 39 años, las tasas de participación laboral de las mujeres se incrementan a medida que aumenta la edad y las responsabilidades familiares demandan un mayor gasto en el hogar. Entre los 40 y 49 años se alcanza el máximo nivel de participación, el cual se mantiene con un ligero descenso entre los 50 y 59 años, excepto para las mujeres con niveles educativos más altos.
Una causa importante de la brecha de género en la participación laboral es la distribución desigual del trabajo no remunerado en el hogar y el cuidado familiar. A pesar de que las mujeres han aumentado sus horas de trabajo remunerado, siguen dedicando más tiempo al trabajo no remunerado que los hombres. Esta división del trabajo se acentúa en las mujeres que cuidan a tres o más hijas(os).
Las Encuestas Económicas Nacionales (EEN) indican que en el periodo de 2022 a 2023, las mujeres participaron en forma determinante en el sector Comercio, en el cual representaron cerca de 50.0 % del personal ocupado, y también en los Servicios privados no financieros, con una participación promedio de 47.6 % en el bienio. En las Industrias manufactureras constituyeron más de la tercera parte del personal ocupado, en tanto que su participación fue menor en los sectores construcción y transportes, correos y almacenamiento, con promedios de 15.8 y 21.9 %, respectivamente.
Cerca de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad, sin acceso efectivo a derechos laborales ni a la protección social. En el caso de las mujeres, aun cuando representan 53% de la población en edad productiva, su participación en la economía es menor que la de los hombres. Mientras 76% de los hombres tienen o buscan un empleo, 46% de las mujeres lo hace.
En el caso de las personas ocupadas en informalidad, predominan tres categorías de ocupaciones. En primer lugar, el comercio y los trabajos en servicios personales muestran una mayor concentración de mujeres que de hombres. Por ejemplo, en el grupo de comercio, el 34.7 % de las personas ocupadas en informalidad son mujeres, mientras que, en el caso de los trabajos en servicios personales, esta cifra asciende al 33.8 %. En comparación, la presencia de hombres en estas ocupaciones es menor, con un 20.5 % en el comercio y un 11.7 % en los servicios personales.
La baja participación de las mujeres en el mercado laboral tiene un impacto significativo en sus ingresos y autonomía económica. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), 2022, el porcentaje de mujeres sin ingresos propios es de 28.5 %, mientras que para los hombres es de 10.7 %. Aunque esta cifra ha mostrado una tendencia a la baja, aún existe una brecha entre hombres y mujeres en este aspecto. La falta de ingresos propios no solo afecta la autonomía económica de las mujeres, sino que también las hace más vulnerables.
De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad A.C (IMCO-Monitor de mujeres en la economía) más de la mitad de las mujeres tiene un empleo informal (persisten altos niveles de informalidad, especialmente entre las mujeres que es de 55% en comparación con la de hombres que es de 49%). Por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer percibe en promedio 86 pesos (prevalece la brecha salarial en 14%) y 73% del trabajo no remunerado del país lo realizan mujeres, lo que limita su participación económica.
A pesar del bajo nivel de inclusión económica de las mujeres, el (IMCO) estimó que su contribución a la economía en el ejercicio pasado (2024) ascendió a 2.3 billones de pesos, lo equivalente a 9% del PIB. Cifra suficiente para cubrir dos veces el presupuesto destinado a educación en 2025.
De acuerdo a este reporte; la calidad del empleo, la disponibilidad de servicios de cuidados, los niveles de violencia, la brecha educativa, la desigualdad de género en el trabajo no remunerado y la inseguridad frenan el potencial de 29 millones de mujeres que actualmente están fuera de la economía remunerada. Según este reporte; en México hay 16.9 millones de mujeres que están fuera del mercado laboral en las 15 entidades con bajo desempeño.
Las mujeres siguen siendo las principales cuidadoras; dedican casi 60% más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Es el principal obstáculo para que las mujeres se sumen a la economía.
Casi la mitad de aquellas mujeres que no buscan ni tienen un empleo es porque no cuentan con quien cuide de sus hijos, adultos mayores o enfermos.
