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Menos rápido / La Feria

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Sr. López


Tío Tencho (Terencio… ni modo de decirle así), fue propietario de la tienda de jarciería, abarrotes en general y ultramarinos, más grande que imaginarse pueda, en el mero centro de Atotonilco el Alto, Jalisco, en la que también se vendían aperos de labranza, semillas, semovientes, telas, huevo, leche, crema, quesos y hortalizas. A mediados de los años 20 del siglo pasado, aquello era una mina de oro. Tío Tencho, aparte de trabajar todo el día como mulo de Kentucky, se mantenía ocupado por las noches y tuvo 17 hijos con la misma (señora, claro), de los que siete fueron varones y las demás señoritas hasta que se casaron. Pasado a fiambre tío Tencho, descubrieron con desencanto todas las mujeres de su familia, que los únicos herederos del negocio fueron los hijos hombres, a partes iguales, nada más, ni un peso, solo la tienda (a la viuda dejó su casa y dinero suficiente para siete vidas; una casa más a cada una de las hijas… y a cinco señoras que no conocían -ellos-, sin decir por qué les dejó una modesta pero no magra renta vitalicia). Los hijos se llevaron siempre muy bien… hasta que heredaron la tienda. No hubo Dios que los pusiera de acuerdo en qué hacía quién, de modo que después de muchos pleitos (en la familia paterna, eso significaba costuras y fracturas expuestas y sin exponer), quedaron en que cada uno manejaba un año la tienda, a su real saber y entender. Sortearon los turnos (nuevos pleitos), y finalmente quedó hecha la lista (que no acuerdo). Al mayor, que era el que más sabía del negocio, le toco el séptimo año y nomás veía las metidas de pata de sus hermanos menores sin abrir el pico. Para el quinto año era obvio que iba a la quiebra el otrora próspero negocio y varios de sus hermanos lo fueron a ver para pedirle que le entrara a enderezar las cosas. Tenchito (nombre del hijo mayor), con mala fe y peores intenciones, respondió: -Así la quiero recibir, quebrada y con deudas… se las voy a comprar en dos pesos y al diablo se van todos –lo malo es que ya no alcanzó su turno, se las embargaron en el sexto año. Nada para nadie.

 

Cuenta la leyenda que en abril de 2007 (vea ‘Itinerario Político’ de Ricardo Alemán, en el Universal del 28 de mayo de ese año), en una de las reuniones semanales que el entonces derrotado candidato a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, sostenía con sus cercanos y con algunos legisladores del PRD, le hicieron saber de la iniciativa que negociaban con el PRI para resolver la crisis de Pemex, con buena parte de las propuestas de campaña del propio AMLO. Dice Alemán que unos testigos (y otros que le confirmaron la versión), le dijeron que AMLO suspendió la reunión y pidió a los que le propusieron la estrategia para salvar a Pemex, que se quedaran; ya solos, “estalló furioso” (Alemán ‘dixit’): “¿Qué les pasa… trabajan para el espurio (Calderón) o para el movimiento”?… ¡No, no… no se metan con Pemex, ese es mi tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia”. Bueno.

 

Dice don Alemán que no todos agacharon las orejas, ni se quedaron callados, que los senadores Carlos Navarrete y Graco Ramírez argumentaron vivamente sobre la urgencia de rescatar Pemex.

 

Que la cosa subió de tono, que se ‘gritaron’ y que AMLO (entonces Presidente legítimo), dijo: “¡No, no, no, nada que fortalezca al espurio! (Calderón)”.

 

El entonces senador Carlos Navarrete (luego presidente del PRD), le plantó cara: “¡No, Andrés, no podemos permitir que se hunda Pemex… por el bien del país, por el bien de todos”, dice don Alemán que Navarrete gritaba.

 

La frase final de AMLO (según don Alemán), fue: “¡No me importa que se hunda Pemex… si se tiene que hundir, que se hunda… si tenemos que incendiar pozos, los incendiamos… pero no vamos a hacer nada que fortalezca al espurio…! (Calderón)”. Ante eso, se enfriaron los ánimos de todos y se retiraron.

 

Bueno, pues se hundió. No solo eso: hubo una reforma (ya cancelada), que prácticamente lo puso en manos de los inversionistas extranjeros (y nacionales).

 

Lo bueno es que ahora AMLO ya es Presidente con todas las de la ley.

 

De enero a septiembre de este año, comparando con el mismo periodo del año anterior, según informó ayer Pemex a la Bolsa Mexicana de Valores:

 

1. Pérdidas de Pemex: 176,367 millones de pesos (mdp), casi 664 % más de pérdidas (todo respecto de enero-septiembre de 2018).

 

2. Ventas: 20.1% menos.

 

3. Producción de crudo, 9.4% menor (promedio de 1.66 millones de barriles diarios).

 

4. Producción de gas natural 0.5% menor (promedio de 4,784 millones de pies cúbicos diarios).

 

5. El beneficio bruto -después de deducir el costo de las ventas-, 24.9% menor (14,692 millones de dólares, mdd).

 

6. Rendimiento de operación: 35.3% inferior (9,271 mdd).

 

7. “Después de una larga historia de 14 años de caídas en la producción de petróleo, Pemex reporta en este tercer trimestre un crecimiento de 1.2% respecto del trimestre anterior (y) un incremento del 10.4% del proceso de crudo en el sistema nacional de refinación”,  informó la paraestatal. ¿O sea, echamos cuetes?

 

8. Pemex informó el pasado 23 de septiembre que pagó anticipadamente 5,005.8 mdd de su deuda (bonos); con dinero que le dio Hacienda; pero antes, el 12 de septiembre, que había contratado nueva deuda; y que después se revelaría como quedó la diferencia, una vez que se concluyan los términos y las condiciones finales de la nueva deuda. O sea: ¿debemos más o debemos menos?… averígüelo Vargas (diría Chabelita la Católica).

 

Uno, tenochca simplex de banqueta solo entiende que la pérdida de Pemex en 2018 -de enero a septiembre-, fue de 23,089 millones de pesos y que en ese mismo periodo, ahora vamos en 176,367 millones de pesos perdidos.

 

Octavio Romero, el agrónomo director General de Pemex, ayer compareció valerosamente ante la Cámara de Diputados e informó que de enero a septiembre de este año, se han ahorrado 23,808 mdp de huachicol. Si pierdo 176,367 y me dejan de robar 23,808… bueno, sí se sigue hundiendo, no despacito, aunque sí, menos rápido.

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