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¡Que siga la fiesta! / La Feria

¡Que siga la fiesta! / La Feria
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Sr. López

Tía Sara era una ametralladora de dar órdenes y sus inquietos hijitos, hacían lo que les venía en gana. Un día preguntó a la comandanta Yolanda, ya sabe quién, la que tocó a este menda, qué nos ordenaba para traernos marchando y dijo: -Sara, das muchas órdenes, yo, ninguna, ellos saben qué está bien y que no… y les sale caro portarse mal –pues sí, así era. Derechitos.

Sostiene este López (con perdón de Pereira), que lo único que no se puede decir de nuestros políticos es que sean cándidos, son muchas cosas, eso no. Y por eso, es de sospechar la protesta de algunos contra la reforma político-electoral que la Presidenta impulsa.

Nosotros, vosotros, ellos, todos sabemos que con las actuales leyes electorales se nos hizo trampa en el 2024, con una ilegal campaña electoral de doña Sheinbuam, que inició cuatro meses antes de la fecha oficial, pintó  las bardas nacionales con el ‘Es Claudia’, gastó carretadas de dinero… y todo para hacer como que no era la elegida por el entonces Pejecutivo, que eso fue la campaña de las corcholatas: circo, maroma y teatro.

Luego, en los comicios, lo de menos fue la compra de votos que fue más seria la intervención en algunos estados, del crimen organizado que la organizó a su estilo: el proceso electoral 2023-2024 es el más violento de la historia moderna del país. Integralia contó 39 aspirantes o candidatos, asesinados, hastaun total de 889 víctimas de violencia política, 132.7% más que en 2018 y frente al 2021, 197.3% más, el doble… y ¡ganó!, claro que ganó.

Así, a la vista de todos en el gobierno del Pejehová y ahora en el de la doñita del bastón de juguete, sin parar mientes sobre actos de corrupción, la ley está pintada en la pared, son tantos casos y tan conocidos que no hace falta repetirlos. Pero, en honor a la verdad y porque todo hay que decirlo, no empezaron los cuatroteros con esta maña de nuestros gobernantes de limpiarse con la ley el extremo inferior de su sistema digestivo, la mera salidita.

No faltará, siempre hay alguien así, quien crea que ese endémico no respetar la ley es a pesar de los políticos que por eso hacen tantas leyes, legislando sin cesar, a diestra y siniestra. Y es exactamente alcontrario.

Esa inflación normativa, ese exceso de leyes, lo que refleja es el despelote nacional, nuestros problemas estructurales en lo político y de ahí, en lo jurídico, lo económico y social. El exceso de leyes es síntoma de un quebrado Estado de derecho en el que ese continuo legislar es una pantomima para encubrir la realidad con un espejismo normativo.

México tiene una Constitución federal y 32 de las entidades; encima, más o menos 316 ordenamientos jurídicos federales y por ahí de 8,600 leyes estatales y de la CdMx; sume a eso la jurisprudencia que emiten la Suprema Corte de la Nación y los 32 TribunalesSuperiores de Justicia de cada entidad, con valor de aplicación, como leyes. Es un mar de leyes. Y no se le olviden los Bandos de Policía y Buen Gobierno de los 2,462 municipios y las 16 alcaldías de la capital. No es un mar, son océanos de leyes.

Y así, somos uno de los países del mundo con menor índice de Estado de derecho; según el World Justice Project (WJP), en su informe del 28 de octubre de 2025, en ese año quedamos en el lugar 121 de 143 países. Habrá que hacer una ley para que no se le dé información al WJP… es una idea.

Lo que significa de malo el exceso de leyes no es tema nuevo, en pleno siglo XIX, el inglés Herbert Spencer, en un artículo publicado en abril de 1839 en la Revista de Edimburgo, analiza los males que causa el exceso de legislación. Poquito antes, en el año 529, el emperador romano Justiniano, ordenó la recopilación y compactación del entonces inmenso cuerpo jurídico del imperio y quedó en la historia porsu Código (Codex Iustinianus), seguido el año 537 del Cuerpo del Derecho Civil (Corpus Iuris Civilis). La tontería no es nueva, la sabiduría, tampoco.

Los que estudian este asunto, advierten que el exceso de leyes genera incertidumbre jurídica y abre la posibilidad de que se caiga en regímenes autoritarios.

Lo indudable es que el exceso de normas fomenta la corrupción, esa cosa tan horrible que le da tanto asco a algunos de nuestros políticos.

Junto con eso, visto está que ante la incapacidad de imponer el respeto a la ley, se hacen leyes, parece broma, no es, revise el Diario Oficial, nada más del año pasado para que se le pongan los pelos de punta ante la catarata de leyes que se modificaron y se hicieron.

También el exceso de normas y leyes tiene consecuencias económicas. Por un lado, hay quienes de plano prefieren la total informalidad y eso es una pérdida para los trabajadores y el erario; otros, mejor se llevan su dinero a otras partes, invertir acá es meterse en el Mar de los Sargazos; y los que invierten aquí y cumplen las leyes, apechugan los costos:

Con datos de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria, que cita el Banco Mundial, nuestro exceso regulatorio con lo que significa de cargas administrativas, es un obstáculo significativo para la economía, con costos que diversos análisis calcularon entre 2019 y 2020 en el 3.4% del Producto Interno Bruto y eso es una barbaridad de dinero, por ahí de 816 mil millones de pesos… sin contar mordidas, supongamos que no las dieron.

En resumen, nuestra diarrea legislativa, daña el Estado de derecho, produce ineficiencia burocrática, fomenta falta de cumplimiento y cinismo cívico, y tiene un gran impacto negativo en la economía. ¿Entonces por qué nuestros políticos no dejan de hacer leyes, ni de modificarlas?

El primer lugar por lo que ha quedado dicho arriba: es la farsa de que atienden los asuntos nacionales, es la coartada: no falta buena voluntad, ¡faltan leyes!

En segundo lugar la corrupción, los incalculables sobornos y los mercados negros. Ya hay chips para celulares a la venta en las calles, son ilegales, son más caros.

¿Cómo funciona el país?… pues así: el gobierno hace como que gobierna y nosotros como que obedecemos. ¡Que siga la fiesta!

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