De igual forma, este instituto subraya que ninguna entidad tiene condiciones óptimas para las mujeres a lo largo de su trayectoria profesional. Los estados que facilitan el acceso al empleo no necesariamente garantizan condiciones para permanecer o generan un entorno para impulsar la autonomía económica.
En el ámbito rural y de acuerdo con el Panorama Agroalimentario 2018-2024, elaborado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, las mujeres rurales representan el 15.2 por ciento (980 mil 951) de la fuerza laboral del sector primario. Sin embargo, su trabajo es poco reconocido y enfrentan desafíos que limitan su pleno desarrollo.
En el contexto estatal y según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, INEGI, la PEAO en el tercer trimestre del 2025 ascendió a 2 millones 282 mil 267 personas, de las cuales 1millón 558 mil 339 son hombres y 723 mil 928 son mujeres, que representan respectivamente 68.28% y 31.72% del total de la población ocupada, lo anterior muestra una brecha de 36.56 puntos porcentuales entre hombres y mujeres.
El IMCO refiere que Chiapas, es una de las entidades con menor participación de mujeres en la economía; esto se confirma en la herramienta Estados #Conlupadegénero que mide la capacidad de las entidades para atraer y retener el talento de las mujeres a través de 16 indicadores, en la cual la entidad ocupó a nivel nacional y de manera general la posición 29; y para comprender a mayor detalle, se presentan los resultados por indicador y las posiciones que ocupa Chiapas en cada uno de ellos.
En el tema “Entrada de mujeres al mercado laboral” se posicionó en el lugar 32.
A nivel de Indicador
1)Mujeres preparadas (Porcentaje de mujeres de 18 años y más con al menos educación media superior con 28.9%) alcanzó la posición 32; 2) Embarazo adolescente (Porcentaje de nacimientos registrados de madres menores de 20 años), en último lugar con 18.3%), ocupó el lugar 32.; 3) Desigualdad en trabajo no remunerado (TNR) (Porcentaje adicional de horas semanales que dedica una mujer al TNR en comparación con un hombre con 66.2%) se encuentra en el lugar 31, 4) Inseguridad en transporte público (Porcentaje de mujeres que dejaron de usar transporte público por temor a ser víctima de algún delito con 21.5%), alcanzó la posición 13, 5) Homicidios dolosos de mujeres (con 3 Mujeres víctimas de homicidios dolosos y feminicidios por cada 100 mil mujeres), ocupa el lugar 12 y 6) Mujeres que quieren trabajar y no pueden (Porcentaje de trabajadoras potenciales desocupadas, subocupadas o disponibles, pero no activas en la economía con 29.2%), ocupó la posición 28.
El tema de Permanencia de mujeres en el mercado laboral ocupó a nivel nacional el lugar 11, considerado con un nivel alto.
1)Brecha de ingresos por género (Valor absoluto de la diferencia de ingresos mensuales promedio de hombres y mujeres dividida entre los ingresos mensuales promedio de los hombres con 4.7%), logró la posición 1, 2) Pero en el indicador de Informalidad (Porcentaje de mujeres ocupadas no agropecuarias en la informalidad con 71.0%), está en el lugar 31, 3) Cobertura de cuidados en la primera infancia (Porcentaje de niñas y niños de 0 a 5 años que acuden a una guardería, centro de cuidados o preescolar con 36.8%) se encuentra en el lugar 24, 4) Oferta de cuidados de adultos mayores (con 3.8 Unidades de cuidado de adultos mayores por cada 100 mil habitantes de 65 años), ocupó la posición 31, 5) Permisos de paternidad (Con 30 Días de permiso de paternidad remunerados para los trabajadores del gobierno del Estado) se posiciono en el lugar 8, y 6) Delitos sexuales (Con 4.2 Carpetas de investigación de delitos de acoso y hostigamiento sexual), ocupó el lugar 3.
Sobre Autonomía económica, la entidad ocupó la posición 29, considerado un nivel bajo.
A nivel de indicador
1)Pobreza laboral (Mujeres con ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria con 64.1%) último lugar 32; 2) Dependencia de ingresos (Proporción de mujeres de 15 años y más que no percibe ingresos monetarios directos con 27.8%), alcanzó el lugar 23; 3) Emprendedoras formales (Porcentaje de emprendedoras en la formalidad con 18.1%) posición 16, y 4) Propiedad de la vivienda (Porcentaje de mujeres con propiedad o copropiedad legal de vivienda con 12.4%, se posicionó en el lugar 30.
