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El controvertido poliamor / Al Sur con Montalvo

El controvertido poliamor / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo

Querida Ana Karen, 

En cuanto entró a la cafetería, supe que Amanda venía furiosa por algún motivo. 

—Te ves muy desencajada, bastante brava. ¿Sucedió algo?

—Es mi sobrina. Una cosa es ser bisexual, y otra muy distinta es asumirse como poliamorosa. Imagínate lo que va a pensar la gente. No comprendo esta moda actual.

—Si, es un tema complejo, pero el poliamor no es moda actual, se ha practicado desde el origen de la humanidad, aunque nadie le llamaba poliamor. El término lo popularizó una revista femenina cuando publicó el poema de Morning Glory Zell-Ravenheart, titulado “A Bouquet of Lovers”. No sé por qué te alarmas tanto, siendo tú tan liberal, Amanda.

—Pues una cosas es reconocerlo como algo que sucede desde los años 60 como estilo de vida de feministas, anarquistas y socialistas; pero otra cosa es vivirlo en la familia. Me cuesta aceptar esta relación de poligamia.

—Vamos por partes, Amanda, el poliamor no es bigamia, ni poligamia ni poliandria; no son swingers, tampoco es infidelidad, ni falta de compromiso; mucho menos es promiscuidad. Es una forma consensuada de convivencia emocional, sexual, económica y de soporte mutuo que requiere de mucha madurez e inteligencia emocional para involucrarse en este tipo de relaciones; y quizá, por eso, sea más común y aceptados en países como Alemania, Suecia, Países Bajos y algunas parte de Estados Unidos donde, aunque no tenga reconocimiento legal,  es una práctica tolerada y visible.

—Pero mi sobrina vive en México no en Holanda; aquí la censura, el rechazo y la exclusión social es muy fuerte. Imagínatela llegando con sus dos amorosos hombres a la cena de gala donde la premiarán.

—¡Pues imagino que muchas la envidiarán!. No es cierto, es broma, Amanda. Lo cierto es que esta relaciones de poliamor, demandan de mucha comunicación, respeto, reglas claras donde no existan los dominantes ni sumisos. Donde les sea posible hablar abiertamente de sus temores, expectativas, inseguridades, celos, comparaciones y límites de espacio, tiempos y prácticas sexuales. Y sí, no es nada fácil; ni al interior de la relación ni hacia el exterior de frente a la sociedad. 

—Pero, si es complicado llegar a acuerdos en una pareja, qué será entre tres o más involucrados en esta relación de poliamor.

—Pues sí, nadie dice que es fácil. Siendo una manera legítima y responsable el amor, requiere de saber manejar los juicios, la empatía, la libertad y la seguridad emocional. Nada sencillo, porque afecta las relaciones con amigos, con familiares. No cualquier está preparado para sostener relaciones poliamorosas. Pero es posible, porque cada día le funciona a más personas, Amanda.

—Mi sobrina argumenta que el matrimonio es una institución opresora, caduca y romantizada donde se niega la igualdad de género, propia de sociedades atávicas y restrictivas. Y nos recita que el poliamor es la  la práctica, estado y capacidad de tener más de una relación amorosa sexual al mismo tiempo, con el pleno conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. Pero esa es teoría pura. Y cuando le pregunto qué pasará con los hijos, me responde que serán felices con dos padres. ¡Vaya idea tan peregrina!

—Amanda, recuerda que siendo jóvenes en los años 60, criticábamos las altas tasas de infidelidad y nos apegábamos a los movimientos de hippies, a los falansterios de Fourier, a las ideas de Simone de Beauvoir y los encendidos artículos de Rosario Castellanos censurando a las abnegadas por lo que es palabra significa

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—De acuerdo. Se trataba de los movimientos contraculturales de la época que buscaban nuevas alternativas de convivencia. Éramos jóvenes, y creíamos románticamente en esas ideas; pero ni tú ni yo nos fuimos a vivir a Zipolite ni a San Francisco. ¿Por qué? Porque entre el dicho y el hecho, hay mucho trecho.Y no me vas a convencer.

—No trato de convencerte, Amanda;  sino de explicarlo y ponerlo en perspectiva. Aún cuando no estamos en Europa, ni en Norteamérica donde hay mayor apertura, en Perú y México ya empieza a darse mayor apertura entre jóvenes principalmente en donde van surgiendo comunidades más numerosas, quizá por la influencia de las redes sociales. Vivimos otra época y debemos tratar de comprenderlaLo aceptes o no.

—Mi sobria dice que estoy chocheando y agrega: “si mis padres vivieran no se espantarían; ellos vivieron así muchos de años siendo jóvenes”. Yo le recuerdo que eso les duró hasta que su abuelo lo obligó a decidir entre su libertad o la conveniencia del trabajo que le ofreció. Y ganó el convencionalismo. Me resisto a creer que el poliamor sea una relación perdurable. 

—Lo real es que esta práctica del poliamor es más común entre los hombres, bisexuales y las comunidades LGBTQ que hoy son más visibles ostentando un discurso que les ha hecho ganar espacios en las leyes y la tolerancia social, aunque las leyes aún no acepten como legal este tipo de convivencia.

—Yo veo muchos problemas durante la separación de las parejas poliamorosas, la patria potestad de los hijos, la adjudicación de bienes aportados en la relación. En fin, se piensa en sus ventajas y poco en las consecuencias. Para mí, es una relación que calma las calenturas sexuales y canaliza la rebeldía de cada quien. 

—¿Cuánto tiempo lleva tu sobrina en su relación poliamorosa?, Amanda.

—Ya van a cumplir cinco años. Yo me enteré apenas la semana pasada. Ella estaba en unión libre con su pareja y pocos meses después alquilaron un cuarto al amigo de su pareja. Y ya sabes, una cosa llevó a otra hasta que acordaron construir una relación de poliamor. Lo mantuvieron en el closet. Solamente sus cercanos conocían el tipo de relación hasta que decidieron hacerla visible a la familia y amistades.

—Pues sería interesante que nos platicara cómo han manejado al cuestión de los celos; cómo se reparten las funciones laborales, domésticas, los ingresos y gastos; qué harán al nacer los hijos y cómo enfrentan los estigmas, la incomprensión y el rechazo de la sociedad.

—Ya se lo he preguntado pero responde que cuando cumpla los 40 años, lo pensará. Reconozco que entre los tres son bastante fieles. Su círculo de amigos poliamorosos, se ha extendido gradualmente. Y aunque me cuesta trabajo reconocerlo, los veo convivir con armonía y su casa lo refleja en la limpieza, el orden y su decoración. Los tres duermen en una cama extra grande, pero hay dos habitaciones extras para cuando buscan su privacidad.

—¡Que tema tan complicado!, Amanda. Pienso que habrá una inclinación emocional más cargada a uno que al otro; quizá, uno cubre espacios románticos y otro, los sexuales. Aunque no se valga la comparación, es imposible no caer en ella. En fin, creo que en la cotidianidad hay muchos aspectos por resolver. Tal vez, la salida sería mantener una relación abierta. No sé.

—Pues yo tampoco. Prefiero seguir soltera; vivir mi libertad sin involucrar compromisos con nadie. Prefiero un hola y adiós sin mayores complicaciones emocionales o de cualquier otro tipo.

Como sea, Ana Karen, de la moda lo que te acomoda. Amanda salió más tranquila sin estar convencida si esto del poliamor es simple calentura o en verdad, una cuestión de amor.

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