Sr. López Le conté hace mucho de la inolvidable mañana que tía Queta supuso que tío Quique, su marido, no había ido al trabajo sino a la azotea, a las habitaciones (el cuarto, pues), de la “muchacha”; y ahí lo encontró en febril actividad que se puede deducir. Pero a tío Quique no era fácil acorralarlo y fue él quien la increpó: -¡Así te quería agarrar, espiando!… ¡es que estás enferma!… -y ya no […]