Como se puede apreciar los datos precisan las diversas brechas existentes; aunque NO refleja la verdadera situación de las mujeres en lo emocional al no contar con ingresos, con un trabajo decente y de sus privaciones.
La desigualdad en el uso del tiempo se profundiza en localidades menores de 10 mil habitantes, donde la brecha entre mujeres y hombres alcanza las 26.4 horas semanales. Entre la población hablante de lengua indígena, destaca que la diferencia se eleva a 27.3 horas, lo que coloca a las mujeres en un escenario de mayor carga laboral no remunerada. (ENUT 2024, INEGI).
Aún mucho por trabajar a nivel nacional y estatal; aunque el contexto es muy diferente, el feminismo urbano y rural en México comparten varias demandas comunes, como el fin de la violencia de género, el acceso a la educación, la igualdad salarial, y la autonomía reproductiva. Sin embargo, las formas de lucha y las prioridades pueden ser diferentes.
En las zonas urbanas, el feminismo tiende a estar más enfocado en la visibilidad, los derechos reproductivos y la lucha contra la violencia institucionalizada. En cambio, en las zonas rurales, las mujeres enfrentan una lucha más compleja que involucra no solo el patriarcado, sino también las condiciones de pobreza, marginación, y falta de acceso a servicios básicos. Es ahí, donde las tradiciones y los roles de género son aún más restrictivos. “El feminismo desde el contexto mexicano, perspectivas rurales y urbanas” (Todos somos uno, 2025).
Solo en materia de economía y empleo; el IMCO ha calculado los beneficios económicos que tendría el país de sumar 18 millones 600 mil mujeres a su economía para lograr la meta de aumentar la tasa de participación económica al nivel promedio de la OCDE (67%) para 2035.
Esta aportación económica de las mujeres a la economía tiene un potencial enorme: el PIB de México podría crecer cerca de 7 billones de pesos durante la próxima década, lo que implica que para 2035 podría ser 3.7% mayor. Además, el valor económico del trabajo de las mujeres aumentaría 35%, al pasar de 3 billones de pesos a 4.1 billones de pesos. Tan solo el incremento de más de 1 billón de pesos en el PIB de 2035 sería suficiente para cubrir tres veces el costo del Sistema Nacional de Cuidados (SNC).
En el ámbito rural, el informe “El estado de la agricultura y la alimentación”, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) estima que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso a insumos agrícolas que los hombres, la producción en los países en desarrollo podría aumentar entre 20 por ciento y 30 por ciento, lo que ayudaría a reducir el hambre de 12 a 17 por ciento alrededor del mundo.
Son varios los desafíos que enfrentan aun las mujeres y el envejecimiento de la población introducen nuevos retos, especialmente en lo que respecta al cuidado de las personas mayores, donde las mujeres suelen asumir una mayor responsabilidad. La participación de las mujeres en el mercado laboral es un tema que requiere un análisis exhaustivo de las diferentes formas de trabajo remunerado y no remunerado, así como de las distintas modalidades en las que se lleva a cabo.
Es crucial distinguir entre las condiciones del trabajo formal e informal, y comprender las particularidades que estas condiciones imponen en las características del trabajo de las mujeres y los hombres. La informalidad laboral es un fenómeno de gran complejidad que demanda un enfoque con perspectiva de género para poder comprender completamente su impacto en la sociedad.
Se debe integrar el enfoque de género en las políticas fiscales, establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas y alinear el presupuesto con los derechos de las mujeres Los sistemas tributarios y presupuestarios tradicionales suelen perpetuar desigualdades al no considerar las diferencias de género en el acceso a ingresos, servicios y oportunidades, pues lo que está en juego trasciende los datos cuantitativos e impacta el acceso de millones de mujeres a una vida libre de violencia, a participar libremente en espacios de decisión, con autonomía económica y con tiempo para vivir dignamente. ONU mujeres,2025.


