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Konrad Adeneur

Konrad Adeneur
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José Antonio Molina Farro

El único hombre que tiene vocación para la política es aquél que tiene la certeza de que su espíritu no se quebrará si el mundo, mirado desde su punto de vista, es demasiado estúpido o ruin para aceptar lo que él desea ofrecerle, y que ante toda esa obstinación, pueda seguir diciendo ¡Incluso así! A pesar de todo.

MAX WEBBER

Cualquier sociedad independientemente de cual sea su sistema político se encuentra en un tránsito perpetuo entre su pasado que conforma su memoria y una visión del futuro que inspira su evolución en ese recorrido el liderazgo es indispensable: hay que tomar decisiones, ganarse la confianza, mantener las promesas, proponer una forma de avanzar. Se necesita el liderazgo para ayudar a las personas a ir desde donde están a donde nunca han estado. Los líderes tienen que ser didácticos: comunicar los objetivos, mitigar las dudas y movilizar apoyos. Ese equipo que le rodea es el complemento visible de la vitalidad interior del líder, le proporciona apoyo en su camino y hace más tolerables los dilemas de la toma de decisiones. Los líderes pueden verse magnificados o debilitados por las cualidades de quienes le rodean. Los atributos que necesita un líder son la valentía y el carácter para elegir una dirección compleja y difícil y la fuerza de carácter para mantener un curso de acción cuyos beneficios y peligros aún se vislumbran de forma incompleta.

ANDREW ROBERTS. Nos recuerda que, “aunque la idea más común de liderazgo connota una bondad inherente, el liderazgo es, en realidad, completamente neutral desde un punto de vista moral, tan capaz de llevar a la humanidad al abismo como a las tierras altas iluminadas por el sol. Es una fuerza proteica de un poder aterrador que debemos tratar de orientar hacia fines morales”.

Aclaro que la siguiente reseña es de Henry Kissinger, historiador de primer orden y uno de los principales estrategas políticos del siglo XX, que conoció y estuvo implicado en los acontecimientos que a continuación se relatan, con algunos matices de quien esto escribe:

Después de la Segunda Guerra Mundial la tarea de devolver la dignidad a una sociedad machacada recayó en Adenauer que había sido alcalde de Colonia durante dieciséis años, antes de que Hitler la destruyera. Por suerte Konrad fue elegido por sus antecedentes para un papel que requería al mismo tiempo humildad para gestionar las consecuencias de una rendición incondicional y fuerza de carácter para lograr que su país recuperara su posición internacional entre las democracias. Se enfrentó en el mundo a un legado de resentimiento y, en casa, a la desorientación de una sociedad golpeada por una larga secuencia de revolución, guerra mundial, genocidio, derrota, partición, colapso económico y pérdida de la integridad moral. Eligió al mismo tiempo un camino humilde y audaz: confesar las atrocidades alemanas; aceptar las penas de la derrota y la impotencia, incluida la partición de su país; permitir el desmantelamiento de su base industrial como reparación de guerra y procurar, mediante la sumisión, la construcción de una nueva estructura europea en la que Alemania pudiera convertirse en un socio fiable. Adenauer tenía la esperanza de que Alemania se convirtiera en un país normal, aunque siempre, sabía, tendría una memoria anormal.

Adenauer nació el 5 de enero de 1876. Un demócrata pragmático e incansable unificador. Como primer canciller de la recién formada República Federal de Alemania, entre 1949 y 1963, influyó más que nadie en la Alemania y la Europa de posguerra. En este periodo, Alemania Occidental fue separada políticamente de Alemania Oriental. Un hombre excepcionalmente calificado para liderar a su país en los arduos años de recuperación del caos al que Hitler y su loca filosofía habían reducido al país.

Pero cómo encontrar un papel en su país, que se encontraba moralmente devastado, económicamente inestable y políticamente colapsado. Mientras reconocía la sumisión de Alemania, anunciaba como objetivos nacionales el establecimiento de una federación con los adversarios históricos de su país en Europa y una alianza con los Estados Unidos. Sin florituras retóricas enfrentó el reto de devolver a su país al orden internacional. Sus vecinos no aceptaban a Alemania como un igual, estaba “a prueba”. La estrategia de humildad de Adenauer se componía de cuatro elementos: aceptar las consecuencias de la derrota, recuperar la confianza de los vencedores, construir una sociedad democrática y crear una federación europea que trascendiera las divisiones históricas de Europa. El Plan Marshall fue un coadyuvante fundamental para alcanzar esos objetivos.

Cuando Corea del Norte invadió Corea del Sur. Eisenhower insistió en que la defensa de Europa no podía darse sin la participación alemana. A E. U. le interesaba que Alemania volviera a ser fuerte y, junto con el Reino Unido, propusieron formalmente el rearme alemán en 1950. Logró su meta subyacente: poner fin a la ocupación de Alemania. Fue más allá. Como símbolo de arrepentimiento y como puente de reconciliación con el pueblo judío, le entregó barcos, herramientas, trenes, coches, equipamiento médico, etc. además de restituciones pagadas a los supervivientes de la persecución racial y religiosa nazi. Fue, sin duda, la culminación del esfuerzo histórico de un grandísimo estadista.

CHARLES A. BEAR. “Nadie puede negar que la idea es fascinante… la idea de someter el fenómeno de la política a las leyes de la causa y el efecto; de resolver el misterio de su transformación; de simbolizar la trayectoria de su vida futura, en una palabra, de tomar el destino por los cabellos y postrarlo en el suelo. La sola idea, por sí misma, es digna de los dioses inmortales… aunque nada surja nunca de ella, su sola existencia fertilizará el pensamiento y enriquecerá la imaginación”.

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