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Reconciliar a Tabasco / De Primera Mano

Reconciliar a Tabasco / De Primera Mano
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RODULFO REYES

Para atraer al electorado que le dio la espalda en 2006 y 2012, Andrés Manuel López Obrador está recomponiendo su relación con sectores que tradicionalmente no votan por la izquierda, y que generalmente rechazan la violencia en cualquiera de sus modalidades.
La frase “amor y paz” que a cada rato saca a relucir el tabasqueño, que no es más que  un intento de reconciliación, puede hacer la diferencia.
En Tabasco desde que empezó la jornada el candidato a la gubernatura, Adán Augusto López Hernández, está haciendo lo propio, sabedor que una de las principales demandas de la ciudadanía es acabar con los pleitos políticos, que llevan ya al menos tres décadas.
Si acaso, el notario público con licencia contesta cuando lo embisten, pero no va más allá y ha sido muy cuidadoso en no abrir otro frente de batalla con el régimen perredista, pese a que hace algunos años que militaba en el sol azteca, era evidente su desencuentro con el mandatario Arturo Núñez Jiménez.
En una de sus últimas giras por Tabasco, AMLO se atrevió a decir que el priísta Roberto Madrazo Pintado y el jefe del Ejecutivo eran sus “amigos”.
Hace unos días, durante su última visita al estado, pudo verse que el político opositor ya es otro y, en esa nueva faceta, está buscando la distensión del tejido social en el estado.
Para muchos pasó inadvertida la “reconciliación” del Peje con Carlos Manuel Rovirosa Ramírez.
La suma a Morena del ex alcalde de Macuspana y ex diputado federal por el PRI no es cualquier incorporación: Rovirosa fue uno de los amigos más cercanos de infancia y juventud de Andrés Manuel.
Vecinos en Tepetitán, Carlos Manuel y Andrés Manuel vivieron juntos en su adolescencia en la casa del estudiante tabasqueño en la Ciudad de México.
Los que saben de esa relación conocen una anécdota que ilustra el grado de intimidad entre ambos: en sus mocedades, mientras se tomaban una cerveza en una cantina de Palenque, Chiapas, un individuo estuvo a punto de asesinar de una puñalada a López Obrador, pero una silla bien usada por Rovirosa Ramírez evitó que le partieran el corazón a quien puede ser el próximo presidente de México.
Esa amistad entrañable se rompió por la política en 1991 que el priísta ganó la alcaldía de Macuspana y su amigo izquierdista reclamó también para sí ese triunfo y le quitó la plaza.

SENADO, LUCHA DE DOS

En la contienda por la Cámara Alta la lucha es entre dos. Pero no porque sean dos partidos los que dominan en la intención del voto.
Esta afirmación refiere que solo dos institutos están peleando un lugar porque la fórmula de Morena ya tiene asegurados sus dos asientos, pues en la elección federal los votos para presidente son similares a los que se depositan para el Senado.
Esto es, las papeletas que obtenga López Obrador aquí serán casi las mismas que logren Mónica Balboa y Javier May.
Por eso la segunda plaza por la vía de la representación proporcional la pelearán los perredistas Juan Manuel Fócil Pérez y Ana Bertha Fócil (a propósito, ¿serán parientes?) y los priístas Candita Gil Jiménez y Manuel Andrade Díaz.
Si el partido gobernante queda en segundo lugar, entra Juan Manuel, pero si ese lugar lo saca el tricolor, la maestra Candita irá a la tribuna más alta del país.
Sin duda alguna que desde su escaño la ex rectora irá a hacer lo que siempre ha hecho: buscar recursos para la educación del estado.
¿Y Fócil? Bueno, seguramente prolongará su fama de rey del moche.

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