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Más cebolla / La Feria

Más cebolla / La Feria
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Sr. López

 

Hace mucho le conté del médico que llegó a Autlán de la Grana (Jalisco, pero-por-supuesto), allá por los primeros años del siglo pasado, y para todo mal recetaba cebolla: cruda, asada, en tisanas, emplastos, lavativas, en dosis masivas y  homeopáticas. No curaba a nadie y algunos se le murieron, pero él siguió y siguió prescribiéndola, aunque, claro, cada vez con menos pacientes. Decía la abuela -Elena-, que su papá y el médico encebollado se hicieron amigos, y ya viejos los dos le preguntó por qué su necedad con la cebolla, a lo que el galeno respondió muy serio: -“Es mi aportación a la ciencia médica; gracias a mí se puede afirmar que la cebolla no sirve para nada”.

 

El 11 de diciembre de 2006 (muy presente tengo yo), dio inicio la guerra contra la delincuencia organizada en México; en un año llegó a 8 mil 867 muertos…  en 2008, sumó más de 16 mil fiambres y así, don Calderón cerró sexenio con  más de100 mil asesinatos. La conclusión del gobierno entrante fue seguir con la misma estrategia (-“A esto le hace falta cebolla” –parece que pensaron), y para julio de este 2017, acumulaba ya 104,684 cadáveres (aparte los de don Calderón), sin contar desaparecidos ni desplazados… ¡ah! y el número de bandas de la delincuencia organizada se multiplicó por nueve: cada barón de la droga que se va a la cárcel o a la tumba propicia pleitos entre sus segundones que acaban armando su propia gavilla (es mucho dinero como para esperar que se pusieran de acuerdo en torno de una mesa de cantina, repartiendo regocijadamente… sí, cómo no: ¡a tiros!, que es su especialidad).

 

Es verdaderamente torpe seguir repitiendo las mismas acciones, obteniendo los mismos y peores resultados. ¿Dolor de vientre?, cebolla; ¿diarrea?, cebolla; ¿constipación intestinal?, cebolla; ¿cáncer de piel?, cebolla; ¿fractura expuesta?, cebolla; ¿presión arterial alta?, cebolla; ¿alguien se curó de algo?, no… pues más cebolla. Ya no…

 

Años van y años vienen y en varias regiones del país la inseguridad sigue, la impunidad es el pan nuestro de cada día y el delito florece. De vez en cuando, nos enteramos por los medios de comunicación que fue desarticulada una banda de secuestradores, roba-coches, asalta bancos, traficantes de personas y drogas, que -nos explican-, era la peor de las peores, la mera principal y se aparenta que la estrategia militar va rindiendo frutos, que las aguas vuelven a su cauce: no es cierto.

 

El Secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos ante la evidencia, declaró a un grupo de periodistas (en diciembre del año pasado): “Esto no se resuelve a balazos” (a uno no le crea nada, chéquelo en ‘El País’, diciembre 9 de 2016). Sí, por favor: ya no más cebolla.

 

La promulgación, ayer, de la Ley de Seguridad Interior no es para eternizar la sustitución de la policía por militares. No se equivoque nadie. El mismo general Cienfuegos aclaró en esa ocasión, que estaban en un vacío legal y por eso, a veces, los militares prefieren no actuar para evitar ser sancionados por los tribunales castrenses o procesados por la vía civil: “El día que resbalemos nos pasará como al equilibrista. Vamos a caer y no hay red”. Bueno, ya hay. Pero sigue pendiente resolver el problema.

 

La solución de fondo al asunto de las drogas, la única real y verdadera, es legalizarlas (o despenalizarlas), todas, pero eso es algo que va a tardar muchos años (si es que se consigue alguna vez), y aun así, quedaría pendiente desarticular bandas de secuestradores, extorsionadores, tratantes de personas y todo el catálogo esperpéntico del delito industrializado en México.

 

La amnistía es la solución que está estudiando el Pejehová, redentor de todos nosotros… bueno, eso es como si el médico da de alta al enfermo al que no ha podido sanar. Pero… bueno, concedamos que es una manera disimulada de legalizar las drogas… ¿y todos los demás giros delincuenciales, qué? La propuesta tiene un tufo insoportable a improvisación populachera (populista sería piropo), y aparte de imposible jurídicamente, sería la quiebra moral del Estado.

 

Debe haber manera de regresar al albañal todo este batidero que parece todo lo muy complicado que es… y de repente, sin estridencia ni aspavientos, ayer, el precandidato (je je) José Antonio Meade, declaró:

 

“En materia de seguridad tenemos que enfrentar con mayor inteligencia el reto de las armas. Todos los estudios que venimos viendo acreditan que la presencia de armas exacerba el reto de violencia, tenemos que acabar con el dinero de los cárteles y tenemos que hacer el centro de nuestra estrategia la inteligencia y el combate a los recursos ilícitos”. (¡Zacapún!… epidemia de diarrea entre malandrines de todos los niveles y variantes).

 

Si de algo sabe Meade es de eso, de dinero. Si alguien conoce el laberinto bancario internacional (y nacional), es él… y no lo marean los números: le encantan.

 

El objetivo primero y último de la delincuencia organizada es el dinero y acumulan fortunas impensables… bueno, si no es posible acabar con el consumo, si es tan difícil impedir el cultivo, si las armerías yanquis van a seguir vendiéndoles armas y parque, si está tan podrido todo: que no sea negocio.

 

Y debe usted tener la certeza de que nuestro gobierno cuenta con todos los elementos y conocimientos para hacer (calladitos), la labor de investigación y seguimiento del dinero mal habido, aunque le tome meses, para de repente, bloquear de un solo golpe todo el dinero de una organización criminal, tenga los socios que tenga, donde estén del planeta… ¡ah!, y meter a un banquero de esos tan rumbosos a la cárcel, con uno se curan de espantos los demás.

 

Los militares y los policías tienen que seguir haciendo su chamba, claro, pero con la estrategia de finanzas forenses, el resultado es seguro: deja de ser negocio para los capos de la delincuencia y para algunos de sus socios: algún político de la planta ‘pent house’, algunos falsos empresarios.  

 

A la chita callando, sin declaraciones, tecleando computadoras… eso, o más cebolla.  

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