Sr. López Tío Marcial, de los de Autlán de la Grana, era alto, garrudo, mal encarado y mudo… bueno, no mudo: no hablaba… bueno, sí, pero solo para saludar, dar las gracias -o la hora-, y poco más. Se fue a Durangodesde chamaco. Se hizo rico. Nadie supo nunca a qué se dedicaba. Cuando iba a alguna celebración familiar, se sentaba, no movía un músculo de la cara y […]