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Meade en Chiapas, pan de lo mismo / En la Mira

Meade en Chiapas, pan de lo mismo / En la Mira
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Héctor Estrada

Tan desangelado, como la propia personalidad del precandidato priista, resultó el arranque de la precampaña presidencial de José Antonio Meade Kuribreña en tierras chiapanecas. Los actos proselitistas terminaron convirtiéndose en los mismos eventos de simulación con los pueblos indígenas y coliseos de muy bajo nivel para medir fuerzas entre bastiones partidistas para “apantallar” al invitado.
Desde su inminente arribo al Aeropuerto Internacional Ángel Albino Corzo lo analistas políticos ya tenían listas las lupas para realizar las primeras lecturas. ¿Con quién se haría acompañar el precandidato priista en su primera visita como tal a Chiapas? El resultado no generó sorpresa de primera instancia.
Era Jaime Valls Esponda, su viejo amigo de juventud, quien lo acompañaba, además de la esposa de Meade, Juana Cuevas. Pero el otro acompañante fue quien realmente llamó la atención de los prejuiciosos. Ahí, junto al precandidato priista, estaba nada más y nada menos que el senador Roberto Albores Gleason. Había viajado junto a Meade para su primer evento de precampaña. Y las conjeturas se desataron.
Finalmente en política los mensajes están a la orden del día. Haber traído a Jaime Valls con él fue un claro mensaje sobre su cercanía e importancia que tiene el ex alcalde tuxtleco con el inminente candidato priista a la presidencia de la república. Son amigos de verdad pues. No de esos que la clase política acostumbra a presumir cuando la conveniencia así lo amerita.
Para mala o buena suerte de Manuel Velasco, Valls Esponda es un personaje que ha influido e influye en la visión que Meade tiene de Chiapas. Y es que, para hacer un poco de memoria, la salida de Jaime Valls de la rectoría de la Universidad Autónoma de Chiapas no se dio precisamente de la mejor manera. La imposición de Carlos Eugenio Ruiz Hernández, a capricho de Velasco Coello y su madre, terminaron provocando un tenso relevo en la rectoría.
Valls Esponda tenía prevista su reelección, pero la operaciones desde Casa de Gobierno terminaron cuartando sus planes. En ese entonces Velasco Coello tenía puestas todas sus esperanzas sobre Miguel Ángel Osorio Chong, y los amigos o protectores de Valls (Luis Videgaray y José Antonio Meade) no pesaban tanto para las decisiones tomadas desde Chiapas. Por eso finalmente Valls terminó dejando la UNACH, debilitado tras la muerte de su padre, para refugiarse en un nuevo encargo académico fuera de Chiapas.
Pero hoy las realidades son completamente distintas. Jaime Valls y Roberto Albores Gleason son personajes estrechamente ligados a Juan Sabines Guerrero. De su equipo de confianza, del pasado, el presente y el futuro. Por eso no debe causar sorpresa que de pronto se vea a Valls, Meade y Gleason en un punto coincidente. Los nexos parecen evidentes y abren paso a las conclusiones prematuras; por cierto, nada optimistas para el gobernador verde de México.
A lo anterior súmele usted el cuestionable desarrollo de los eventos previstos para el lanzamiento de la precampaña en Chiapas. El primero, durante los primeros minutos de este jueves, convertido en el mismo espectáculo de simulación y explotación a la imagen de los pueblos indígenas. Ese mismo que, en lugar de ser un acto de reivindicación y reconocimiento, termina siempre en la misma fórmula de mofa y manipulación flagrante a la pobreza e ignorancia de las ancestrales culturas.
El otro se convirtió una reverenda zona de enfrentamiento entre porras partiditas. La desesperación entre los “rojos y verdes” para mostrar el músculo hicieron del acto un vil mercado de aplausos para tratar de convencer al precandidato presidencial de una decisión que francamente parece ya estar tomada muchos kilómetros más allá de la capital chiapaneca… así las cosas.

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