
Sr. López
Este lunes, el Trump, en escrito oficial hizo lo que ningún presidente de los EU se atrevió a hacer, por decoro, por respeto, por decencia o por astucia: celebrar la guerra de agresión contra México de 1846-1848, la “victoria triunfal para la soberanía estadounidense” y la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de 1848, mediante el que consiguieron la “cesión” de más de la mitad del territorio mexicano.
En el contexto de las insinuaciones del gañán Trump,sobre ordenar acciones militares unilaterales en territorio mexicano, es asunto serio que en su escrito diga: “continuaremos reafirmando el Corolario Trump de la Doctrina Monroe”. Advertidos estamos.
En su conferencia de prensa de la mañana de ayer, una reportera pidió su opinión sobre esto a la Presidenta de México. Después de una larga pausa, con una extraña sonrisa, contestó riendo: “Ya saben cuál es mi opinión (pausa más larga), no somos Santa Anna (otra pausa) hay que defender la soberanía siempre” (el “siempre”, casi inaudible). No dude, vea el video, https://www.instagram.com/reels/DUTbjNBkZfq/
Seguro la Presidenta con lo mecha corta que es, se contuvo, pero 16 palabras para semejante insulto, parecen una muy flaca reacción.
Imaginemos que la Presidenta hubiera pedido para la tarde-noche del mismo lunes, Sesión de Congreso General (diputados y senadores), para informar sobre ese comunicado oficial del Trump, celebrando la invasión y haber obtenido más de la mitad del territorio nacional. Y que ante eso, informara el retiro del embajador de México ante los EU, dejando un encargado de negocios; la reanudación inmediata delos envíos de petróleo a Cuba; la suspensión del suministro de agua a Texas y que México se retiraba del T-MEC. Sí, ¡que arda Troya!
El Trump no resistiría la presión de muchos de su partido ni de poderosos sectores industriales yanquis y le aseguraría una sonora derrota en las elecciones de noviembre próximo. Pero ni se preocupe, no va a suceder, México se iría al voladero, pero se desahoga uno.
Así las cosas, la pregunta es qué más le va a aguantar doña Sheinbaum a ese barbaján. A un gargajo en la cara, una respuesta de 16 palabras ¡entre risitas!
Está sola la Presidenta o no oye a nadie. De que salió ese comunicado a la hora de su mañanera, hubotiempo sobrado para que su equipo la asistiera y que la señora del bastón de juguete, dijera algo más seriecito. Van unos ejemplos:
El señor Trump debe saber que “la guerra con México fue iniciada innecesaria e inconstitucionalmente por el Presidente (James K. Polk)… todo esto es de principio a fin, el más absoluto engaño… la sangre de esta guerra, como la sangre de Abel, clama al cielo contra él (Polk).
Dejar que el Trump se burlara para al día siguiente,informarle que se burló de Abraham Lincoln, que lo dijo en su discurso del 12 de enero de 1848 en la Cámara de Representantes; está en los archivos de su propio Congreso (National Archives and Records. Administration Records of the U.S. House of Representatives. RG 233, HR 30 A-B 3).
Que sepa el criminal convicto, Trump es culpable por el caso Stormy Daniels, con sentencia de descarga incondicional para no pasar la pena de que el Presidente de EU despachara en el bote, que Ulises S. Grant presidente de los EU y su general más importante, en sus Memorias escribió: “fue una de lasguerras más injustas jamás libradas por una nación más fuerte contra una más débil”.
Don Ulises también puso en sus Memorias que la guerra con México fue moralmente injusta y que las “conquistas territoriales estaban diseñadas para expandir la esclavitud” y opinaba que “la Guerra Civil (la de Secesión), fue el castigo de Dios a los EU por la agresión contra México” (Grant. Una biografía; William S. McFeely 1981, páginas. 30–31, 37–38; Pulitzer por este libro).
Los que estuvieron de acuerdo con esa infamia, eran esclavistas, racistas o del Partido Demócrata, el periódico Congressional Globe, pregonó que “el destino de la raza anglosajona es marchar de océano a océano”; y la American Review proponía “hay que cambiar las costumbres (de México)… y exterminar a su sangre más débil”. Lindo. Pero los que se oponían no eran pocos ni pelagatos.
John Quincy Adams, presidente de EU antes que Polk, dijo que la guerra fue una expedición sureña para encontrar “corrales más grandes para atiborrar de esclavos”. Charles Sumner, destacado abogado y senador, también condenó la guerra. Henry David Thoreau, filósofo muy respetado, se fue a la cárcel por rehusarse a pagar el impuesto que financiaba la guerra contra México. El senador Thomas Corwin pronunció un apasionado discurso en el Congreso en 1847, denunciando las “justificaciones moralmente dudosas de la declaración de esa guerra”.
Los protestantes de la Iglesia Unitaria de Massachusetts promovieron el boicot al esfuerzo bélico: “Que sea infame el hombre de Nueva Inglaterra que se aliste (…) que sea infame el que fabrique un cañón, una espada o un núcleo de poder para matar a nuestros hermanos”, sentenciaron. La legislatura estatal de Massachusetts declaró la guerra como una acción inconstitucional.
En la prensa no las tenía todas ese Polk. The Liberator, de William Lloyd Garrison, condenó el “rufianismo, la perfidia y todas las demás características de la depravación nacional”. Depravación nacional. La prensa consignaba en esos ayeres la desaprobación general de la guerra contra México. El inmenso autor Ralph Waldo Emerson, pensador y primer filósofo yanqui que tuvo influencia intelectual en Europa, profetizó ante el inmenso territorio arrebatado: “México nos envenenará”.
Que alguien le recuerde al barbaján de la Casa Blanca que los centenares que integraban el Batallón de San Patricio, en el que había irlandeses, alemanes, canadienses, ingleses, franceses, italianos y polacos, vinieron con el ejército de EU a invadir México y al ver la atrocidad que era, combatieron, sí… del lado de México.
¡Ay!, algo de esto pudo refregarle la Presidenta al Trump, pero no, 16 palabras y risitas.


