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Lo que se ve no se juzga / La Feria

Lo que se ve no se juzga / La Feria
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Sr. López

 

Como bien sabe usted, tía Amelia tuvo doce hijos varones, que crecieron, todos, fuertotes y entrones. El Regimiento de Dragones de don Bonaparte les hubiera sacado la vuelta. No eran malos y en el barrio hasta los querían, pero sí inquietos, un poco bruscos y como eran hermanos, se peleaban entre ellos, que parecía iba a haber muertos, que nunca hubo, pero no era raro verlos en la Cruz Roja, donde los conocían por sus nombres. Tía Amelia en general era de buen talante y solo cuando le colmaban el plato, con la tranca de la puerta, repartía leña que era un contento… y daba en serio. Una vez, acabando de meterlos a su casa a los doce, previo leñazo bien dado (algo habrán hecho), un vecino, ya mayor, señor correcto, siempre de traje con chaleco y corbata de moño, que parecía que trabajaba de figurín en una vitrina de sastrería, se le acercó sombrero en mano, y con toda cortesía le dijo, “se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre, respetuosamente le sugiero tratar de buena manera a sus muchachos, ya verá el cambio”. Tía Amelia -contado por ella-, sintió que le hervía la sangre por el consejo-reprimenda, del “viejo metiche”, y entrecerrando los ojos, bajó la tranca y le pidió que por favor entrara a su casa y hablara con sus hijos, que ayudara a una viuda que ya no sabía qué hacer… y el señor entró para regresar -en poco tiempo-, tambaleándose, desfajado, con el saco roto, el chaleco enredado en el cuello, todo despeinado, sin corbata ni sombrero, escupiendo sangre y gritando: -¡Señora mía, señora mía!… ¡rómpales la madre!… ¡rómpales la madre!

 

Mero ayer, publicó el Reforma la advertencia a nuestro próximo Presidente de la república, de la organización International Crisis Group (ICG), contenida en su informe “Construyendo la paz en México: dilemas que enfrenta el gobierno de López Obrador”, en el cual dicen que son loables sus propósitos (erradicar la corrupción; procurar crecimiento equitativo; amnistiar delincuentes no violentos; reparación a víctimas), pero que “(…) debe actuar con cautela para evitar que su ambiciosa agenda provoque una reacción violenta”… ¿Y estos?

 

La ICG, sin miramientos, pone en su informe: “En diciembre, López Obrador heredará una gran cantidad de conflictos regionales, cada uno con su propio patrón y que requiere su propio enfoque preciso (…) Su plataforma podría reducir el derramamiento de sangre, pero carece de detalles y enfrenta obstáculos que van desde las represalias de los jefes del crimen organizado, contra los jóvenes que desean abandonar el crimen hasta la posible resistencia de las fuerzas de seguridad (…) Los informes generalizados de corrupción y criminalidad sugieren que esto explica, al menos en parte, la ineficacia de las Fuerzas Armadas y la Policía (…) Moverse muy rápido, intentar castigar repentinamente a funcionarios responsables de delitos graves, por ejemplo, podría inducir resistencia (…)”.

 

Dice cosas muy gordas, como que las fuerzas federales son señaladas de cometer desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales… o sea: no hay “debido proceso” para el Estado mexicano: así, por informes o decires, generalizando y sin pruebas, afirman semejante barbaridad que no es de dudar que haya pasado y pase, pero no atribuible “a las fuerzas federales”, sino en todo caso, a  individuos que deberían enfrentar a la ley por semejantes atrocidades. No vale escudarse en eso de “son señaladas”: es materia gravísima.

 

Por supuesto la ICG hace recomendaciones: implementar supervisores independientes de las Fuerzas Armadas; comisiones de la verdad; y abrogar la Ley de Seguridad Interior. Nadita. De allá desde sus oficinas en Bruselas, Bélgica, dictan a nuestro próximo Presidente, la política a seguir para recuperar la seguridad pública.

 

Dirá usted, con razón, que desoír un consejo dado con buena intención, es reacción de soberbios poco seso. Cierto. Y más cuando es opinión de expertos. Lástima que la ICG de lo que sabe es de conflictos armados internacionales o domésticos (como la guerrilla de Colombia), pero de cosas policiacas, no.

 

La ICG, recopila información y la analiza, para prevenir o colaborar en la resolución de conflictos armados, y da asesoría en negociaciones de paz (como hizo en Sudán, Burundi y Nepal; ahí lo checa por su cuenta en internet). No hay reporte de un solo asunto de delincuencia en el que se haya metido… con una excepción, Venezuela, bajo el supuesto de que tal vez, a lo mejor, pudiera ser que se estén armando grupos para oponerse por la vía violenta al impresentable tipo ese, el Maduro.

 

Por eso, este López, mal pensado como el oficio lo hizo, se puso a rascarle a esto de la ICG, fundada en 1995 por unos señores con las mejores intenciones, entre los que destaca el afamado George Soros, malandrín financiero internacional, enriquecido quebrando países (es el que con maniobras de no contarse, logró devaluar la libra esterlina, dejando a la Reina Isabel con los pelos revueltos).

 

El Soros trabaja para la CIA (es chisme de http://soros.dcleaks.com, uno qué va a saber); dueño de la ONG “Open Society” con fama de intervenir en asuntos internos de algunos países, como él mismo aceptó, cuando el golpe de estado en Ucrania sucedido a principios de 2014, en entrevista dada a la CNN (léala en RT del 28 de mayo de 2014):

 

Pregunta: “Una de las cosas que muchas personas reconocen fue que durante las revoluciones de 1989 (usted) financió actividades de disidentes y grupos de la sociedad civil en el este de Europa, Polonia y la República Checa, por lo que le planteo la siguiente pregunta: ¿Está usted haciendo cosas similares en Ucrania?”

 

Respuesta de Soros: “Creé una fundación en Ucrania antes de que se independizara de Rusia (IRF, International Renaissance Foundation), y la fundación ha estado funcionando desde entonces y ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales”.

 

Aquí, ahora, a través de la ICG… ahí que le cuente alguien a AMLO de tía Amelia. Lo que se ve no se juzga.

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