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Pronóstico reservado / La Feria

Pronóstico reservado / La Feria
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Sr. López

Éramos todos niñitos y no nos llamaba la atención que tía Flaca (Eulalia), en las comidas familiares siempre estaba en la “mesa de niños”. Era una viejita divertida y la queríamos. Bueno, ya grande este menda y difunta tía Flaca, se acordó y preguntó el por qué a la abuela Virgen, la de los siete hijos, y dijo: -No era mala, pero deshizo matrimonios, enemistó compadres, provocó pleitos en la familia… metía mucho la pata -¡vaya!

Este lunes, la Presidenta fijó postura respecto de la barbajanada del Trump en Venezuela: “Estados Unidos llevó a cabo una intervención directa, con la captura de Nicolás Maduro y su esposa”. ¿Ya ve, seño?, necesita que la asesoren: se equivocó de verbo, se capturan delincuentes. Es lo de menos, disculpe, son cosas de cuando se enseñaba español en la escuela.

El final de su declaración sí fue preciso: “(…) México rechaza de manera categórica la intervención en asuntos internos de otros países”. Era hasta ahí, doñita. Pero no, ayer volvió al trigo:

“En este caso ya detenido el presidente Maduro, lo que uno pide es juicio justo (…)”. De veras, no son ganas de molestar, que la asesoren, lo de ella es la física (y se nota). Si se pide juicio justo se acepta la jurisdicción y la legalidad del juicio y aunque en opinión de este menda el tal Nicolás Maduro merezca siete hogueras, son ilegales su detención y su juicio. Al paredón sin fingimientos de legalidad.

Ante los actos de fuerza de las potencias, son papel mojado los principios de derecho, los tratados y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero bien podría nuestro gobierno invocar su artículo 9: “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”, como es el caso. No serviría de nada, pero no meterían la pata.

El juicio a Maduro es una parodia. Todo aquél debidamente destetado, sabe que tiene menos posibilidad de salvarse de ese juicio que una novicia de doce piratas recién desembarcados después de cinco años sin tocar tierra. Cero. Maduro, se defienda como se defienda, será declarado culpable y lo van a enchiquerar muy largos años si no es que el resto de su vida. Así es el modo del tío Sam. Que lo merezca o no el Maduro es otra cosa (lo merece).

Maduro ya tiene abogados, buenos abogados, de los caros (robó suficiente, no se apure). Lo primero que obligadamente alegaran sus defensores, será que goza de inmunidad de jefe de Estado, por la antiquísima doctrina internacional de la inmunidad soberana, que reconoce la Constitución de los EU en su Undécima Enmienda, pero pierden su tiempo por dos razones:

La primera: porque los EU no reconoce ni reconoció como Presidente de Venezuela al usurpador, dictador, bandido y tontón Maduro. En los hechos lo era, pero el tío Sam teje calceta con alambre de púas, no le importan los detallitos.

La segunda: porque aunque lo hubiera reconocido como jefe de Estado, igual está sellado su destino. No hay manera de obligar a los EU a soltarlo, así actúan las potencias, Putin en Rusia tiene por ahí de 1,300 presos políticos, a ver, oblíguenlo a soltarlos.

El sabido caso del dictador de Panamá, Manuel Noriega, es casi idéntico al del Maduro. En 1988, los EU lo acusaron de actividades de narcotráfico internacional; Noriega lo negó sintiéndose protegido porque las leyes de Panamá prohibían la extradición.

En 1989, los EU invadieron Panamá (‘Operación Causa Justa’), y se lo llevaron para ser juzgado en un tribunal de Florida. Noriega (sus abogados, se entiende), alegaron su inmunidad como jefe de Estado, el juez, aguantándose la risa, aclaró que su país no lo reconocía como jefe de Estado porque era un dictador… cosa más rara, Richard Nixon, Gerald Ford y James Carter, reconocieron como jefe de Estado del Panamá a Omar Torrijos, también dictadorde Panamá y con toda la barba.

Sea como sea, Noriega se pudrió en la cárcel el resto de su vida, primero 17 años en EU que lo extraditó a Francia que lo tuvo preso y lo extraditó a Panamá donde siguió en la cárcel, de la que salió por cosas de salud, en arresto domiciliario a los 83 años de edad, hecho trizas. Con el imperio no se juega.

Los EU acomoda sus leyes como mejor les conviene para cumplirlas, a ellos les importa creer que cumplen la ley, es su moral formal, calvinista, y por lo mismo a veces son casi ingenuos (o tal vez cínicos), al explicar las barbaridades que hacen. Y en esto de sacar de otro país a balazo limpio a un jefe de Estado (malo, bueno o malísimo), no les da pudor explicar qué criterio aplican

Por ahí de 1994, ante tribunales de los EU, una señora Gladys Lafontant acusó por la vía civil al presidente de Haití, Jean Bertrand Aristide, por el homicidio de su esposo; Aristide era amiguito del tío Sam. El tribunal yanqui abanicándose con la demanda resolvió desestimar el caso, homicidio o no homicidio, por su“inmunidad como jefe de Estado por actos cometidos durante su mandato”.

Con ese motivo el Departamento de Justicia yanqui explicó por escrito que el reconocimiento de la inmunidad soberana como jefe de Estado por parte de los EU, se finca en una “decisión del órgano ejecutivo de los Estados Unidos basada en los intereses de la política exterior hacia naciones amigas”. A escoger, ingenuos o cínicos.

Se insiste: Maduro merece siete hogueras, pero lo de EU es una salvajada.

Nuestro problema es que la Presidenta sigue hablando del caso Maduro. Ayer soltó una declaración-bomba:

“Es muy importante incluso para toda la propaganda que ha habido en contra de Venezuela o para aquellos que no están de acuerdo con el régimen de Maduro o el chavismo en Venezuela, eso es una cosa, y otra cosa es que una potencia, un país, utilice la fuerza para llevarse a un Presidente, eso no podemos estar de acuerdo nunca. Es un asunto de soberanía del pueblo de Venezuela, como lo es de México o como lo es de cualquier país del mundo, no puede aprobarse eso (…)”.

¿Propaganda?… se le salió. Señito, no defienda al castro-chavismo, las metidas de pata siendo Presidenta de México, son de pronóstico reservado.

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