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Manuel Velasco tras la insurgencia verde en Chiapas / En la mira

Manuel Velasco tras la insurgencia verde en Chiapas / En la mira
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Héctor Estrada

No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, dice el viejo refrán. Eso fue justamente lo sucedido este fin de semana con la endeble relación entre el gobierno de Manuel Velasco Coello y las cúpulas nacionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) dentro de las tensas negociaciones para definir al candidato de dicha coalición al gobierno de Chiapas.
Lo sucedido este viernes terminó por consumar una aplastante posibilidad que se venía advirtiendo, incluso, desde hace al menos dos años atrás: La decisión del candidato que encabezaría la misma alianza partidista que llevó a Velasco Coello a la gubernatura sería tomada desde el centro del país y no desde Casa de Gobierno. Y así fue. A Velasco Coello la “Ley del Talión” terminó alcanzándolo y aplastando sus caprichos guajiros.
El acuerdo entre las cúpulas nacionales del PRI y el PVEM fue claro y definitivo: el candidato en Chiapas sería de militancia priista, dejando prácticamente el camino listo para la anunciada asunción de Roberto Albores Gleason. A Velasco Coello y su alfil (Eduardo Ramírez Aguilar) le habían aplicado exactamente la misma premisa que a sus antecesores, la misma que le permitió llegar al poder en 2012.
Lo que vino después ha sido francamente ridículo. La serie de chantajes emprendidos desde la publicación del video de Ramírez Aguilar en la Ciudad de México han rayado en el cinismo puro. Y es que, si bien Eduardo está en pleno derecho de aplicar las medidas desesperadas que desee, los argumentos de indignación y agravio al “pueblo de Chiapas” resultan insultos tajantes a la dignidad de miles de chiapanecos hartos del partido político que él mismo encabezó y maniobró durante los últimos años.
Hoy Ramírez se rasga las vestiduras aludiendo una imposición cuando su jefe, él y los impuestos por él son resultado de la misma práctica. Lo que Eduardo representa ahora no es indignación, sino un berrinche político de los más burdo y peligroso. La renuncia inmediata de 14 diputados verdes, que pocos conocen y no representan a nadie, fue el primer paso para abrir la puerta a lo inminente: la era del Verde en Chiapas se ha terminado de manera muy prematura, incluso un año antes de que Manuel Velasco se vaya.
El evento de este domingo en el parque central de Tuxtla Gutiérrez sólo terminó por exponer de tajo el espejismo en el que ha vivido el Partido Verde en Chiapas durante los últimos años. Esa estructura de cartón endeble que, como en otras administraciones, sólo funcionará mientras sea alimentada por el condicionamiento de apoyos económicos y programas sociales. Después de eso el acarreo ya no será tan efectivo para medio llenar eventos.
El acto político de este domingo fue de todo menos de dignidad. Aunque se prometieron más de 40 mil asistentes, al evento evento asistieron menos de seis mil personas cuya presencia tiene que ver justamente con “el comercio” de la dignidad misma. Un mitin que, por cierto, tuvo un costo de varios miles de pesos mediante la contratación de enormes templetes, equipo equipo de sonido, sanitarios móviles y cientos de vehículos para la movilización de personas desde varios puntos de la entidad. Todo a costa de la fundación “Jaguar Negro”, cuyo origen de sus recursos sigue en tela de duda.
La serie de berrinches y chantajes protagonizados por Ramírez Aguilar tienen la innegable venia de Velasco Coello, aunque el propio Eduardo trate inútilmente de negarlo. Manuel Velasco no sólo está permitiendo “la insurrección verde” en Chiapas, también la impulsa con el mismo encono desde las sobras. Ha decidido arrancar la más evidente de sus traiciones al gobierno de Enrique Peña Nieto y la decisión podría costarle muy caro si a los que ahora da la espalda llegan al poder.
Asegurar que Ramírez Aguilar actúa  sólo es pecar de absurdo e inocente. Paradójicamente la única candidatura que Velasco no ha podido controlar ha sido la de la coalición que lo llevó a la gubernatura. En las negociaciones a Manuel sólo le alcanzó para la inmunidad, y no para imponer candidato, algo que está poniendo en evidente riesgo innecesario. Finalmente, debe entender que en Chiapas la militancia verde es volátil y se diluirá a su espectro real cuando deje el cargo.

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