Sr. López
Contaba la abuela Elena, la paterno autleca, que unatía suya, hermana de su mamá, se “juntó” con uno de sus caporales, el más montuno y rudo, porque al enviudar quedó con catorce hijos varones, un rancho que se medía en jornadas a caballo y todo, hijos y rancho, era un despelote, pero ya con el caporal de valedor suyo: -Ella daba las órdenes y el bruto ese, las hacía valer -bueno, cada quien.
Es innegable el progreso material. En 1900 el 85% de la población mundial estaba en extrema pobreza; en 2024, el 8%, según Banco Mundial y la ONU. Nunca ha habido menos hambre en el mundo: en el año 2024, Unicef reportó que el 8.2% de la población mundial padece hambre, frente a las hambrunas recurrentes de principios del siglo pasado, con millones de muertes (millones), en los cinco continentes. En resumen: en 1900 el promedio de esperanza de vida en el mundo era de más o menos 32 años, actualmente, 73 añitos, nada mal. Se ha progresado, sin duda… en lo material.
Pero, sin pose pesimista, es un hecho que en lo no cuantitativo, el mundo ha cambiado y parece que al menos en parte, no para bien. En no todos pero sí en muchos países ya no hay una identidad ideológica coherente y sí una creciente erosión del orden interno, con sociedades desarticuladas, disolución de los valores tradicionales, fractura de la familia, distorsión de las costumbres y una criminalidad rampante, global, nunca antes vista.
Si se busca una explicación, observando los hechos mondos y lirondos, se topa uno con un factor común: se ha expulsado a la religión de la vida pública, se haabolido la religión, las religiones, las verdaderas, que no son todas, sino aquellas que buscan religar al hombre con lo sagrado (el numen), y se concretan en costumbres y culto institucionalizado.
No se trata de soltar un sermón, no, este menda no es quién para ello, ni puede. El asunto es reflexionar en una verdad como un templo: nuestra especie, desde la noche de los tiempos, se organizó y condujo mediante la compleja interacción entre la religión y quien gobernaba.
De jefes de tribu y chamanes, pasando por sacerdotes y reyes, hasta el yanqui “En Dios confiamos” (‘In God we trust’), y al Rey del Reino Unido como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, la anglicana, siempre una junto a lo otro, porque se crea o no en la religión, es la única manera conocida de conseguir que el individuo se refrene y sujete su comportamiento a cuando menos, el respeto de los demás, dada la imposibilidad de poner un policía a vigilar a cada persona. La religiónes el fundamento primero del orden social, de las leyes, del derecho, que norman la vida común.
El código legal más antiguo que se conoce, 2100 a.C., es del rey de Sumeria y Acadia, Ur-Nammu, que dijo que se lo dictó, Nanna, su dios lunar; nada de que nadie dijera que no estaba de acuerdo… era voluntad divina.
Igual el rey Hammurabi promulgó su Código en 1754 a.C., con un preámbulo que reza: “Anu (dios supremo del cielo) y Baal (dios de Mesopotamia), me llamaron por mi nombre, Hammurabi, príncipe exaltado (de gran dignidad), que teme a Dios, para establecer el gobierno de la justicia en la tierra, para destruir a los malvados y a los malhechores; para que los fuertes no dañen a los débiles; para que yo gobernara sobre la gente de cabeza negra (así se denominaban a sí mismos los habitantes de Mesopotamia), como Shamash (su dios del sol), e iluminara la tierra, para promover el bienestar de la humanidad”. No lo decretó por sus pistolas.
Y por cierto, hablaba de promover el bienestar, hace 3,780 años, digo, para que moderen sus autoalabanzas cuatroteras nuestros transformadores de la patria; y de la destrucción de malvados y malhechores, nada de abrazos… y su memoria ha perdurado milenios (no un sexenio y cacho).
Un ejemplo más, hay registro escrito desde el 1046 a.C. de que en China estaban fusionadas las creencias religiosas y las leyes, y de la creencia de que sus gobernantes, “hijos del cielo”, eran elegidos por los dioses.
En la antigua Roma, no había separación de religión y Estado, los césares eran supremos sacerdotes, “pontifex Maximus”, el máximo constructor de puentes entre la gente y los dioses. Y es a esa Roma imperial (Constantino), que Occidente y el mundo, deben la implantación del cristianismo que se crea en él o no, bien estudiado es la más acabada, completa, expresión de valores humanos y de la dignidad igual de las personas, cimiento de leyes y humanismo real. La historia de nuestra especie no sería igual sin cristianismo (se crea o no en su dogmática)… y algo ha pasado. Mire:
Según la Oficina Europea de Estadística, Eurostat, los cristianos practicantes oscilan entre 5% y 10% de la población, su identidad cristiana es residual, meramente cultural. En 2024, en los EU (Oficina del Censo), el 53% no practica ninguna religión (en 1930,era el 30%). Los estudiosos de estas cosas, encuentran que el alejamiento de la religión, se acompaña de rechazo a los valores tradicionales de la familia y la sexualidad: no hay una moral compartida por la sociedad.
Esto no empezó con la ruptura de los protestantes, sino en 1789 con la Revolución Francesa, pero fue hasta 1905 que se consumó con la ley de separación de la iglesia y Estado para proteger a este del integrismo cristiano… bueno, ahora a ver si les alcanza contra el integrismo musulmán.
Fue en Iberoamérica que se avanzó en la demolición de la religión antes que en Europa, con los movimientos de independencia del siglo XIX, subsumidos en masonería británica, antiespañola. México, estelarmente con las Leyes de Reforma.
Al eliminar la religión (se crea o no), de la vida del individuo y de la vida pública, se nos ha desmoronado la estructura de la sociedad: los valores son relativos y la familia no se organiza con manuales de autoayuda ni cursos ‘on line’. No se tira lo que funciona por viejo que sea ni sin sustituto viable.
El precio global inesperado, es la criminalidad creciente que no se resolverá, así es nuestra especie, sin familia ni sin Dios.