
Sr. López
Tía Chayito, tía abuela de este menda, católica todo terreno, soltera perpetua, fue mamá de siete. Todo Toluca sabía que el papá era “don Ricardo”, señor elegante, correctísimo y también católico a machamartillo. Este menda le caía en gracia a tía Chayito y ya muy ancianita, le preguntó cómo sin casarse había tenido tanto hijo y la santa señora, alzando hombros y cejas, dijo: -Pues… no sé… Ricardo, primero me decía poesías en la ventana… luego en el zaguán… después en la sala… y así, hijito -pues sí.
La idea parece sensata: no se puede dejar a la gente librada a sus propias fuerzas, alguien tiene que encargarse de dar educación, servicio médico, cuidado de los desvalidos (de la cuna a la tumba), disminuir la pobreza y todo eso que llaman justicia social. El encargado es el Estado, entendido como gobierno. Y para eso, todos pagamos impuestos. Muy bonito. Mentira.
Viene a cuento por la iniciativa de antier, de un tal Sánchez, diputado del Partido del Trabajo -colección de vividores que no son partido y sí alérgicos al trabajo-, para ponerle impuestos, del 1.5% anual, al que tenga entre 100 y 500 millones de pesos de patrimonio; del 2.5% a los felices propietarios de entre 500 y mil millones; y del 3.5% al majadero que tengamás de mil millones. Lo recaudado (robado), sería para reducir la pobreza y varias otras puntadas del tal Sánchez.
No tiene futuro esa iniciativa pero igual se alarmó estemenda, pues aun siendo como es ontológicamente imposible que jamás sea sujeto a estos impuestos -ni en diez vidas-, no deja de ser un mal síntoma de lo que traen en la cabeza no pocos y lo peor, que a tanta gente le parezca perfectamente lógico y válido. No lo es.
Cobrarle impuestos al patrimonio es cobrar dos veces, pues esas fortunas ya pagaron impuestos, excepto los narcos -aunque también pagan IVA-, porque en nuestra risueña patria, primero se pagan impuestos por ganar dinero y luego por gastarlo.
La justicia social es una paparrucha, coartada para justificar la intervención del gobierno en la vida individual y colectiva… y en los bolsillos ajenos. Nunca hubo eso de la justicia social, desde la aparición de las primeras sociedades ya formalitas, en el Neolítico, por ahí del año 9000 a.C., hasta mediados del siglo XIX.
El primero que habló de justicia social, fue el jesuita Luigi Taparelli en 1843, pero no dijo memeces, para él, la justicia social es el principio de subsidiaridad que a brocha gorda, significa que los asuntos se resuelvenen lo individual, lo familiar y en el pueblo -la comunidad-, y que el Estado, el gobierno, solo puede intervenir de manera supletoria, sin reemplazar la iniciativa privada, lo que fomenta la natural responsabilidad individual, respeta la libertad, evita el asistencialismo innecesario y ataja la centralización de poder y atribuciones del gobierno.
Después de Taparelli, ¡parió la abuela!, y el Bismark salió con lo del Estado de Bienestar, como herramienta para conseguir la justicia social, aunque lo implantó para crear la dependencia del individuo al Estado y fortalecer la fuerza del gobierno.
Y por cierto: el Estado, el gobierno, no existe como tal, existen los gobernantes, el grupo que se hace con el poder y dueño de las carretadas de dinero que nos quitan a los que ganamos dinero, poco o mucho.
Antes de esta barbajanada, la familia era la primera responsable de desvalidos (de bebés a ancianos, pasando por enfermos); lo que no podía afrontar una familia, lo atendían las sociedades de socorro mutuo, gremios o cofradías, de obreros y trabajadores que tenían fondos comunes para casos de enfermedad, vejez, accidentes o muerte. Y en las comunidades rurales siempre hubo (y hay), la gestión comunal de los recursos, para no dejar a nadie sin lo básico.
Además, la iglesia católica, desde hace unos 1,700 añitos, sostuvo (y sostiene), orfanatos, asilos, hospitales, por eso de la caridad, la solidaridad ante el sufrimiento y necesidad ajenas, que ya planteaba Aristóteles en el siglo IV a.C. Y lo mismo las iglesias cristianas que lo hacen muy bien. Lo mismo el budismo, el hinduismo y otras religiones orientales… desde hace unos 2,400 años, nadita.
La humanidad no somos un hato de acémilas ysiempre hemos atendido nuestros asuntos -bien, regular o pobremente-, sin necesitar de gobernantes que se especializan en desaparecer los caudales públicos.
Sabe este junta palabras que hay países en los que los impuestos no se los roban los gobernantes y sirven a la sociedad. Hay. Pero declara bajo protesta de decir verdad que en nuestro México lindo y querido, la cosa no funciona.
Acomoda comentar que pagar impuesto de lo que cada quien gana (impuesto sobre la renta, ISR), es novísimo. A veces se recaudaba dinero para algo en particular, por ejemplo, en Inglaterra en el siglo XIX para financiar las guerras napoleónicas (por ahí de 1813).
En Alemania (Prusia), se empezó el impuesto sobre la renta a fines del siglo XIX (1891, pues). Luego en los EU se implantó el ISR en 1894, pero la Suprema Corte lo declaró inconstitucional; volvieron a las andadas en 1913 y a la mala lo impusieron y lo cobran… pero los que meten pleito, ganan, porque es inconstitucional y dejan de pagarlo el resto de la vida (chéquelo, es así, nomás que de tarugo el tío Sam lo va a andar diciendo).
En México, en 1921, Álvaro Obregón sacó la Ley centenario e impuso el ISR, del 1% al 4% de los ingresos (¡padre!), y solo durante cinco meses (de julio a noviembre). Luego en el 18 de marzo de 1925 se decretó la Ley del Impuesto Sobre la Renta… y ya ve dónde andamos. Y pensar que esto empezó con el 1% ó 4%…
Se afirmó arriba que esto de la justicia social de parte del gobierno no funciona en México, si lo duda, recuerde que todavía no tenemos medicinas en los hospitales y que solo en este tiempo de transformación nacional, del 2019 al 2025, el gobierno federal ha cobrado (y gastado), arriba de 45 billones de pesos, 45 millones de millones.
Nunca lo olvide, se inició con un ISR máximo del 4%… comenzó por un dedito.


