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Francisco Paco Chanona, toda una vida atrapada entre la música y la literatura

Francisco Paco Chanona, toda una vida atrapada entre la música y la literatura
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Un buen día, cansado de los excesos y todavía con la fama a cuestas, tomó una decisión fundamental: volver a Chiapas. “Si no lo hubiese hecho, seguramente ya estaría muerto, porque para qué demonios sirven la fama y el dinero, sin una familia”, me reseñaba el prestigiado compositor autor de pulpa de tamarindo, soy, y tú que me das, entre decenas de éxitos, quien también incursionó en la narrativa. Fue autor de “las orillas del cielo” y de su autobiografía “inventario de memorias”, que edité y sobre la cual escribí el prólogo y luego publicó la Universidad Autónoma de Chiapas. Esta es la historia del excelente músico y literato chiapaneco, quien falleciera el pasado domingo en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.

 

Alberto Carbot

 

Un día, a finales de 1965, Francisco Paco Chanona Camacho se hallaba de vacaciones con su familia en Cuyutlán, Colima. Al transitar por sus calurosas playas, sus hijos escucharon de pronto el pregón de un vendedor de pulpa de tamarindo. Su pequeña hija Maribel se empeñó en que le comprara una de esas tradicionales golosinas típicas de la costa mexicana, a la que era muy afecta. “Le gustaban tanto, que le prometí que un día le iba a componer una canción que se llamaría así”, recuerda. Unas semanas después, su hija le reclamó: Papá, quiero mi canción del tamarindo.

Entonces, el publicista, músico y compositor tapachulteco -quien también había incursionado como oficial de la Armada de México-, decidió que era momento de cumplir su promesa. Y como en esos años también se dedicaba a hacer jingles publicitarios, no le costó gran trabajo.

“Me salió de forma muy espontánea y rápida. Traté de hacerla al mismo ritmo de Guantanamera, que entonces estaba de moda”. Sin embargo, nunca le pasó por la mente que esa melodía lo catapultaría a la fama. Inicialmente la grabaron Los Dominic´s y desde el principio empezó a pegar fuerte en la radio, a tal grado, que esa misma semana la grabó Celia Cruz. “Fue un verdadero trancazo”, decía.

En México se hicieron 15 o 16 versiones de ella, pero en España fueron casi 50, en todos los estilos y ritmos. “Si lo he sabido, hubiera compuesto muchas otras pulpas de tamarindo”, afirma risueño, mientras deslizaba con suavidad los dedos sobre el teclado de su piano Yamaha, construido en Japón en los años 60, que se halla en la pequeña sala de su casa en Tuxtla Gutiérrez. Ahí radicaba desde hace más de 30 años, luego de un retiro voluntario, tras abandonar la ciudad de México, a la que arribó en 1945 como muchos soñadores, en busca de mejores horizontes.

-Soy como una tarde gris, y me siento infeliz, si tú estás triste; soy un lucero fugaz, que ya no brilla más si tú estás triste; pero soy el mejor día de la primavera, soy la dicha entera. Si vuelves a sonreír así, soy, soy de nuevo feliz… cantaba con voz bajita, casi susurrando, el tema Soy, uno de sus grandes éxitos que se hiciera popular no sólo en la voz de Carlos Lico, sino en la de Los Panchos, Los Hermanos Rigual, Amparo Montes, Chucho Rincón, Carmita Jiménez, Mona Bell, y Marco Antonio Vázquez, por sólo citar unos cuantos.

Recordaba que Tu primer beso, su canción primigenia, fue escrita en 1952 y estrenada en la XEW, por su paisana Amparo Montes, durante un programa vespertino que patrocinaba la compañía Pond´s y que posteriormente grabarían Daniel Cruz, Virgilio Peña y también la Marimba Nandayapa.

La anécdota surgía al rememorar que  Miguel Prado, el pianista que acompañaría a la chiapaneca no sabía leer música, por lo que de nada sirvió durante los ensayos poner frente a él la partitura. Pero tenía buen oído y experiencia, y al cabo de unos minutos logró acompañar muy bien a la famosa intérprete.

Soy, al igual que Te regalo mis sueños, fueron triunfadoras de connotados festivales nacionales e internacionales, pero cuando se hizo popular Pulpa de tamarindo, Chanona apenas comenzaba a darse a conocer ya entre el gran público. Lucho Gatica le había grabado en 1956 el bolero Estoy así, una canción que se escuchaba en Argentina, pero no era un éxito masivo y que más tarde popularizarían la célebre cubana Elena Burke, María Duval, y Antonio Prieto.

