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Chiapas Puede… ¿pero cumple?

Chiapas Puede… ¿pero cumple?
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Juan Carlos Toledo

El programa Chiapas Puede se presentó como una de las grandes apuestas para combatir el analfabetismo en el estado. La idea es buena: enseñar a leer y escribir a adultos que por distintas razones no tuvieron oportunidad, y además otorgarles una beca como incentivo. Hasta ahí, nadie puede estar en contra.

El problema empieza cuando el discurso choca con la realidad.

En Tonalá, hay adultos que ya cumplieron los cuatro meses del curso de alfabetización y no han recibido la tarjeta bancaria donde se supone cobrarían su beca. Otros sí la recibieron, pero al revisar el saldo se encontraron con apenas mil pesos depositados, cuando el programa habla de un apoyo de cuatro mil.

La pregunta es inevitable: ¿qué pasó con los otros tres mil?

No se trata de una cifra menor. Para muchos beneficiarios estamos hablando del ingreso que les ayuda a completar la despensa, pagar medicamentos o cubrir gastos básicos. No son números en una hoja de Excel; son personas que confiaron en un programa oficial.

Y por si fuera poco, algunos asesores que participaron en el proyecto también tienen pendiente el apoyo que, según las reglas del propio programa, deben recibir por su labor.

Aquí es donde la responsabilidad ya no es abstracta. La dirección estatal de ICATECH, encabezada por César Espinosa, no puede escudarse en trámites ni en silencios administrativos. Cuando un programa social empieza a fallar en los pagos, la obligación mínima es dar la cara y explicar con claridad qué está ocurriendo. Y en el caso de ICATECH en Tonalá, el mutismo institucional no ayuda: lo que debería ser una gestión cercana a la gente hoy parece una ventanilla cerrada.

Porque cuando las respuestas no llegan, lo que sí llega es la sospecha.

Es justo reconocer que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha mostrado voluntad para impulsar programas sociales y enfrentar un rezago histórico como el analfabetismo. La intención de su gobierno es clara y positiva. Pero también es cierto que los programas no se evalúan por la intención, sino por los resultados.

Si “Chiapas Puede” quiere consolidarse como un proyecto serio de transformación, necesita algo más que buenas intenciones: necesita orden, claridad y cumplimiento puntual.

Porque erradicar el analfabetismo es una meta noble. Pero sostener la confianza ciudadana es igual de importante.

En Tonalá, la pregunta sigue vigente:
¿Dónde está el dinero que falta y quién va a dar la explicación que la gente merece?

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