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Nuestra elección, dos proyectos de nación / A Estribor

Nuestra elección, dos proyectos de nación / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

No me va creer si le digo que López Obrador es un candidato impopular. Lo afirmo por aquellos que se ufanan de que encabece literalmente todos los estudios de opinión. Por cierto no es la primera vez que esto sucede. Hace 12 años, en 2006, en estas mismas fechas previas al procesos electoral; Amlo tenía un 40%  de preferencias electorales. Felipe Calderón un distante 3er lugar.  Finalmente aunque por un muy escaso margen perdió las elecciones. Al margen de la ley, por capricho de Amlo, se acordó un recuento de votos y después del ejercicio de abrir miles de casillas, todavía salieron mas votos a favor de Calderón.
Fue cuando Andrés Manuel se auto proclamó entonces presidente legítimo y sus huestes en la cámara de diputados hicieron todo lo posible por boicotear la toma de posesión. Jurídicamente se agotaron todos los recursos en una malísima defensa porque sólo consiguieron tener 30% de representantes en todas las casillas.   Y fue la primera vez que Amlo mandó al diablo a las instituciones del país. El ejercicio se reprodujo en las elecciones de 2012 y la ventaja de Peña Nieto fue de 3 millones de votos, pero Amlo volvió a acusar de fraude. Y desconoció de nueva cuenta el resultado electoral.

LA IMPOPULARIDAD DE AMLO
Ahora tras 18 años en campaña, con millones de spots y el mayor índice de reconocimiento en los sondeos de opinión (lo vemos hasta en la sopa), se desliza entre el 30 y 40% de las preferencias electorales. Ninguna novedad. Pero en el discurso y en los hechos, prácticamente anuncian el gabinete como si todo fuera cuestión de tiempo. Que bueno que se confían. Se nota en el discurso sobrado.
Porqué decimos que Amlo es impopular. La ecuación no es compleja. Es más sencilla de lo que parece. Los resultados que hasta ahora conocemos reflejan la preferencia “bruta” es decir que no toman en cuenta el número de indecisos, un 18% y a diferencia de un porcentaje adicional de los que no piensan votar. Si nos acomodamos en esas cifras, Andrés Manuel no rebasa el 30%, es decir un 70% del electorado no lo quiere y difícilmente podrá superar las cifras, porque ha partido en dos, con su discurso radical, al electorado mexicano. Es lo más parecido al club América, no hay medias tintas, lo aman o lo odian. Parte de la ventaja deriva de los bajos índices de popularidad de EPN que varían de un 30% y hasta un 20%. Si equiparamos las cifras, el número de personas que aprueban la gestión del Presidente no están tan debajo de Andrés Manuel. Y si sumamos las simpatías de Anaya con las de Meade y Margarita superan, por supuesto, el voto que no simpatiza con el candidato de Morena.

ESTATISMO O LIBRE MERCADO
Se trata de dos proyectos de nación. El Alternativo, que quiere un viraje a la izquierda, al estatismo, enemigo del liberalismo económico, de las reformas, las libertades, y lo peor, el peligroso ingrediente del populismo y el autoritarismo. En contraparte la gran coincidencia con el viraje que comenzó desde el régimen de Salinas con la firma del Tratado de Libre Comercio, Ernesto Zedillo y los gobiernos de Fox y Calderón. Llama la atención que los 3 candidatos Anaya, Meade y Margarita más que prianistas son más afines al PAN. Javier Lozano (expanista) es el vocero de Meade y hasta López Obrador tiene a Tatiana Clouthier y a Germán Martínez. Los tres coinciden básicamente en las políticas económicas del libre mercado y con algunos matices estarían de acuerdo en darles continuidad. Si lo sintetizamos en una competencia entre dos polos opuestos, la disyuntiva del país es entre continuar con el modelo económico en lo cual coincidimos entre un 60% y 70%  y un gobierno con una economía de estado similar al socialismo del siglo XXI, los gobiernos de Ecuador o Bolivia. Gastalones, populistas, estatistas y antiempresariales, de triste memoria, que por cierto ya padecimos en México en la era de Echeverría y López Portillo. Devaluaciones e inflación estratosféricas. La maquinita imprimiendo billetes al por mayor, para cumplir con las promesas y el mantenimiento de políticas estatistas con el consecuente empobrecimiento del país.

SEGUNDA VUELTA, GRAVE OMISION
Dentro de las graves consecuencias de una mala ley electoral que hoy rige este proceso, está la omisión por no haber legislado una segunda vuelta electoral, mecanismo que opera ya, en muchas democracias. Se trata de lograr que quien gobierne un país tenga cuando menos el 51+1 del voto de los electores que legitime y haga viable el ejercicio del poder. Por supuesto que en su momento Amlo rechazó esta propuesta y dijo que le querían echar montón. ¿Montón de votos? ¿El triunfo de una mayoría que no lo aprueba?
Casi todas las propuestas de López Obrador requieren de la aprobación del congreso y algunas más requieren ser validadas por la Suprema Corte. Pero desde ahora ya lo advirtió. En algunos temas piensa organizar referéndums, lo cual es el primer paso para eliminar la democracia representativa. Ya vimos los resultados del Brexit y la revuelta en Cataluña.
En un supuesto hipotético, terminaría organizando consultas ciudadanas donde los únicos que participarían serían sus fieles seguidores, porque el resto no estaríamos de acuerdo en validarlas o legitimarlas sino pasan por el tamiz de la ley. Sería completamente previsible el que viviéramos un enfrentamiento constante entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Ya veo las manifestaciones encabezadas por Noroña saboteando al Congreso Mexicano. No por nada se desliza desde ahora la idea de hacer una “Constitución Moral” (¿es necesaria?) y sólo falta que después propongan un congreso constituyente como sucedió en Venezuela. La comparación les molesta a los de Morena, pero el discurso es a todas luces similar. Si traducimos las preferencias electorales en una misma proporción representativa en la cámara de diputados y el senado, estaríamos hablando de un congreso plural y mayoritario,  pero representativo de las diferentes formas de pensar en nuestro país.

EL VOTO ÚTIL
La campaña apenas comienza. Ya sucedió antes. Es previsible que los números de las preferencias se muevan. A falta de una segunda vuelta electoral estamos presenciando una encarnizada lucha por el segundo lugar, porque los candidatos y sus equipos saben que los indecisos y los que hoy manifiestan una preferencia distinta a López Obrador, pueden alcanzar para ganar la elección.
Lo más saludable es que Anaya, Meade y Margarita pudieran construir un acuerdo para cerrar las filas a quien podría tirar por la borda todo lo alcanzado y construido en los últimos 30 años. Me pregunto si Felipe Calderón, que ha sido denostado hasta el cansancio por López Obrador, prefiere que gobierne él, en vez de Anaya o Meade. Si su revancha contra Anaya esta por encima de lo que hoy preocupa a los empresarios -generadores de empleo-, los sectores financieros y los intelectuales liberales, una gran mayoría, que ve con preocupación que se ponga en riesgo no sólo la política económica, sino las libertades en nuestro país.
Anaya, Meade y Margarita, están en su derecho de aspirar e intentar ganar la elección. Pero si los números no se les acomodan, tendrían que poner sus barbas a remojar. El voto dividido puede lograr, y si Pitágoras no se equivoca, que gane el populismo que se puede llevar entre las patas al país. Ya lo hemos visto, una vez enquistados en el poder, estarían sacrificando a toda una generación de mexicanos.

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