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Schopenhouer

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José Antonio Molina Farro

La felicidad es una ilusión que rara vez se alcanza, y su búsqueda constante puede llevar al sufrimiento.

A. S.

Fue una de las voces más brillantes del pensamiento occidental del siglo X1X. De los primeros en manifestarse abiertamente como ateo, así como el máximo representante del pesimismo filosófico. Su filosofía es deudora de Platón y Spinoza. También influyó en Wingesttein, Einstein, Freud, Carl Jung, Tolstoi, Baroja, Unamuno, Borges, Onetti, Wagner, Kafka, Proust, Thomás Mann, Cioran, Beckett, entre otros.

“Nuestra felicidad depende más de lo que tenemos en la cabeza que en los bolsillos”. “Pocas veces pensamos en lo que tenemos, pero siempre en lo que nos falta”. Es nuestra tendencia a focalizarnos en carencias y deseos, una dinámica que explica la falta de felicidad en contextos de abundancia y aparentemente favorables, algo que lleva a la insatisfacción humana.

Fue un filósofo influido por la tradición kantiana y el budismo. Su pensamiento sobre el deseo y el sufrimiento, centrado en la voluntad como fuerza ciega que impulsa la vida, surge de su lectura intelectual como de una postura vital escéptica. Su obra clave “El mundo como voluntad y representación”, contribuyó a pensar en la insatisfacción no como un fallo personal sino como un rasgo estructural de la condición humana.

Solemos pensar en lo que nos falta, antes de lo que tenemos. Ese impulso está ligado a la voluntad, una fuerza que nunca se satisface del todo, y genera un ciclo que va desde el deseo hasta la persistente insatisfacción.

DESEO E INSATISFACCIÓN. La comparación constante es el gran problema. Evaluamos lo que tenemos no en términos absolutos sino en relación con otros o con ideales cambiantes. Cuanto más se amplía el horizonte de lo deseable, mayor es la percepción de falta. Aquí hay una trampa de la voluntad: desear es vivir en tensión constante entre lo alcanzado y lo anhelado. Así, el deseo nunca acaba.

VIGENCIA. La reflexión adquiere una fuerza especial en pleno siglo XX1. El consumo constante y las redes sociales multiplican los referentes de éxito y bienestar, reforzando la idea de que siempre hay algo más que alcanzar. Aunque el nivel de adquisición material haya mejorado, la sensación de insuficiencia persiste e incluso se ha multiplicado. Este es uno de los malestares más extendidos de la vida moderna.

También nos afecta en lo personal, por ello hay que cambiar el foco: practicar la gratitud, limitar la comparación constante y revisar qué deseos son realmente propios ayuda a romper el círculo de la insatisfacción permanente. No se trata de renunciar a objetivos y aspiraciones sino de equilibrarlos con una valoración más justa de lo que ya forma parte de la propia vida.

Esta tendencia a pensar siempre en lo que nos falta se relaciona con la ansiedad, el estrés crónico y la insatisfacción vital. Reforzar la atención en el presente, así como en los logros cotidianos, puede tener efectos directos sobre la salud mental. El filósofo no promete una felicidad fácil, pero sí ofrece una clave valiosa: gran parte del malestar nace de dónde ponemos la atención. Pensar más en lo que tenemos no elimina el deseo, pero lo vuelve más manejable, algo fundamental en una sociedad basada tanto en el consumo y deseo como la actual.

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