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Conservadurismo libertario / A Estribor

Conservadurismo libertario / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

En apariencia, el conservadurismo libertario suena a contradicción. No lo es. Es, en realidad, una definición bastante precisa de una corriente que defiende al individuo frente al poder, la vida frente a la arbitrariedad y la propiedad frente a la voracidad del Estado. Libertario no significa caos ni capricho; significa límites claros al poder político y respeto absoluto a la libertad individual.

El libertario defiende la vida, la propiedad y la responsabilidad personal. No se opone a lo que cada quien quiera hacer con su propia existencia, siempre y cuando no pretenda imponerle a los demás sus decisiones ni trasladarles el costo. Porque ahí está el punto clave que suele ocultarse: todo nuevo “derecho” creado por decreto tiene un pagador, y ese pagador es siempre el contribuyente.

LA ECONOMÍA DE LA LIBERTAD

En lo económico, el conservadurismo libertario apuesta por la apertura de los mercados, la reducción de impuestos, el equilibrio fiscal y la generación de riqueza como condición indispensable para el bienestar social. No hay prosperidad sin empresas, no hay empleo sin inversión y no hay inversión sin reglas claras, seguridad jurídica y un Estado que no castigue al que produce.

Aquí no hay misterio ni ideología: los países que han prosperado lo han hecho incentivando el emprendimiento, la iniciativa privada y la competencia. El superávit fiscal no es una obsesión contable, es un acto de responsabilidad intergeneracional. Gastar sin producir solo hipoteca el futuro.

EL FRACASO DEL ASISTENCIALISMO

Las políticas asistenciales, vendidas como justicia social, han terminado por generar dependencia, clientelismo y quiebras estructurales. América Latina es el ejemplo más elocuente: Estados sobredimensionados, economías estancadas y sociedades atrapadas en la pobreza que supuestamente se quería erradicar.

El libertario no es insensible; simplemente entiende que sin creación de riqueza no hay nada que redistribuir. La caridad obligatoria vía impuestos no es virtud: es coacción.

RAÍCES PROFUNDAS DEL CONSERVADURISMO

El conservadurismo no nace ayer ni es una reacción improvisada. En Occidente hunde sus raíces en un proceso civilizatorio largo y complejo: Grecia, Roma y el cristianismo. De ahí surgen la noción de persona, el valor de la ley, la idea de límites al poder y la dignidad del individuo.
Eso es precisamente lo que la cultura woke y el progresismo radical buscan socavar: no una política concreta, sino la arquitectura completa de principios y valores que sostiene a nuestra civilización. No es casualidad; es un proyecto deliberado de deconstrucción cultural.

AUTORES Y TRADICIÓN INTELECTUAL

Pensadores como Roger Scruton explicaron con claridad que conservar no es inmovilizar, sino proteger aquello que funciona y da sentido a la vida en común. Scruton entendía que sin tradición, sin pertenencia y sin responsabilidad moral, la libertad se vuelve una palabra vacía.

En el terreno económico, las ideas de la Escuela Austriaca siguen siendo fundamentales: Ludwig von Mises y Friedrich Hayek demostraron que ningún burócrata puede sustituir al conocimiento disperso de millones de individuos actuando libremente en el mercado.

A ellos se suman pensadores contemporáneos que, desde distintos enfoques, han defendido la economía de mercado como motor de prosperidad, entre ellos Milton Friedman, quien dejó claro que la libertad económica es condición necesaria —aunque no suficiente— de la libertad política.

ORDEN, LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

El conservadurismo libertario no propone volver al pasado ni imponer una moral oficial. Propone algo mucho más sencillo y, a la vez, más exigente: orden con libertad y libertad con responsabilidad. Menos Estado donde estorba, más Estado donde es imprescindible; menos ideología, más realidad.

Tal vez por eso incomoda tanto. Porque no promete paraísos, no reparte culpas ajenas y no vende utopías.

Solo recuerda algo que hoy parece subversivo: que las sociedades libres se construyen respetando al individuo, no sometiéndolo.

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