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Ryszard Siwy triunfó en Xalapa

Ryszard Siwy triunfó en Xalapa
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Manuel Zepeda Ramos


*Ryszard Siwy, junto a los valses europeos de los Strauss, los valses de los grandes románticos mexicanos Enrique Mora, Felipe Villanueva, Juventino Rosas, Macedonio Alcalá, y al inmenso Offenbach, triunfó una vez más en Xalapa el compositor polaco y arreglista prolífico en la maravillosa sala de conciertos de la Universidad Veracruzana: la sala Tlaqná.

-la música de los indios Seris de Sonora arreglada por Ziwi, los valses vieneses, los valses mexicanos eternos…y el Cancán de Pigalle del corazón parisino, bajo la batuta maravillosa del francés Martín Lebel, director titular de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, hicieron acto de presencia ante un público generoso que atiborró la sala de conciertos, orgullo de nuestra Casa de estudios

La presencia de los artistas polacos que llegaron en la segunda mitad del siglo XX a la capital veracruzana para incorporarse a la Universidad más importante del sureste de México marcó un hito fundamental dentro de la cultura veracruzana.
Músicos virtuosos de todos los instrumentos de cuerda y alientos, principalmente, cineastas, artistas de la plástica que brillaban en el mundo sobre todo en el cartel, actrices bien formadas en las escuelas polacas de actuación, llegaron a Xalapa para integrarse a la vida cotidiana de sus habitantes y lo hicieron con creces: hombres y mujeres construyeron familias con jóvenes y jovencitas xalapeñas creando hombres de bien que hoy son xalapeños artistas varios de ellos que dominan diferentes instrumentos musicales formando parte del inmenso caudal artístico que hoy surge en la UV.
La obra que hoy se estrenó en Xalapa y que fuera escrita por RS para la orquesta del Liceum Muzyczne en Bielsko-Biala, de Polonia, orquesta que la estrenó en aquel país europeo el mismo año. La obra ya ha sido interpretada por varias orquestas mexicanas en diferentes ciudades del país. Sin embargo, en Xalapa se interpreta por vez primera,
La obra: Rapsodia Comca´ac (Ceremonial Seri para orquesta), es una fantasía basada en una canción conocida como Le pen ui coos de la etnia Seri de Sonora y recopilada por el etnomusicólogo Francisco Domínguez en 1933 y publicada en 1962 por el Instituto Nacional de Bellas Artes en el libro Investigación folklórica de México. El vocablo Comca´ac significa “la gente” en el idioma Seri. El espléndido arreglo que logra Ryszard Siwy, que involucra intensamente a los instrumentos de aliento y de percusiones de manera integral y que, en los atrilistas profesionales de la OSX se logran interpretaciones de un gran virtuosismo para el goce del público que escuchábamos con gran interés. La entrega del público no se hizo esperar, sobre todo al término de la ejecución, cuando el director presentara al maestro polaco ante el público, que se entregó en un intenso aplauso que emocionó al gran músico por su obra presentada, el maestro que ha formado en la facultad de Música a muchos jóvenes compositores.
Y vinieron los valses.
De la mano segura y certera, profesional de Martín Lebel, llegó Richard Strauss, quien para su ópera El Caballero de la Rosa que se desarrolla en Viena, recurrió al vals para darle una ambientación local exitosa, lográndola gratamente.
Siguió Johann Strauss, con su vals emperador, vals fundamental de la Viena eterna.
Siguió el mexicano Enrique Mora con su Vals Alejandra, saludado con gusto por el gran público allí presente.
Luego Felipe Villanueva y su Vals Poético.
Juventino Rosas con Sobre las Olas.
Macedonio Alcalá, con el así llamado “himno oaxaqueño”. Dios nunca muere.
La locura era manifiesta; los aplausos no paraban; el maestro Martín Lebel, orgulloso de sus músicos, pedía ponerse de pie a los atrilistas espléndidos y distinguidos por su ejecución.
Vino entonces Jacques Offenbach con su inmortal vals Barcarolle, de los cuentos de Offman.
Ya era la locura.
Dirigió entonces una polka de johann Strauss: Tritsch-tratsch y el entusiasmo en constante ascenso.
La alegría del director no podía esconderse.
Toma el micrófono que tenía sobre su atril y nos dice:
“Les tengo una sorpresa” el fin de fiesta se acercaba:
y se arranca:
Desde Montmartre empecé a ver Paris y a Pigalle, abajo, con la marquesina del Moulin Rouge a todo color:
El Can-can en la Tlaqná enloquecía al público.
Ceca de medio millar de músicos tocando con enorme calidad la pieza musical perenne que, durante muchos años, ha enloquecido al Mundo con la belleza indispensable de la mujer francesa.
Concierto inolvidable, sin duda, el del 16 de enero.
El gran público asistente a la sala, en la que no cabía nadie más, poco a poco empezó a salir.
Todos, en el lobby, comentaban el concierto con alegría y satisfacción.
¡Larga y eterna vida a la Universidad Veracruzana!
¡Que viva siempre la música!

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