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Cuando la feria se vuelve memoria

Cuando la feria se vuelve memoria
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Viridiana Molina

Este año, la feria de San Sebastián Mártir en Berriozábal se despide de Dionel Martínez López como fiscal, y lo hace con la misma gracia serena con la que, hace tres años, asumió la encomienda. No es una despedida cualquiera: es el cierre de un ciclo que logró algo poco común: volver visible lo que siempre estuvo ahí, esperando ser mirado con amor y con orgullo.

Durante este periodo, la feria de Berriozábal experimentó un realce significativo entre su gente. Aquella celebración que por años parecía transcurrir en silencio, casi desapercibida, hoy ocupa un lugar distinto en el corazón del pueblo. Aunque venera al mismo Santo Patrono que Chiapa de Corzo y debido a esto a tenido críticas respecto a la apropiación cultural Berriozábal se encuentra re descubriendo su identidad cultural y tradiciones y en sí su esencia es otra: una mezcla profunda de rituales, cultura y tradición zoque, cuyo día más emblemático, el 22 de enero, se vive con una intensidad que trasciende el calendario y se vuelve experiencia colectiva.

Por eso la nostalgia acompaña esta despedida. Dionel Martínez, junto a su familia y a cada uno de sus componentes, no solo cumplió un encargo; marcó una pauta. Desde el fiscal hasta las comideras Zoques y la comitiva del lavado de manteles, pasando por quienes sostienen los rituales y los tiempos de la fiesta, se tejió un nuevo rito entre los berriozabalences.

En las cocinas, el humo se eleva como una plegaria antigua; el aroma de los guisos tradicionales se mezcla con el sonido de los tambores y las flautas.

Afuera, cientos de personas danzan, ríen y esperan, mientras la casa del fiscal late como un corazón abierto. Es ahí donde la fiesta se vuelve magia: cuando el olor, el sonido y el movimiento confirman que la tradición no se hereda, se vive.

El 22 de enero, el lavado de manteles no es solo un acto simbólico, es un gesto de cierre y gratitud. Es limpiar la mesa donde se compartió el pan, donde se recibieron visitantes y se honró al Santo Patrono. Los manteles lavados cuentan historias: de largas jornadas, de manos cansadas y de corazones dispuestos.

Con ese acto sencillo pero profundo, se despide la encomienda y se entrega, limpia y digna, a quien habrá de continuarla.

Esta tarde, Berriozábal culmina su día de lavado de manteles con la coronación de un nuevo fiscal y sus componentes. Inicia así una nueva etapa, con la responsabilidad de sostener la esencia de los días de feria de enero. Porque mientras haya humo saliendo de las cocinas, música en las calles y un pueblo dispuesto a danzar, San Sebastián Mártir seguirá caminando entre nosotros, y Berriozábal seguirá encontrándose a sí mismo en su fiesta.

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