Manuel Ruiseñor Liévano
Educación y desarrollo son un binomio con implicaciones fundamentales de orden económico, político y social para el bienestar de las naciones. Con ese entendido, los resultados obtenidos en la evaluación internacional nos merecen análisis y consideración, a efecto de apoyar en algún modo la toma de decisiones adecuadas, por parte de los responsables directos o indirectos del proceso educativo.
Lo anterior se deriva del informe llamado Education at a Glance 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), publicado recientemente, el cual y en primera lectura señala que “México enfrenta uno de sus mayores retos estructurales en materia educativa, por causa de que los universitarios del país no se titulan y el gobierno invierte escasos recursos en la educación”.
Los datos indican que el país se ubica en el postrero lugar entre las naciones miembro de la Organización en porcentaje de jóvenes con título universitario, además de registrar —léase bien— una de las inversiones más bajas por estudiante en todos los niveles educativos.
Para documentar nuestro optimismo (Monsiváis dixit), el reporte indica que 4 de cada 10 jóvenes en México no concluyen la educación media. Mientras que en promedio, solo el 13 por ciento de los jóvenes adultos en los países miembros carece de este nivel educativo, siendo que en el país la proporción de mexicanos sin educación media superior alcanza el 41 por ciento.
LOS UNIVERSITARIOS TITULADOS
A todo esto, solo el 22% de los jóvenes mexicanos cuenta con un título universitario, una cifra que coloca al país —ya decíamos— en el último lugar de la OCDE, empatado con Italia. Un porcentaje muy por debajo del promedio de la organización, que se sitúa en 42%, lo que evidencia el tamaño de la brecha educativa entre las 38 naciones de ese organismo, incluido México, “cuyas economías abiertas son avanzadas y emergentes, comprometidas con la democracia y el estado de derecho”.
A diferencia, señala el reporte, los países con mayor proporción de universitarios titulados son:
Canadá: 65%; Irlanda: 58%; Japón: 57%; Corea del Sur: 56%; Luxemburgo: alrededor del 54%.
En la parte baja de la tabla, junto a México, se encuentran: Costa Rica: 25%; República Checa y Turquía: 27% e Italia y México: 22%.
Datos sin duda reveladores de las limitaciones estructurales en el acceso, permanencia y conclusión de estudios universitarios, especialmente para jóvenes de bajos ingresos. Limitaciones como las probabilidades que tienen de titularse si sus padres no cuentan con estudios.
Y es que apenas el 15% podrán lograrlo, pero si no tienen estudios formales, solo se podrán titular el 14.5%. Cabe añadir que la probabilidad aumenta a un 63.4% a condición de que uno de los padres posea título universitario.
Menos alentador es el hecho de saber que “incluso cuando un mexicano logra titularse de una licenciatura, el acceso a estudios de maestría o posgrado sigue siendo limitado, ya que solo dos de cada cien jóvenes en el país alcanzan este nivel educativo. En contraste, el promedio de la OCDE es de 16%, mientras que en México esta proporción apenas representa el 2%”.
INVERSIÓN EDUCATIVA
En materia de recursos destinados a la educación pública, el reporte por igual señala que México se encuentra entre los países de la OCDE que menos invierten en educación en proporción a su Producto Interno Bruto (PIB). Resulta así que mientras que el promedio del organismo es de 4.7% del PIB, México destina 4.3%, quedando por debajo de la media.
Los países que más invierten en educación son: Noruega: 6.2% del PIB; Israel: 6.1%; Suecia: 5.3%. En contraste, los países con menor inversión son: Irlanda: 2.8%; Hungría: 3.4% e Italia: 3.9%.
A pesar de que México no ocupa el último lugar en este rubro, su inversión —sostiene la OCDE— es insuficiente para atender la demanda educativa de una población joven aún numerosa.
Otro de los aspectos más duros del informe es la inversión consignada por estudiante universitario. México ocupa el lugar 37 de 37 países analizados, con un gasto anual de apenas 4 mil 430 dólares por alumno, lo que representa 70% menos que el promedio de la OCDE, que asciende a 15 mil 102 dólares.
Comparativamente, los países que más invierten por estudiante universitario son:
Luxemburgo: 54,384 USD; Suiza: 32,505 USD; Noruega: 27,256 USD; Dinamarca: 24,113 USD y Suecia: 24,044 USD.
En el colmo de los rezagos educativos del país a nivel de la educación superior, también la situación se repite en los niveles preuniversitarios.
Finalmente, tenemos que en educación básica y media superior, México invierte 2 mil 790 dólares por estudiante, frente a un promedio OCDE de 13 mil 210 dólares, lo que limita la calidad educativa desde las primeras etapas de formación.
A MANERA DE COLOFÓN
El debate en torno a las relaciones entre sociedad, educación
y desarrollo, debe ser abierto y permanente. Vivimos tiempos en los cuales la humanidad requiere de la toma de decisiones para asumir una actitud proactiva y de preparación para la construcción de un futuro mejor.
Formar ciudadanos íntegros y comprometidos con el cambio, es una responsabilidad social que ha de cuidarse en extremo. ¿México en el sótano de la educación? Usted tiene la última palabra.