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Sagrada / La Feria

Sagrada / La Feria
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Sr. López

Rigurosamente cierto: el siempre pobretón tío Neto por lo que nadie supo nunca, odiaba a tío Carlos, suhermano mayor, y estaba prohibido mencionarlo. Bueno, pues una vez, tía Cata, su esposa, le dijo que había llegado una carta de “él” y respondió: -Tírala a la basura -la tía la guardó. Pasaron años, tío Neto se la encontró, la leyó y lo encontraron muerto de un síncope. La carta decía que había heredado a partes iguales con su hermano, la enorme herencia de un tío de ellos. Tía Cata vivió a todo trapo largos años, viuda y feliz.

Se cita como parte de la Biblia (Eclesiastés 1:15), la frase: “el número de los estúpidos es infinito” (“stultorum infinitus est numerus”). En rigor, dice “los estultos” (del latín ‘stultus’); pero como estulto en nuestro diccionario es tonto, necio, estúpido, bobo, idiota, este menda elige estúpido, evitando el adjetivo que rima con conejo… nos entendemos.

Sin embargo, debe decirse que el Eclesiastés no dice tal cosa, quédese tranquilo, fue una pequeña libertad que se tomó San Jerónimo a fines siglo IV d.C. altraducir al latín la Biblia, versión conocida por medio mundo como la Biblia Vulgata (divulgada, no vulgar).

La travesura de don Jerónimo se corrigió quince siglos después, digo, cuál era la prisa, pero la frase real, la que quedó es peor: “Lo que está torcido no se puede enderezar, y lo deficiente no se puede contar”. Es tremenda la frase: lo chueco, chueco queda, sin remedio y de lo que se carece, lo que falta, ni se puede enumerar.

Sabe su texto servidor que está usted a punto de mandarlo muy lejos (a Palenque), porque le importa un reverendo y serenado cacahuate un chisme de hace más de quince siglos, pero viene a cuento de una frase que ayer dijo la Presidenta de la república, que la va a perseguir el resto de su sexenio o más.

En referencia al libro ya publicado ‘Ni venganza ni perdón. Una amistad al filo del poder’, escrito Julio Scherer, en coautoría con Jorge Fernández Menéndez, que es un periodista muy de tomar en cuenta, doña Sheinbaum dijo: “No lo he leído ni lo voy a leer (…)”.

Es verdad universal que cualquiera puede decir o hacer una estupidez, nadie se salva, ni los muy inteligentes. El inmenso científico que fue Lord Kelvin, en el siglo XIX dijo que “las máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles”… bueno. El fundador de la IBM, Thomas J. Watson dijo en 1943: “Creo que hay un mercado mundial para quizás cinco computadoras”. Falta espacio para darle más ejemplos, pero es cierto, de decir estupideces nadie se escapa. Y eso de “No lo he leído ni lo voy a leer (…)”, queda en la galería de tropiezos con la propia lengua. Pero se insiste; decir una estupidez no hace estúpido al emisor (no come lumbre este tecladista).

Leído que fue el libro de marras, este menda considera que de parte del Fernández Menéndez nada hay que recriminar, pero del lado de Scherer es una traición a la supuesta amistad y admiración que pregona tener al señor de los Abrazos, del que fue su consejero jurídico en Palacio, de 2018 a 2021. Opina este López, seguramente por estar chapado a la antigua, que es una deslealtad inmensa papalotear cosas de las que se enteró en el cargo con el agravante de hacerlo cinco años después. ¿Para qué, para salpicar?, ¿para cobrar cuentas pendientes… para qué?

Don Scherer deja al que fue Pejecutivo como un inepto, necio, terco (no es lo mismo), ineficiente, inescrupuloso e irresponsable, cosas todas ciertas pero en boca de quien tuvo todas sus confianzas y anduvo con él más de veinte años, es, lo menos, una bajeza y peor al leer las varias empalagosas maneras que tiene en su libro de referirse a él, para ni recordar que en su carta de renuncia al cargo de consejero jurídico presidencial, escribió: “ni mi compromiso personal con el amigo ni con el Presidente de la República están concluidos”… ¡caramba!, qué comprometido.

Mal por el Scherer… pero qué bueno que escribió lo que dice en su libro, porque es una voz muy autorizada para saber qué pasaba en ese desgobierno cuatrotero.

Aparte de dejar mal al visitante frecuente a Badiraguato, embarra a varios de su primer círculo;dice cosas sabidas y otras que son infidencias, queinfidencia dice el diccionario, es la “violación de la confianza y fe debida a alguien”; y de lo que se enteró desde tan importante cargo, don Scherer tenía secreto de oficio, silencio profesional, obligación de mantener cerrado el pico. Pero, se repite: qué bueno que soltó la sopa porque denuncia entre alabanzas al Peje, delitos muy muy gordos.

Más mal hace doña Sheinbaum en decir que no lo piensa leer y peor al declarar -ayer también-, que si don Scherer “tiene una denuncia, pues que la ponga”. No señito, no.

Al menos el financiamiento ilegal de las campañas electorales de Morena en el sexenio del Pejehová, con dinero del huachicol fiscal, es delito y no puede negar que no tiene conocimiento después de leer el libro que dice no haber leído pero lo refuta porque sí lo leyó. Sin querella ni denuncia, como autoridad, tiene el ineludible deber iniciar acciones de investigación, a su estilo: tronándole los dedos a la Fiscalía General.

No es optativo, señora Sheinbaum, es su obligación, para eso juró cumplir y hacer cumplir las leyes y el delito de financiamiento ilegal de las campañas electorales, es delito tipificado y se persigue de oficio, para eso está la Fiscalía Especializada en Materia de Delitos Electorales, para actuar ante la sola presunción del delito.

Y lo del huachicol fiscal es un rosario de delitos: contrabando, falsificación de documentos, delincuencia organizada y financiamiento ilícito del partido en el poder. No se necesita denuncia y después de este libro, que embarra al primer círculo del que fue Presidente, es su obligación urgir a la Fiscalía General a proceder y fincar las responsabilidades a que haya lugar.

La otra posibilidad era responder al reportero que le sacó el asunto del libro: “cuando tenga tiempo leo y lo comentamos”. Y ya. En su nivel, señito, la palabra es sagrada.

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