
Juan Carlos Cal y Mayor
Durante décadas, el río Sabinal fue una herida abierta en el corazón de Tuxtla Gutiérrez. Lo que alguna vez fue un cauce natural que daba identidad a la ciudad terminó convertido en un canal de aguas negras. Miles de drenajes domiciliarios, conectados indebidamente a los arroyos que desembocan en el río, descargaban directamente sus aguas grises y negras. El resultado era un paisaje desolador: malos olores, fauna desaparecida y una imagen urbana que avergonzaba a cualquiera.
Sin embargo, durante la pasada administración municipal se emprendió un esfuerzo importante para revertir esa situación. La solución no fue sencilla ni barata. Se construyeron colectores sanitarios en ambos costados del río para interceptar los drenajes que desembocaban en los afluentes y conducirlos hacia la planta de tratamiento ubicada en Paso Limón. De esa forma, el agua residual dejó de fluir libremente por el Sabinal y comenzó a tratarse antes de llegar al río Grijalva.
EL SANEAMIENTO QUE DEVOLVIÓ LA VIDA
Los resultados no tardaron en hacerse visibles. Poco a poco regresaron la vegetación, los peces, las aves y la vida que durante años habían desaparecido. El río dejó de ser un foco de infección permanente y empezó a recuperar su dignidad como parte del paisaje urbano.
Pero el saneamiento de un río no es una obra que se inaugura y se olvida. Requiere mantenimiento permanente. El desazolve periódico, la vigilancia de los drenajes clandestinos y el cuidado de los afluentes son tareas que deben realizarse de manera constante para evitar que el problema regrese.
DE MULADAR A ESPACIO PÚBLICO
A la par de las obras hidráulicas, también se transformó el entorno. Donde antes había un muladar oscuro, inseguro e intransitable, hoy existen andadores que permiten recorrer el río. Esos espacios se han convertido en un punto de encuentro para quienes practican ciclismo, atletismo o simplemente buscan caminar junto al río.
Por eso resulta relevante la iniciativa de la diputada Marcela Castillo para declarar al Sabinal zona protegida dentro de la legislación estatal. La propuesta no solo busca preservar el afluente, sino también garantizar que las políticas públicas aseguren su cuidado a largo plazo.
La asociación civil Fomento Económico de Chiapas junto con la Universidad Autónoma de Chiapas, han hecho lo propio y ahora trabajan en el diseño de una política ambiental que permita proteger el río y consolidar su recuperación.
UNA RESPONSABILIDAD DE TODOS
Pero ninguna iniciativa tendrá éxito si la autoridad no asume su responsabilidad. El mantenimiento del sistema de colectores, la vigilancia ambiental y la regulación del entorno urbano dependen en gran medida del gobierno de la ciudad.
El Sabinal aún mantiene su cauce natural y a demostrado que puede renacer cuando hay voluntad y recursos para hacerlo. Lo que antes era un foco de contaminación hoy tiene el potencial de convertirse en uno de los espacios públicos más valiosos de Tuxtla.
Incluso podría evolucionar hacia algo más ambicioso. Con una regulación adecuada, el corredor del río podría albergar establecimientos compatibles con su vocación ambiental y recreativa: cafeterías, espacios culturales, servicios deportivos y áreas de convivencia que integren a la ciudad con su cauce natural.
Muchas ciudades del mundo han aprendido a recuperar sus ríos y convertirlos en motores de vida urbana y atractivo turístico. Tuxtla no tendría por qué ser la excepción.
UN RÍO QUE TAMBIÉN ES IDENTIDAD
Ahora que se habla tanto de nuestra identidad, hay que recordar que nuestro río forma parte de ella. Ojalá que las autoridades municipales, el Congreso local y el propio gobernador hagan suyo este tema. No se trata únicamente de una obra hidráulica. Se trata de preservar un símbolo de la ciudad, parte de su historia y de su identidad.
Cuidar el Sabinal es, en última instancia, una obligación elemental con el medio ambiente y con las generaciones que habrán de vivir en esta ciudad. Porque cuando un río revive, también lo hace la ciudad que lo rodea.


