Sr. López
Tío Toño agonizaba. El médico se fue. Llegó el notario. Después el sacerdote. Confesión general, comunión, santos óleos y bendición papal. Afuera, los nueve hijos, mudos, tiesos, mirando nada; la inminente viuda, tía Lupita, con cara larga, rezando rosarios en serie.
Tío Toño se despidió de todos, llanto general. Pidió hablar a solas con ella y en pocos minutos se oyó a tía Lupita soltar por primera vez en su vida, una mentada de madre que se oyó hasta el centro de Toluca: el tío le dijo que quería morir en paz… y le confesó que tenía otras dos casas, con hijos también y que como buena cristiana, viera por ellos. Pero no fue lo peor…tío Toño no murió. No le cuento más. Fue de ópera china.
Ya llegarán los tiempos y será oportuno reflexionar sobre cómo decidimos nuestro voto los gallardos integrantes del peladaje nacional; por lo pronto, este menda adelanta que no considera que la muchedumbre sea estúpida, aunque sus integrantes en lo individual, a veces creamos estupideces.
Tampoco es sabia la masa ciudadana, de ninguna manera, lo que hace aún más asombroso el hecho probado de que entre más gente participa en una decisión, menor margen de error hay a condición de que no se trate de una decisión política… en México, porque a la gente se nos ofrecen tortas de bacalao y nos las sirven de bosta (palabra que permite referirse sin ofender, al excremento, pero de eso nos dan las tortas, de mierda).
Lo cierto es que la mentira es la impúdica dominatrix en México. Así es nuestra sociedad desde que sin pedir opinión de nadie, nos hicieron país independiente diez o doce mentirosos. Nadie se agravie, nadie lo tome a mal, somos la sociedad de la mentira.
Desde la definición del país, en el artículo 40 de la Constitución, que redactaron aguantándose la risa: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos (…)”.
No fue ni es voluntad del pueblo que ni se enteró, fue voluntad de los listos que a sangre y fuego se hicieron con el país. No somos una república representativa,nuestros funcionarios electos se representan a ellos mismos, a sus compañeros, socios, amigos y cómplices de tropelías misceláneas.
Lo de “democrática”, quede en verso. Laica a contrapelo de nuestra realidad: la gente en este país fue siempre y es religiosa, católica para más señas. Y “federal” nunca hemos sido, ni en tiempos de las tribus, ni en el virreinato, nunca: somos un país centralista, como evidencia que el Presidente/a, sea la voz de mando en todo el país. Y lo de los “Estados libres y soberanos” es chiste que se cuenta solo. Todo mentira.
Habrá quien piense que no eran mentiras sino buenos propósitos. Puede ser, lástima que los hechos prueben que no:
Nuestro siglo XIX fue un desfile de bajezas, traiciones, canalladas y latrocinio, hasta que el país quedó en un porfiriato que mintió con la certeza de que era el precio necesario para la paz y progreso, que sí dio pero fueuna dictadura con máscara de democracia.
Luego, nuestro siglo XX, después de una guerra civil que mentirosamente llaman revolución y una infame guerra religiosa, la cristiada, resuelta con mentiras, el país quedó largos setenta años dominado por el multifacético PRI imperial que reprodujo la mentira democrática del porfiriato con recambio sexenal de mandamás, con la inédita ventaja de que por primera vez en nuestra historia el peladaje general sí se benefició, el mundo habló de milagro mexicano, se construyeron seis Méxicos (la población en 1930 era de 16.5 millones; en 2000 alcanzó los cien), y la expectativa de vida se duplicó. Pero mintiendo que éramos democracia, que ganaban elecciones, que respetaban la Constitución.
Y de repente, con la exigencia de los EUA de que ya nos comportáramos, se firmó en 1992 el tratado de libre comercio (TLC hoy T-MEC), y se emprendió un fructífero esfuerzo colectivo para tener elecciones efectivas, derechos humanos, contrapesos al poder, los órganos autónomos, y en ocho años, la retirada del PRI, la alternancia en el poder. México pasó a ser así, el principal socio comercial de la primera potencia mundial. Se iniciaba el andar del país por la senda del desarrollo.
Nos duró 18 años, tiramos todo por la borda, nosotros, los tenochcas simplex, nadie más, al elegir presidente de la república, al Padre de la Mentira que todo distorsionó para entronizarse en nuestra historia, resucitando con otro nombre al PRI en su peor versión, el del echeverriato: sin poderes soberanos, sin contrapesos, todo en manos de una sola persona al precio de permitir una corrupción nunca antes vista: económica porque roban, política porque no gobiernan y moral, porque todo en ellos es mentira.
Ese prócer chancla pata de gallo, metió al país por caminos de extravío y ahora estamos de regreso al imperio del engaño, impúdico, descarado, y eso le entregó a su sucesora que al igual que su mentor, no sabe gobernar, a la vista está.
Estamos tan acostumbrados a la mentira que nos creemos la mentira de que la doñita del bastón de palo arrasó en las elecciones. Obtuvo casi 36 millones de votos, que es una enormidad, sí, pero NO votaron por ella más de 62 millones, lo que ratifica eso de que no somos estúpidos. Tampoco ganaron los de Morena la mayoría en diputados (el 40.84% obtuvieron), ni en senadores (40.81%), y así con nuestra peculiares leyes electorales se hicieron dueños del Congreso. Y su partido, Morena, que no es partido, en todo caso movimiento (pero inmóvil, al estilo del priismo de Echeverría), tampoco es verdad: retacado de expriistas. Todo mentira igual que casi todos sus gobernadores. Y cohabitan con el crimen organizado, mala cosa.
La mentira del siglo XIX fue un despelote continuo por su falta de resultados. La mentira del porfiriato y el PRI imperial, se sostuvieron por sus resultados. Estos no gobiernan, el país se les va de las manos. Ya les llegará un baño de verdades desde los EUA y derribará este castillo de mentiras.