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Napapoketzé: el carnaval zoque que mantiene viva la memoria ancestral de Tuxtla Gutiérrez

Napapoketzé: el carnaval zoque que mantiene viva la memoria ancestral de Tuxtla Gutiérrez
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  • Danza ceremonial transmitida por generaciones, recorre barrios y hogares como símbolo de identidad y resistencia cultural zoque en la capital chiapaneca.

Alvaro Indili

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. – En los días previos al Miércoles de Ceniza, los barrios tradicionales de la capital chiapaneca vuelven a llenarse del sonido del tambor y el carrizo con el Napapoketzé, el carnaval zoque que recorre casas, ermitas e iglesias como una de las expresiones culturales más antiguas y vigentes de la ciudad. Esta danza ceremonial, transmitida de generación en generación, es considerada por las familias tradicionales como la única que nunca ha dejado de bailarse, convirtiéndose en un eje vivo de identidad comunitaria.

Durante el primer baile del carnaval del grupo Viva el Metí, Víctor Manuel Velázquez López explicó que esta celebración se sostiene gracias a la tradición oral y al compromiso de maestras y maestros carriceros, quienes previamente son visitados para asumir el acuerdo ritual de “levantar el baile”. Este compromiso se formaliza semanas antes frente al altar, reafirmando el carácter espiritual de la festividad y su profundo vínculo con la vida religiosa y social del pueblo zoque.

La danza, conocida en lengua zoque como napapok etse, “baile de la pluma de guacamaya”, integra personajes simbólicos como las alacandús o reinitas del carnaval, también llamadas chabelitas, quienes portan cofias con espejos y representan a la luna frente al danzante principal, figura solar adornada con penacho de plumas y cascabeles. A ellas se suman las suyu etse, las viejas del carnaval, mujeres caracterizadas como ancianas zoques que portan huipil, rebozo, trenzas y garabato, evocando la vestimenta de las abuelas y el papel central de las mujeres en la vida ceremonial.

Más allá del baile, el carnaval implica un recorrido casa por casa, donde antiguamente las familias esperaban con altares floridos, candelas, pozol y agua fresca. Hoy, ante los cambios sociales y laborales, los grupos realizan visitas previas para avisar su llegada, buscando preservar la convivencia comunitaria y evitar que se pierda el gesto hospitalario que caracterizó históricamente estas jornadas festivas.

Velázquez López subrayó que mantener viva esta tradición no solo significa ejecutar una danza, sino recordar a los ancestros y fortalecer el sentido de pertenencia de las y los llamados “oques tuxtlecos”. El Napapoketzé funciona, así como un puente entre pasado y presente, donde música, indumentaria y ritual dialogan con la memoria colectiva.

En un contexto de transformación urbana acelerada, el carnaval zoque continúa siendo un acto de resistencia cultural: una fiesta comunitaria que reafirma raíces, reactiva vínculos vecinales y demuestra que Tuxtla Gutiérrez no solo se comprende con la mirada, sino con la relación viva que su gente mantiene con sus tradiciones.

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