Álvaro Indili
Desde el Centro Cultural del Soconusco y la Casa de Cultura de Tapachula del CONECULTA Chiapas, dieron inicio las actividades culturales de este 2026 con un homenaje a Juan Rulfo, escritor mexicano nacido el 16 de mayo de 1917 en Apulco, Jalisco, cuya obra transformó de manera definitiva la literatura nacional y universal.
En el marco del 40 aniversario luctuoso del autor, se realizó una charla con el maestro Luis Fernando Álvarez Ruiz, integrante de la Fraternidad Literaria Bajo el Palo de Mango, lector apasionado y colaborador constante del Centro Cultural, quien reflexionó sobre la vigencia, profundidad y trascendencia de una de las voces más importantes de las letras mexicanas.
Juan Rulfo, cuyo nombre completo fue Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, dejó un legado literario breve en extensión, pero inmenso en significado. Es autor de obras fundamentales como El llano en llamas, integrado por 17 cuentos donde el silencio, la tierra, el abandono y la memoria se convierten en protagonistas; Pedro Páramo, novela imprescindible cuya fuerza narrativa ha trascendido generaciones y que hoy también llega al cine; así como el guion de El gallo de oro, muestra de su talento en la escritura cinematográfica.
Durante la charla, el maestro Álvarez Ruiz compartió su experiencia personal como lector de Juan Rulfo, destacando que acercarse a su obra es una vivencia profunda. Subrayó que, si bien Gabriel García Márquez es reconocido como una de las grandes figuras del realismo mágico, Juan Rulfo fue anterior y ya contenía el germen de este estilo, influyendo de manera decisiva en el Boom Latinoamericano.
Recordó también la importancia del escritor Efrén Hernández, quien impulsó a Rulfo a escribir y publicar su obra, y a quien el propio autor reconoció siempre como su gran maestro. Con tan solo dos libros, Rulfo logró un reconocimiento mundial que no necesitó premios para consolidarse como eterno.
Otro aspecto relevante de su vida fue su pasión por la fotografía. Gracias a su trabajo como vendedor de neumáticos, Rulfo recorrió diversas regiones del país, capturando imágenes de gran valor artístico. Se estima que dejó más de seis mil negativos, muchos de ellos aún poco conocidos, que revelan su mirada sensible y profunda sobre México. Al referirse a El llano en llamas, publicado en 1953, el maestro Álvarez destacó que cada cuento está cuidadosamente construido, con un lenguaje preciso y escenarios conmovedores, reflejo de las vivencias de infancia del autor, marcadas por la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera y su paso por un orfanato, experiencias que forjaron su carácter reservado y su visión del mundo.