
Manuel Ruiseñor Liévano
En estos tiempos de incertidumbre y desazón para la humanidad, mucho nos vendría a bien realizar un acto ético y de honestidad, desde el cual pudiéramos reconocer que vivimos inmersos en una sociedad aletargada e indolente ante los graves problemas que la aquejan.
En otra medida, también sería urgente dejar de movernos en una zona de confort moral y posicionar nuestra mirada participando activamente en la solución de diversas problemáticas. Sin embargo, eso no parece estar aconteciendo en nuestros días. Se trata de un fenómeno sociológico que los expertos han intentado diseccionar sin mayor éxito en la sociedad contemporánea.
Un ejemplo claro de lo mucho que como colectivo social hemos dejado de hacer por nuestros semejantes, y que hoy crudamente se expresa, son los feminicidios.
Una figura que en estrictos términos jurídicos está definida como la privación de la vida de una mujer por razones de género, resultantes de un continuo de violencia y discriminación estructural.
En días recientes, en el marco del Encuentro Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, la relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Reem Alsalem, alzó la voz y advirtió que existen cifras “epidémicas” y alarmantes de feminicidio en el mundo.
Pero vayamos a los datos duros. Tan sólo en México, el año pasado, se registraron más de 700 víctimas de este delito, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), aunque se advirtió que el número podría ser mayor a consecuencia de las inconsistencias en los datos oficiales, según cuestionó el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.
Según el informe Violencia feminicida en cifras en América Latina y el Caribe 2024, México ocupa el noveno lugar en la región de una muestra de 16 países, con 1.3 casos por cada
100 mil mujeres. Un documento que por igual señala que México, al lado de Puerto Rico, Brasil y Paraguay, registró un aumento en feminicidios.
Aunado a ello, se señala que el 13 por ciento de las mujeres de 18 a 29 años en México declaró haber sufrido violencia sexual en la infancia; el matrimonio y las uniones infantiles
tempranas incrementan de manera significativa el riesgo.
A nivel mundial, en 2025, 83 mil mujeres y niñas fueron asesinadas de manera intencional y cerca del 60 por ciento murió a manos de sus parejas o familiares. Esto significa que una mujer o niña muere a manos de su pareja o un familiar cada 10 minutos, un promedio de 127 por día. En contraste, solo el 11 por ciento de los homicidios de hombres fue perpetrado por parejas o familiares durante ese mismo año, explicó la relatora.
EL CASO CHIAPAS
Al cierre del año 2025, Chiapas registró cifras alarmantes de violencia de género, consolidándose, para el infortunio social, como una de las entidades con mayor riesgo para las mujeres en todo el país.
Reportes e informes como el del colectivo feminista 50+1, señalan que nuestra entidad federativa cerró el año 2025 con al menos 31 feminicidios reconocidos oficialmente. No obstante, algunas fuentes preliminares llegaron a contabilizar hasta 34 casos durante el transcurso del año.
Cabe resaltar que la mayoría de los casos se concentraron en Tapachula, San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla Gutiérrez, principalmente.
Lo anterior, aunque en el periodo enero-septiembre 2025 se reportaron 615 casos de violencia familiar, lo cual representó una ligera disminución comparado con el mismo periodo del año anterior.
A todo esto, la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) ha permanecido activa, pero los colectivos siguen insistiendo en la necesidad de reforzar las estrategias de prevención.
A MANERA DE COLOFÓN
Una realidad innegable es que, pese a los avances normativos, la violencia contra las mujeres continúa en niveles alarmantes a nivel mundial, nacional y estatal.
Como triste paradoja de nuestro tiempo, hoy las mujeres sólo alcanzan el 77 % de los derechos legales reconocidos a los hombres. A cambio, la violencia persiste y se intensifica tal y como hemos visto con las cifras reseñadas en este espacio.
Queda claro que, si nos queremos asumir como sociedad responsable y democrática, no podemos seguir recibiendo noticias de tragedias, crisis y desastres, sin ser capaces de procesar el dolor de quienes a diario son víctimas de violencia, como las mujeres del mundo, las de nuestro país y, por supuesto, las de Chiapas mismo.
Si bien es cierto se han puesto en marcha programas como “Mujer Segura”, que consistió en la entrega de relojes inteligentes a las mujeres conectados a los C5 para atención inmediata de riesgos y se relanzó la campaña de denuncia “Mujer ¡alza tu voz!, para articular acciones institucionales de protección, aún falta mucho por hacer.
Para empezar, desterrar prácticas burocráticas y salir de las oficinas y trascender meros actos de propaganda, haciendo trabajo de campo y de concientización.
Insistimos, la sociedad tiene aún mucho que aportar, sensibilizándose y sobre todo participando lejos del letargo o la indolencia. ¿O no?


