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Filósofo-rey

Filósofo-rey
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José Antonio Molina Farro

El ejercicio democrático del poder es mandar obedeciendo.

J. A. M. F.

En nuestra realidad actual podemos buscar el papel del líder por sus beneficios económicos, por su estatus, por su obra colectiva, o por lo que representa en nuestra carrera profesional. Sin liderazgo las instituciones pierden el rumbo y, en el extremo, pueden conducir al desastre.

Oswald Splenger filósofo de la historia describió al líder nato como un “valorador” de hombres, situaciones y cosas, con la capacidad de hacer lo correcto. El líder al igual que el pintor de paisajes, debe absorber la vida en toda su deslumbrante complejidad. Por su parte, Andrew Roberts nos recuerda que el liderazgo es completamente neutral, tan capaz de llevarnos al abismo o a las tierras altas iluminadas por el sol. Es una fuerza que debemos tratar de orientar hacia fines morales.

Pero solo si se toma el poder con la responsabilidad del filósofo-rey se podrá ejercer con generosidad y benevolencia. El gran líder, nos diría el sabio Platón, no es el que más destaca sino el que más peso lleva a sus espaldas. Quien está dispuesto a tomar decisiones difíciles, a renunciar a beneficios personales y a sostener el peso de lo colectivo sin esperar aplausos de nadie.

El líder no ostenta el poder desde el ego sino desde la sabiduría. Un líder debe ser, ante todo, un filósofo. El verdadero filósofo debería dedicarse a pensar, a aprender, a cultivar su vida interior. Y, sin embargo, acepta gobernar por deber. Porque entiende que su responsabilidad es evitar que el poder caiga en manos de quien lo busca por ambición, y que su sabiduría lo capacita para pensar en el bien mayor. Esta forma de comprender el liderazgo nos introduce de lleno en la paradoja platónica.

LIDERAZGO.

La visión del líder ha cambiado mucho en las últimas centurias. Hace algunas décadas hablábamos de autoridad, respeto e incluso miedo, y aunque aún subsisten, ahora también hablamos de vulnerabilidad, autenticidad y empatía. Las reglas del juego han cambiado, pero quizá siempre fueron distintas a las que imaginábamos.

El primero en hablar de liderazgo fue Platón. Para este gran pensador, ser un rey, ser un líder, no significaba pensar en beneficio propio, ni siquiera en el beneficio de la empresa sino pensar en el beneficio de las personas que están a su cargo. “Quien no es bueno sirviendo no será bueno mandando”. Eso lo dice Platón, en La República, una de las obras más relevantes de la filosofía occidental.

Gobernar no es dominar. El objetivo del Estado es el bien común. Cada parte cumple su función en armonía con el conjunto, y donde el poder no se ejerce para imponer sino para cuidar el equilibrio. No se trata de imponer voluntades aprovechar la posición para colgarse medallas. Liderar es pensar en la justicia compartida y el buen funcionamiento del grupo o equipo.

El mandato del líder es simplemente un medio para conseguir un objetivo que trasciende al propio líder, que va más allá. Cuando se desconecta de ese propósito deja de ser liderazgo y se convierte en tiranía. Precisamente quien debe liderar es quien menos desee ostentar ese poder. Pues solo quien no desea tener poder lo entenderá como una responsabilidad y no como un privilegio.

OBEDECER ANTES QUE MANDAR.

Aquí podemos aplicar sus ideas al liderazgo del siglo XX1, y es que el buen líder debe saber obedecer antes de mandar. Llegar a un puesto de poder sin antes haber sido a quien se le manda puede crear un desequilibrio poderoso, puede hacer complicada la comprensión entre quien manda y quien obedece.

El buen líder es el que nunca deja de obedecer. El líder obedece a la razón, al orden racional, a la justicia, a la función que le corresponde y, por supuesto, a la ley.

Obedecer es una palabra curiosa. Etimológicamente derive del concepto “mirar co atención” o “escuchar”. Uno obedece al atardecer cuando le presta atención, obedece al ser amado cuando lo mira. Obedecer al poder es entender sus consecuencias, es prestar atención a quienes lideras, es entender que el mandato tiene sus condiciones y que no todo vale.

CLAVES DE UN AUTÉNTICO LÍDER.

No busques el poder por sí mismo, pero tampoco huyas de la responsabilidad cuando te corresponda asumirla.

Prioriza siempre el bien común frente al beneficio personal, incluso si eso significa renunciar a lo que deseas.

Acepta la incomodidad de decidir, sabiendo que liderar no siempre es divertido y agradable.

Escucha sin imponer, porque sabes que mandar no es silenciar sino integrar y negociar.

Entiende el liderazgo como servicio, no como superioridad, porque lo que te ha situado en el papel de líder no es ninguna suerte de superioridad sino tu trayectoria.

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