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Cuando Estados Unidos dice “ayudar”, conviene revisar la cerradura / Sarcasmo y café

Cuando Estados Unidos dice “ayudar”, conviene revisar la cerradura / Sarcasmo y café
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Corina Gutiérrez Wood

Hay días en los que uno se despierta, revisa el celular y piensa; “ah, mira, hoy tampoco nos invadieron”. Y eso, tristemente, ya es ganancia. Porque cuando Mr. Cheeto abre la boca y dice “México”, nunca sabes si va a hablar de migración, drogas o de la posibilidad muy casual de mandar soldados “para ayudar”.

Ayudar. Si, esa palabra que, dependiendo de quién la diga, puede significar desde “te abro la puerta” hasta “entro a tu casa sin permiso y reacomodo tu alacena”.

El inquilino de la Casa Blanca lleva años coqueteando con la idea de que Estados Unidos debería intervenir en México para combatir a los cárteles. No es algo nuevo ni un malentendido por culpa de Twitter (perdón, X). Lo ha dicho en entrevistas, hasta el cansancio y lo ha dejado caer como quien dice “oye, y si…”. Como si hablar de intervención militar fuera lo mismo que sugerir un cambio de ruta en waze.

La lógica del empresario del peinado raro es más o menos así;hay drogas en Estados Unidos, las drogas vienen de México, entonces México es el problema, ergo Estados Unidos tiene derecho, casi obligación moral, de meterse. Es un razonamiento tan sencillo que da ternura. 

Ahora, para entender por qué este discurso vuelve con fuerza, hay que voltear a ver a Venezuela. Porque sí, ahí Estados Unidos cruzó una línea. A principios de este año, fuerzas estadounidenses participaron en una operación que terminó con la captura del Sr. De las Arepas y su esposa, llevándolos a enfrentar cargos en Nueva York por narcotráfico. No fue una “opinión”, no fue un “tuit”, fue una operación real, militar, con consecuencias diplomáticas enormes.

Y claro, cuando ves eso, irremediablemente pensamos “Si lo hicieron allá ¿por qué no aquí?”

La diferencia, y aquí es donde conviene bajar dos rayitas alvolumen del pánico, porque si, todos estamos apanicados, es que México no es Venezuela. No en tamaño, no en economía, no en relaciones internacionales, no en tratados comerciales, no en peso político. México no es un país aislado al que el mundo mira con resignación. México está metido hasta la cocina en la economía de Estados Unidos. Intervenir aquí no sería “poner orden”; sería patear la mesa mientras todos están comiendo.

Pero eso no impide que el Vendedor del Miedo lo diga. Porque decirlo no cuesta. Decirlo no requiere permisos del Congreso, ni aprobación, ni entender derecho internacional. Decirlo solo requiere micrófono y ganas de aplausos. Y eso el Emperador de “Make America…” lo tiene de sobra.

Además, el discurso vende. “México está fuera de control”, “los cárteles mandan”, “nos están invadiendo con drogas”. Son frases diseñadas para que el público no pregunte demasiado. Nadie quiere escuchar que el consumo de drogas en Estados Unidos es un problema interno, complejo y multicausal. Es mucho más cómodo señalar al vecino.

Del lado mexicano, la respuesta ha sido clara y hasta sorprendentemente sobria. No gracias. No es opción. No está sobre la mesa. La Tía de todos ustedes ha sido muy directa en ese punto; cooperación sí, intervención militar extranjera no. Porque una cosa es trabajar juntos y otra muy distinta es dejar entrar soldados con bandera ajena.

Y aquí es donde la conversación se pone interesante, porque mientras el megáfono con peinado habla como si México fuera un terreno baldío esperando ser rescatado, la realidad es que ya existe cooperación. Hay extradiciones, intercambio de información, acuerdos de seguridad. No es perfecto, pero tampoco es el escenario apocalíptico que se vende en algunos medios.

Entonces, ¿por qué seguir con la cantaleta? Porque funcionapolíticamente. Porque el Magnate Naranja no gobierna desde los matices, gobierna desde el conflicto. Necesita villanos claros. Y México, por cercanía y por historia, es un gran villano.

Lo curioso es que cuando uno se imagina una “intervención” real, la escena empieza a parecer una comedia absurda. Soldados estadounidenses cruzando la frontera mientras el T-MEC sigue vigente. Tanques pasando cerca de fábricas que producen piezas para autos que se venden en Texas. Wall Street entrando en pánico mientras alguien grita “¡pero era por seguridad!”.

Es como si tu socio de negocios decidiera golpearte “por tu propio bien” mientras siguen compartiendo la misma cuenta bancaria.

Y ojo, reírse no significa minimizar.  El precedente de Venezuela es serio. Marca un antes y un después.  Demuestra que Estados Unidos, bajo ciertas circunstancias, está dispuesto a actuar de forma directa en América Latina. Eso no es poca cosa. Pero también demuestra que cada caso es distinto, y que no todo lo que suena fuerte es aplicable.

Por eso conviene no caer ni en el miedo absoluto ni en la burla fácil. El Rey del Bronceado dice cosas exageradas porque vive de eso. Algunas se quedan en el aire. Otras, como vimos, no. La clave está en entender qué parte es puro discurso y qué parte tiene respaldo real.

Mientras tanto, lo único claro es esto; cada vez que el compadre menciona a México, no habla de nosotros como país, sino como símbolo. Como idea. Como excusa. Y eso, aunque da material para memes, también merece que se le preste atención.

Porque hoy es una frase suelta en una entrevista. Mañana puede ser una promesa de una conversación incómoda entre gobiernos.

Así que sí, riámonos. Hagamos sarcasmo. Digamos “otra vez el Titán del Berrinche”. Pero sin olvidar que, en política internacional, incluso las ideas más absurdas tienen la mala costumbre de pedirnos que las tomemos en serio justo cuando menos ganas tenemos de que el Don del discurso incendiarionos haga sentir que la soberanía es solo un accesorio decorativo.

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