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La dicha de la ingenuidad / Odiseas Posmodernas

La dicha de la ingenuidad / Odiseas Posmodernas
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Esdras Camacho

Aunque existen leyes que protegen los derechos de los niños, garantizando una vida libre de violencia y el derecho al esparcimiento. Estos derechos, como descansar, jugar y participar en actividades culturales y artísticas, suelen quedar relegados a un segundo plano. Esto sucede bien sea por la falta de responsabilidad de quienes tienen a su cargo a los niños, o porque crecen en entornos de pobreza donde se necesita que los menores trabajen en labores domésticas o laborales.

Los menores son empáticos, bondadosos y ávidos de compasión, su mundo se enfoca en admirar y sentirse protegido por quienes tienen más fuerza, madurez y volumen, sin embargo, el desarrollo de los años, y las circunstancias familiares les despojan de esa imaginación sublime en la que se transforma el entorno en un sitio candoroso, lo que para los demás es simple, rutinario y común. 

A veces nos estremecen las grandes tragedias: los maremotos, los cataclismos, los crímenes que desgarran la vida; sin embargo, permanecemos ciegos ante una desdicha más silenciosa y profunda: la pérdida de la inocencia, esa fuerza indispensable para renovar y transformar con esperanza nuestras realidades.

Cuando los adultos exigen que el menor asuma responsabilidades, y se empeñan en tener mini adultitos en cada uno de los menores. Queda solamente el hacer girar la rueda del absurdo eternamente. Nos convierte en sujetos obligados a respetar procesos, seguir normas y cumplir deberes. 

Vargas Llosa relata en “historia Secreta de una novela” episodios que tuvieron gran impacto en su infancia y que más adelante en su oficio de novelista le servirían para narrar “La casa Verde”: “haber visto el mar por primera vez y descubrir que los bebés no venían de parís”. 

Juan Rulfo en Pedro Páramo nos habla de un huérfano que viaja a un lugar en el que le contaron vive su padre, al viajar se da cuenta que tampoco está aquel, a quien Juan Preciado quería conocer, no existe su padre, ni el lugar donde había sido procreado.

Rosario Castellanos su novela “Balún Canán” narra la historia de una niña de aproximadamente siete años quecontempla el mundo desde su percepción de invisibilidad y descubre que su existencia pesa menos que la del hermano, el varón destinado a heredar. 

Fernando Pessoa evoca en todas sus obras, la nostalgia del paraíso perdido. La pérdida de la ingenuidad infantil. Su mantra “Amar es la eterna inocencia, y la única inocencia es no pensar” se deriva, como respueta al trauma de ser huérfano a tremprana edad y radicar nueve años en una ciudad que no era la suya. 

En el libro “Yo soy Malala”, la protagonista es una niña que acostumbraba a realizar labores agrícolas, y asiste gustosamente a la escuela en donde es sobresaliente en sus calificaciones. cuando ella tenía unos 11 años, una extraña y oscura sombra cubrió el valle: los talibanes. Hombres armados prohibieron la música, la televisión y, lo peor de todo, prohibieron que las niñas fueran al colegio. Las escuelas de niñas fueron incendiadas o cerradas.

Malala Yousafzai, a pesar del miedo decidió no guardar silencio. Bajo el seudónimo de “Gul Makai” (una heroína local), contó al mundo a través de un blog publicado en la BBC, cómo era vivir bajo el miedo y cuánto extrañaba aprender. La historia ocurre en Pakistán, pero a lo largo de la historia del tiempo ocurren historias similares, en distintas partes del mundo. 

¿Será que los adultos debemos buscar reconciliarnos con nosotros mismos, niños heridos?;¿Por qué tanto ninguneo a la infancia?… ¿Por qué tanto desprecio? ¿Será que el adulto ha olvidado o pretende olvidar la etapa en la que una burbuja de jabón significaba un planeta por descubrir?

No nos guardemos de aquel derecho que no ejercimos. Abramos el cofre sellado en la que se esfumó nuestra inocencia, y recuperemos la letra de la canción que se nos extravió. Aquella edad, cuando un cacharro era un cohete espacial, y las macetas de los abuelos nos servían como mingitorios. Cuando el tiempo fue solo un concepto abstracto, y nunca nos atemorizó. 

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