Sr. López
Propuesta irresistible: hoy no se comentará nada sobre la increíble y triste historia de la cándida Patria y de su abuela desalmada (o abuelita como ella se refiere a ella). Merecido descanso de este nuestro nacional desfile esperpéntico de mamarrachadas, fantochadas y bajezas; procesión de monstruos y payasos con música de réquiem compuesta por el enlodado autor de ‘Abrazos no balazos’ y el ‘Corrido de Badiraguato’, grandes éxitos en Sinaloa, Jalisco, Tamaulipas, Tabasco y medio país más. Hoy no. Hablemos de algo más relajado: ¡Trump!
Para que vea que en esta su humilde Feria, también se consignan noticias que no han salido en la prensa, lea lo que sigue, es cierto y serio (en serio):
“(…) el suscrito Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, debidamente autorizado por su Gobierno, tiene el honor de declarar que el Gobierno de los Estados Unidos de América no se opondrá a que el Gobierno danés extienda sus intereses políticos y económicos a toda Groenlandia”.
Es completamente cierto aunque es prudente advertirque corresponde al Tratado de las Indias Occidentales Danesas, que firmó en Nueva York el secretario de Estado (el Marco Rubio de entonces), Robert Lansing, el 4 de agosto de 1916.
A contrapelo del ‘América para los americanos’, don Lansing firmó tal cosa, porque en EU se les hacía agua la boca por comprarle a Dinamarca lo que hoy son Las Islas Vírgenes, punto estratégico en el Caribe para su dominación de la región; la condición de Dinamarca fue esa: vendo, pero firmas que no me vas a manosear Groenlandia. Firmó.
Groenlandia se le antoja a no pocos, por su ubicación y luego, cuando se supo, por sus recursos naturales(de los que se debe aclarar que su explotación es cara en exceso por el infame clima, su retadora geografía, su carencia de infraestructura -es una inmensa llanura de hielo-, que obligan a inversiones estratosféricas que desaniman a empresarios y países), pero aun así, fue manzana de la discordia no poco -no hay espacio para dar más datos-, pero después que el tío Sam se abotonó la bragueta (no había ‘zippers’), en 1921 Dinamarca declaró formalmente su soberanía sobre toda Groenlandia. Noruega dio la lata y en 1931, la Corte Permanente de Justicia Internacional, los mandó a volar porque Noruega desde 1814 había transferido Groenlandia a Dinamarca (firmadito). Mucho enredo, dejémoslo ahí: Groenlandia es parte de Dinamarca y desde 1953 dejó de ser colonia y pasó a ser parte integral del reino de Dinamarca; este detalle importa, ya verá.
La pregunta es si los EU pueden invadir militarmente a Groenlandia y quedársela. Sí. Claro que sí. Tienen el ejército más poderoso del mundo y Groenlandia tiene cien soldados de fijo en su Mando Conjunto Ártico. ¿Qué pasaría?… nada, Europa se la tragaría porque no van a iniciar una guerra perdida de antemano, que los regresaría a la edad de las piedras.
La otra pregunta es si lo va a hacer. No. El Trump amaga mucho para espantar al de enfrente, pero ni su ejército, ni su Congreso, ni sus ciudadanos, van a cargar con ese pecado: atacar a un país aliado que ha combatido con ellos en sus guerras. Al Trump ya le quedó claro, eso está descartado por eso ahora habla de comprar Groenlandia. ¡Chin!, qué pena, no se puede.
Como usted comprenderá, este junta palabras también creía que comprar Groenlandia era posible si Dinamarca y los groenlandeses, estaban de acuerdo, pero se topó en un despacho de EFE con que un tal Frederik Harhoff -catedrático emérito de Derecho Internacional de la Universidad del Sur de Dinamarca-, en una entrevista al medio chileno Cooperativa de Noticias, explicó:
“Mientras Groenlandia forme parte de la Mancomunidad del Reino de Dinamarca, junto a Dinamarca y las Islas Feroe, no se puede vender. Nadie tiene competencias para hacerlo”. Es tan obvio que lo pasa uno por alto: no hay nación que en su Constitución esté facultada para vender cachos de país.
Vergüenza para los EU que altísimos funcionarios de la Casa Blanca estén hablando en serio de comprar un pedacito de Dinamarca (más grande que México). Del Trump se entiende, es de lo que sabe, de bienes raíces, pero su cerebro de molcajete todavía no procesa que ya fuera anexión hostil o compra, necesitaría que lo aprobara su Congreso… y que le dieran el dinero.
Por cierto, se vaya uno a olvidar: Trump tiene una aprobación del 37% y en una cosa muy interesante que hacen las encuestadoras de EU, que se llama “índice de aprobación neta” (la resta del porcentaje que aprueba del que desaprueba), ¿sabe cómo anda el copetón?: al inicio de su mandato, tenía 2… ahora está en -19 (menos 19).
En medio del ridículo mundial que hará el Trump con lo de Groenlandia, mayor entre más abra la bocota, su equipo está tratando de salvar los muebles y machacan que todo ese despropósito es por la seguridad del país.
De veras, a veces parece que los asesoran en Palacio Nacional: los EU tiene amplios derechos para proteger los intereses de su seguridad conforme al Acuerdo de Defensa de Groenlandia, firmado en 1951; tienen ahí la base militar Pituffik, antes Thule… desde 1941; tenían otras, las cerraron por no ser necesarias, a ver si se enteran.
Ya saldrá el Trump de este enredo en que se metió creyendo que sus conciudadanos lo iban a aclamar por las calles por aumentar el territorio más de dos millones de kilómetros cuadrados. Y no, las encuestas en EU son seriecitas y dicen que solo entre el 4% y el 7% de los estadounidenses, aprueba la anexión de ese inmenso trozo de hielo.
Como tiene elecciones de su Congreso este noviembre, se tiene que sacar la espina para no gobernar con la oposición bloqueando sus ‘wonderful’ ideas. Lo de Venezuela tampoco le resultó, solo un tercio de la población lo aprobó… ¿qué hacer?… ¿qué?… ¡México!
Machacar al narco nuestro, en eso sí están de acuerdo allá y llevarse peces grandes, de charales ya se aburrió; y sacarnos el tuétano en lo comercial. Ojalá doña Sheinbaum lo tenga claro, ese tipo es capaz de todo pero no se traga el berrinche.