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No se vale / A Estribor

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Juan Carlos Cal y Mayor

 

Votar y elegir a nuestras autoridades no solo es un derecho sino un acto de responsabilidad ciudadana. Votar es decidir sobre el presente y futuro donde una mayoría decide por todos, es decir afecta o favorece a todos los ciudadanos de un país o una comunidad.

 

Por eso, se insiste en cada elección que el voto debe ser razonado. Al emitir un voto suscribimos y ratificamos el contrato social. Reafirmamos el hecho de aceptar nos guste o no, la decisión de las mayorías. Y en esa competencia se gana o se pierde. El resultado debe ser aceptado por todos y los elegidos deben gobernar para todos.

 

Una vez que el votante elige a sus gobernantes o representantes sociales, confiere un mandato por un periodo determinado y le queda en reserva el derecho de volver a decidir hasta la próxima elección. Por eso es tan importante aprender a votar. Es un proceso de madurez social, de formación cívica y de determinación del rumbo que habrá de seguir un país, estado o municipio.

 

Hay países donde votar es un derecho y en algunos obligación. Así debiera ser. Desde mi punto de vista, un votante no se puede arrepentir de su voto ni mucho menos deslindarse de él. Para eso tuvo tiempo si es que nadie lo obligó.

 

Yo en lo personal fui un crítico de López Obrador. Analice y publiqué a lo largo de dos años mis puntos de vista sobre muchos de sus ofrecimientos en campaña. No estaba tan convencido de Anaya, sobre todo por la forma que se autoimpuso desde el control del PAN, sin importar su condición de juez y parte. Sin duda un hombre inteligente pero en proceso de maduración. No calculó tampoco su vulnerabilidad y jamás satisfizo con sus explicaciones sobre su lucrativo negocio de las naves industriales. Si pudo alguna vez despuntar, ahí se estancó. Por su parte José Antonio Meade, corrió sin saberlo con la encomienda de enterrador del PRI, que ya de por si, estaba desahuciado. No pudieron los rivales de López Obrador comprender el enojo social de una sociedad agraviada por los escándalos de corrupción que caracterizaron el sexenio. La consecuencia fue una aplanadora que apenas dejó rastro de sus adversarios. Ya es historia.

 

La sorpresa ahora ha sido para propios y extraños. La diferencia entre un candidato que ofreció y quiere cumplir, pero que al mismo tiempo va enfrentando y asimilando la realidad de ser gobierno. Un presidente electo que sabe y afirmó que no vino a cobrar venganza sino a reconciliar al país, contrario a lo que motivo a muchos de sus seguidores que clamaban sangre. Que pasó de confrontar, a dialogar con los empresarios. Que ahora apoya al TLC al que alguna vez se opuso, pero que hoy impera como una asociación comercial necesaria de la que México no puede prescindir. Que al reunir y analizar otros puntos de vista ahora consensa para destrabar el tema del nuevo aeropuerto que en campaña ofreció cancelar. Que después de reunirse con los altos mandos militares y conocer información privilegiada y reservada sobre la situación del país, decidió mantener al ejercito en labores de seguridad como una institución moralmente solida contra los carteles de la droga.

 

Lo que mi me parece aún más valioso es que teniendo una mayoría absoluta en el poder legislativo quiere consensuar sus propuestas. Escuchar. Creo que será un buen Presidente. Más aún, que haga de la función del servidor público no un ser privilegiado por prebendas, sino alguien dispuesto a vivir en la honrada medianía. Ya veremos como encaramados en el poder muchos que llegaron arrastrados por el tsunami morenista comienzan a actuar. El poder corrompe.

 

El ejercicio de la política implica pactar, acordar, negociar con adversarios y construir aliados. Hoy sus propios seguidores lo critican por hacerlo. Le endilgan todas las culpas. ¡Que paradoja! Más de un morenista acá en nuestra aldea se asume defraudado. Paradójicamente yo que no vote por él, me siento complacido por como va procesando las cosas. Y particularmente feliz, por ver a mis amigos Rutilio Escandón en la gubernatura, Zoe Robledo en Gobernación, Carlos Morales en la alcaldía de la capital y Placido Morales muy cercano al Presidente Electo. Será una gran oportunidad para Chiapas, quizás la más cercana de tener a un presidente que quiere y conoce a nuestro estado.

 

Por eso perdónenme morenistas pero NO SE VALE. No nos salgan ahora con que  equivocaron su voto, que no era eso lo que esperaban. Tiempo tuvieron para reflexionar pero sus hígados decidieron. Adioses a la utopía y bienvenidos a la real politik. Ciertamente no otorgaron un cheque en blanco pero si por seis años. Háganse responsables de sus decisiones y de sus actos. No nos salgan con ahora con que a chuchita la bolsearon.

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