Ernesto Gómez Pananá
Pertenezco a la generación X. En 1985, en las clases de ciencias sociales se hablaba de la Segunda Guerra Mundial acontecida 40 años antes y por mucho, un suceso de profundo impacto en la historia de la humanidad.
Entre 1985 y el 2025 recién concluido, se sucedieron infinidad de hechos violentos significativos, Afganistán, Líbano, Irán, Irak, Kuwait, Nicaragua, Mozambique, Angola. Todo en el marco de la Guerra Fría y un tablero internacional polarizado, tenso pero estable.
Para fines de los ochentas, la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética dieron paso a una hegemonía norteamericana no menor, aunque en algún sentido respetuosa de los acuerdos con las potencias europeas, Alemania, Francia, Reino Unido, y desde luego con China, jugador emergente y desafiante en el nuevo escenario.
Pocas veces un año inicia con tal sacudida geopolítica como el 2026, una muestra de que nos toca vivir un momento de la humanidad complejo y dramáticamente incierto:
Hace justo una semana, la madrugada del sábado 3, tuvimos noticia del operativo militar norteamericano que permitió capturar al entonces presidente venezolano y a su señora esposa. Una incursión quirúrgica, con bajas menores, perfectamente planeada y organizada.
Hoy, el matrimonio Maduro se encuentra preso en Nueva York, en Venezuela la presidencia la ocupa Delcy Rodríguez-la anterior vicepresidenta- y el presidente Trump ha anunciado que el poder real y las determinaciones de fondo en esa nación se toman en la Casa Blanca.
Es claro que como presidente, Maduro es indefendible y sin lugar a duda era un dictador, pero es claro también, y aquí la parte verdaderamente preocupante -y desafiante- en el futuro inmediato, es claro que la operación militar norteamericana contraviene todos norma del derecho internacional y con el mango del sartén en manos de Trump, trastoca el precario equilibrio geopolítico internacional en al menos dos sentidos. Explico.
El primero, desde lo internacional, implica que, al intervenir los Estados Unidos en Venezuela de la manera que lo hicieron, automáticamente legitiman operaciones similares para que los mismo norteamericanos se apropien por la fuerza de Groenlandia, como ya ha dejado ver Trump, y de la misma forma valida la apropiación rusa de Crimea y Óblasts, valida de igual forma que Israel termine de aniquilar a los habitantes de Gaza, se apropie del territorio palestino y aniquile a esa nación; valida también la apropiación total de Taiwán por parte de la República Popular China. Si mi par poderoso lo hace y yo no digo nada, propicio que cuando yo lo haga, la comunidad internacional -la de las naciones poderosas- haga mutis, deje hacer y deje pasar. Un país puede llegar a otro país y decidir cuándo y cómo y quién gobierna, a quien vende sus materias primas y decidir cuándo quién puede recibir apoyos. Terrible.
Pero más preocupante aún resulta nuestro caso, el caso de México, con nuestra enorme frontera común y nuestra profunda correlación política y económica, todo ello mezclado con el narcisismo trumpista que nos mete en un vértigo en el que no hay forma de garantizar que no despertaremos un día con la noticia de bombardeos de aviones militares norteamericanos en regiones de nuestro país, que no despertaremos un día con un cerco naval a buques petroleros nacionales, que no despertaremos con el desconocimiento del habitante de la Casa Blanca al poder ejecutivo nacional -a nuestra presidenta- o que no despertaremos con la noticia de que Yucatán o la península de Baja California resultan estratégicas para el señor Donald Trump y que amenaza con que o le vendemos el territorio a la buena o nos lo agandalla a la mala. Y aquí el abanico de posibilidades se abre a la infinita creatividad patológica del presidente norteamericano. Nuevamente un escenario tremendamente preocupante para n el que no tenemos garantía alguna.
Oximoronas 1. Queda constancia de que en el episodio 1 de la temporada 2 de #EntreSemanaPodcast, anticipamos los alcances inéditos de Trump en su 2o periodo. El pronóstico es preocupante.
Oximoronas 2. Un nuevo escudo para Chiapas. Lo dicho: preferible un ejecutivo estatal que se involucre en todos los asuntos, a uno innombrable encerrado en palacio. El escudo anterior era símbolo ciertamente histórico, intocable, estático e inmaculado. ¿El nuevo escudo pudo ser más incluyente o más consensuado? Sin duda, pero determinaciones políticas como esta, suelen darse de esa manera y no dejan conforme a todo el mundo. Sigamos marchando con paso gigante hacia la gloria.
Oximoronas 3. El mejor año para los pacientes, generosos y amables 21 lectores de esta su semanal columna. Gracias siempre por su lectura y comentarios.