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Faltó convicción, talento y profundidad

Faltó convicción, talento y profundidad
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Edgar Hernández Ramírez

Fui de los que, en la discusión pública, estuvieron a favor de los cambios en el escudo de Chiapas. En este mismo espacio expuse mis argumentos sobre por qué era necesario refundar un emblema institucional que había quedado rebasado por una realidad política y cultural muy distinta de aquella que le dio origen.
Sin embargo, debo decir con sinceridad que el resultado conceptual y estético del nuevo escudo me decepcionó. Todo lo pertinente y positivo de la idea —a pesar de la polémica— no se plasmó adecuadamente en la imagen aprobada por 38 de los 40 legisladores del Congreso local.
Creo que las diputadas y los diputados integrantes de las Comisiones de Educación y de Cultura, responsables de la elaboración del dictamen, no tuvieron la visión ni el arrojo de proponer un diseño auténtico, original y reconocible, que justificara la audaz y controvertida propuesta de modificar el escudo chiapaneco.
También me parece que, ante las fuertes críticas de quienes estuvieron en desacuerdo, tuvieron temor de impulsar un cambio conceptual profundo que incorporara con claridad nuevos elementos distintivos y que dotara al escudo de una personalidad propia y genuina. En cambio, lo que nos entregaron fue una imagen similar al antiguo escudo, con simples sustituciones de elementos que no expresan de manera contundente ni diferenciada el nuevo simbolismo que se pretendía plasmar.
La falta de decisión y de criterios estéticos ya tuvo sus costos en las redes sociales. En lugar de contar con un escudo respetable que provocara sentimientos de identidad y apropiación colectiva, hoy es objeto de mofa. El nuevo escudo de Chiapas nació sin carácter y con poca legitimidad social.
Modificar un símbolo no es un ejercicio menor ni meramente decorativo. Implica una toma de postura histórica, cultural y política. Si se decidió hacerlo, debió asumirse con convicción, talento y profundidad, no a medias ni con miedo al disenso. De lo contrario, el intento de modernización termina vaciado de sentido y expuesto al descrédito.

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