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Humanidad / La Feria

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Sr. López

 

Tío Mario era contador público, de los buenos. Ganaba dinerales. Se divorció cuatro veces. Era decente, no mal tipo y de trato amable… pero, para soltar el gasto, revisaba cada comprobante de cada peso entregado a su esposa el mes anterior y de los manojos de perejil o el kilo de jitomate, iba personalmente al mercado a verificar primero el precio y estimar si el reporte de su esposa era correcto. Rigurosamente cierto: y no lo conmovía la alacena vacía: no daba un quinto sin estar seguro de que no se hubiera malgastado nada. La primera esposa lo aguantó seis meses (lo dejó embarazada); la segunda un año (todavía dando pecho); la tercera tenía papás ricos que se cansaron de refaccionarla y a los cinco años lo dejó (se fue con sus tres hijitos); a la cuarta esposa, él la dejó, fue la que lo descalabró con un florero (enorme, horroroso, de cristal de Murano, grueso). Era amable, no mal tipo, pero era el peor marido de la enciclopedia Espasa y la Británica. Vivió solo muchísimos años más. A su sepelio no fueron sus hijos. Merecido.

 

Hubo un bombero que antes de empezar a echar agua al incendio, insistía en averiguar el origen del fuego, si había algún responsable, si había sido accidental… suena tonto, es tonto.

 

Hubo un médico que antes de recetar al paciente, averiguaba su vida personal, familiar, matrimonial, su infancia, sus antecedentes penales… suena tonto, es tonto.

 

Nuestro gobierno federal insiste en revisar las faltas del pasado para explicar los fallos del presente. Si antes se robaron el dinero de las medicinas, nada tiene que ver con que ahora falten medicinas: tuvieron todo 2019 para comprar lo necesario. Si hay o no ladrones, es otro asunto, que no justifica la astringencia innegable del gasto público en todo, incluido el sector salud.

 

Negacionismo es lo de este gobierno. No aceptan ningún error. Buscan culpables y responsables de lo que claramente son sus propias metidas de pata sin nada que ver con un gobierno que se fue hace más de un año.

 

Y, por cierto, la austeridad es un concepto muy discutible en eso de gobernar un país. Alguien del equipo de trabajo del Poder Ejecutivo, debiera consultar en la red (no hay que gastar), un diccionario, según el de la Real Academia:

 

Austeridad es la cualidad de austero y austero es: 1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral. 2. adj. Sobrio, morigerado, sin excesos. ‘En esa época, llevaba una vida austera, sin lujos’. 3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto. 4. adj. Retirado, mortificado y penitente.

 

No parece precisa la palabra ‘austeridad’ para describir lo que pretende este gobierno: sobriedad, claro, nada de excesos, por supuesto, pero tampoco severidades de cacique o de mayordomo de hacendado; nada de ser ‘agrio, astringente, áspero’ (y lo de ‘mortificado’ y ‘penitente’, nos importa un reverendo y serenado cacahuate, si es que así es nuestro Presidente, muy su problema de él con su señora esposa). Bastaría con no decir nada, que el movimiento se demuestra andando.

 

El discurso, las frases de impacto, en un país como el nuestro son de bajo efecto. Hemos oído todo, creemos poco.

 

Le recuerdo que un Presidente clamó: “Defenderé el peso como perro” (17 de agosto de 1981, conferencia de prensa de López Portillo, asegurando que había quienes atentaban contra la economía mexicana, sin aceptar que sus propias y personales necedades  nos tenían al borde del precipicio en que caímos).

 

Cuando nuestro actual Presidente dice cosas como que su objetivo es moralizar a la sociedad y fortalecer los valores “ya que no solo de pan vive el hombre, se requiere de bienestar del alma”, dicho con tenues variantes el 19 de enero de 2017; 26 de noviembre de 2018; 12 de diciembre de 2018; 7 de enero de 2019; 28 de enero de 2019; 3 de septiembre de 2019… y más: por eso nos prescribió una Constitución Moral, no es por moler pero no puede uno evitar recordar la “renovación moral de la sociedad”, lema del presidente Miguel de la Madrid (1982-1988)… y ya ve, nada se renovó y se refinaron los métodos de saqueo del erario, a niveles de excelencia, legalmente impecables, pues nomás entrando (el 31 de diciembre de 1982), creó la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que en la práctica fue un manual práctico de qué no hacer para no tener problemas legales al rascarle al cajón; no necesitábamos esa Ley, ya existían el Código Penal y la Contaduría Mayor de Hacienda (hoy Auditoría Superior de la Federación, que sigue sin dientes); se les pudieron adicionar unas cuantas cosas y ya. Pero no, se iba a renovar la moral de la sociedad. Sinvergüenzas.

 

De regreso a la falta de medicamentos, resulta que van a auditar hospitales públicos… ¿y qué?: las medicinas se surten; a los corruptos los pueden quemar en leña verde, si quieren, pero los enfermos, atendidos, eso, primero, lo demás son cuentos.

 

Los que protestan por las cuotas de recuperación y la falta de medicamentos NO SON SABOTEADORES, ni opositores, ni los mangonea nadie, como induce a pensar el propio Presidente con sus declaraciones  contra empresas a las que por alguna razón, no se les abren carpetas de investigación y solo en el discurso son condenadas a los infiernos; dijo ayer 23 de enero el Presidente: “(…) esta política significa afectar intereses creados, los que no quieren dejar de robar presionan y piensan que de esa manera vamos nosotros a dar marcha atrás (…) Pueden seguir manipulando, distorsionando las cosas pero nosotros no vamos a ceder (…) Les molestó muchísimo no sólo el combate a la corrupción, bueno eso es más, porque tocarles la bolsa a estos ambiciosos que se han dedicado a robar desde hace mucho tiempo es un agravio mayor; pero también la parte ideológica: ‘¿Cómo que la gratuidad?, ¿cómo que ya no se va a cobrar?’

 

No se vale, no es así. Los padres de niños con cáncer son gente desesperada con la que hasta el peor delincuente está de acuerdo; su clamor hasta el más desalmado lo entiende. Se interpreta políticamente lo que es de simple humanidad.

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