
Sr. López
Se casaba la prima Alicia y la espectacular tía Olga, que fue un poco inquieta -cinco matrimonios y cinco divorcios-, hizo que todos los presentes en esa sobremesa de domingo, soltaran una incontenible carcajada, porque le dijo con buena intención: -Te ayudo a organizar la boda, yo, de eso sé -¡vaya que sabía!
Es probable que tenga usted la idea de que por su manejo de las relaciones exteriores, México es un país respetado en el mundo. Lamenta este menda, abollarle el candor: no somos respetados. Ahora menos.
Nuestros gobernantes suelen llenarse la boca pregonando que nuestra política exterior se rige por la Doctrina Estrada (de septiembre de 1930), aplicándola equivocadamente a la no intervención y la libre autodeterminación de los pueblos, cuando esa dichosa Doctrina solo dice que México no otorga ni quita reconocimiento a los gobiernos de otros países y solo mantiene o retira a sus representantes diplomáticos, lo que viene a ser lo mismo: reconocer o no a un gobierno extranjero.
La Doctrina Estrada la aplican nuestros gobernantes, los de antes y los de ahora (¡cómo no!), según sus ideas personales, su conveniencia del momento o lo que los apriete el tío Sam (que aprieta en muy mal lugar, viera usted). Por algo en el mundo de la diplomacia seria, la califican de doctrina hipócrita, impostura de nuestros gobiernos para sostener una mentirosa neutralidad que en la práctica se ha traducido en apoyo a dictadores, golpistas y públicos violadores contumaces de los derechos humanos(caso de estudio: Cuba).
Los chovinistas patrioteros que siempre hay, impostan la voz al defender nuestra ma-ra-vi-llo-sa política exterior, recordando la gallarda postura mexicana al romper relaciones con la España de Franco, el Chile de Pinochet y la Nicaragua de Somoza… porque eran unos dictadores de plano de lo peor (que sí lo fueron).
Pero al mismo tiempo, México estableció y mantuvo relaciones diplomáticas, con las dictaduras (algunas sanguinarias), de Albania, Alemania Oriental, Bulgaria,Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumania, países del bloque soviético, cuando existía la URSS (hoy Rusia).
Con la URSS hay un episodio de pena ajena: el presidente Emilio Portes Gil, rompió relaciones con la URSS en enero de 1930, según nuestra dignísima Secretaría de Relaciones Exteriores, por “pugnas ideológicas enmarcadas dentro de contexto del antagonismo entre el socialismo y el capitalismo”, esto se traduce como: por órdenes de los EU. Y no las reanudó sino hasta 1942 cuando los EU y la URSS se aliaron para derrotar a la Alemania nazi, esto se traduce: por órdenes de los EU.
Solo por ser rudeza innecesaria, le cuento que México no se conformó con romper con la URSS, sino que allanó su embajada, se robaron lo que quisieron, metieron al bote al personal de la sede diplomática y expulsaron al embajador Alexander Makar al que ya de salida, le saquearon el equipaje (¡qué pena con las visitas!).
Lo penoso es que antes de 1930 y desde 1942,México no tuvo empacho en tener relaciones con el que tal vez sea el mayor asesino de la historia, José Stalin, hasta que tuvo a bien llamarlo a su seno el Buen Dios en 1953. Sin pudores de novicia: Stalin era muy cuatito de México a pesar del millón de ejecuciones directas que ordenó, aparte de las entre 5 y 20 millones de muertes que hubo en los campos de trabajo forzado (el infame Gulag), las hambrunas provocadas (a propósito, así de malo) y las deportaciones. Y México, con un clavel reventón en la boca, coqueteándole a Stalin, abanicándose con el cuento Estrada.
El otro principio del que alardean nuestros gobernantes, es la no intervención y la solución pacífica de los conflictos. Cínicos.
Nuestros gobiernos, no México, ellos, sí han intervenido muy descaradamente en asuntos ajenos, como otorgar reconocimiento como fuerza beligerante, a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), por si le parece asunto de nuestra incumbencia.
Aparte, apoyaron política y económicamente a las guerrillas de izquierda en Centro y Sudamérica, como el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de Nicaragua; el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de El Salvador; y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que diez largos años tuvieron oficinas en la Ciudad de México, abiertamente no clandestinas, daban “cursos” en la UNAM y cuando se supo lo que siempre se supo, que las FARC eran socias de cárteles del narcotráfico, nuestros gobernantes empezaron a moderar su entusiasmo.
Y no se debe dejar de mencionar la impostura de política ambivalente de nuestros gobernantes en el conflicto armado de Guatemala que duró 36 años, terribles, con atrocidades de ambos bandos, con México a las calladas, cobardonamente, permitiendo a los líderes del grupo guerrillero Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), operar desde México(Chiapas), como base de operación y logística, al tiempo que les brindaba apoyo político.
Ese espantoso conflicto costó a Guatemala 200 mil vidas, según informó en 1999 la Comisión para el Esclarecimiento Histórico. Y México chacoteando con su diplomacia de cartón piedra, en ese lago de sangre, aplicó su política exterior de “no intervención y autodeterminación” (¡no se meta nadie!, ¡fuera manos!)… en favor de la guerrilla.
Si su hígado lo resiste, busque “México ante el conflicto centroamericano, 1976-1996. Una perspectiva histórica”, de la UNAM y el muy seriecito Instituto Mora. No tenemos ninguna autoridad moral.
Y al mismo tiempo para ratificar las convicciones de hule de nuestros gobernantes, se reconoció sin gestos a dictaduras golpistas y sanguinarias, de Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Nicaragua… y Cuba, claro, asunto de actualidad.
Ahora nuestra Presidenta, hace el ridículo ante el mundo con su discurso de soberanía, sosteniendo que continuará dando “ayuda humanitaria” a Cuba (tortas y Frutsi, petróleo, no, eso ya lo aclaró Trump). Da pena. Se nota la amplia experiencia de la señora en doblar el lomo.