Te regalo mis sueños, obtuvo el primer lugar en 1971, en la fase nacional el Festival Internacional de la Canción, antecedente de la OTI, que comenzaría un año después.

Luego vino otro triunfo personal en el primer Concurso Nacional del Corrido, auspiciado por la Sociedad de Autores y Compositores de México, con la canción Emiliano, “a pesar de yo no tenía antecedentes como folcklorista ni como corridista, y competía frente a personajes de la talla de Víctor Cordero, autor  de Juan charrasqueado y José Alfredo Jiménez.

Por los campos de Morelos / se escucha cantar al viento / un canto que no envejece / un canto que se hace eterno / Emiliano está en los cerros / Emiliano no se ha muerto -dice una de sus estrofas.

La canción posteriormente formaría parte del repertorio de Antonio Aguilar.

“Gané 11 concursos, algo muy estimulante, porque empecé a incursionar en varios géneros, lo que de paso me acarreó la maledicencia de algunos colegas, que decían que yo sólo era un compositor de música romántica”, comentaba.

 

 

 

AZAROSA BIOGRAFÍA

 

 

Aunque nació en Tapachula, a los 3 años sus abuelos maternos lo llevaron a vivir con ellos a Ocozocuatla, Coita, porque su madre murió y su padre se desatendió de él.

En su libro biográfico Calma Coita, inventario de recuerdos, (2005) relataba que cuando era pequeño su abuelo, Abel Camacho le preguntó qué quería que le trajeran los Santos Reyes. Él no lo pensó y pidió una marimba.

Entonces le mandaron a hacer una en miniatura y en ella aprendió a tocar, mientras su abuela, Leonilda Garduza cantaba la canción La flor hermosa que él acompañaba luego.

También interpretaba otras piezas y a pesar de que no había luz eléctrica en Ocozocuatla, en la penumbra comenzaba a tratar de componer algunas piezas, siendo apenas un infante.

Sin embargo, a los 9 años sufrió la pérdida de su abuelo y a los 11, recibió un nuevo golpe cuando falleció su abuela y quedó completamente solo.

Entonces se refugió con su tío Abel, quien estudiaba medicina en México y tuvo que volver a Chiapas, para hacerse cargo de él y del rancho cacaotero que dejó su abuelo.

Después de un tiempo de vivir a su lado, decidió emprender una nueva fase en su vida y viajó a la ciudad de México, donde creyó que se solucionarían todos sus problemas, y ahí  comenzó su historia.

En su opinión, “el emigrar no fue una cuestión  de valor u oportunidad, sino de decisión.

“En ese entonces, los chiapanecos necesitaban irse de Chiapas al centro del país, que era para ellos el ombligo del mundo. En mi época apenas se llegaba hasta la secundaria, porque casi no había preparatorias; si querías seguir adelante, tenías que irte. Era una necesidad”.

El notable compositor consideraba que si se hubiera quedado en Coita o Tuxtla Gutiérrez, “hubiese pasado mis días en el billar, de cantinero o trabajando como asalariado, porque no nací en pañales de seda. En Ocozocuatla tuve amigos que nacieron ricos y nunca hicieron nada en su vida”.

En Calma Coita, inventario de recuerdos su libro autobiográfico, finaliza precisamente cuando abandona esa población, pero extrañamente le parecía un contrasentido escribir de sí mismo.

Al llegar a México llegó por casualidad a vivir en la Casa del Estudiante, situada en la calle de El Carmen.

“En esa época, el doctor Rafael Pascacio Gamboa, quien llegó a ser gobernador del estado, era Secretario de Salud y siempre procuró apoyar a sus paisanos estudiantes. Les daba una tarjeta especial para que comieran en el mercado Abelardo Rodríguez.

Aprender a tocar guitarra también le sería de mucha utilidad en su futuro, al par de realizar estudios de música en el Sindicato Único de Trabajadores de la Música.

En 1945 se enroló en la Armada de México, cuando todavía no concluía la segunda Guerra Mundial. Egresó de la Armada con el cargo de teniente de Corbeta en administración naval.

Durante sus esporádicos retornos a Tuxtla Gutiérrez, en época de vacaciones, en 1948, tuvo oportunidad de conocer, durante una posada, a Isabel Farrera, quien se convertiría 2 años más tarde en su esposa, a quien se llevó a vivir consigo.

En la Escuela Naval Militar no había oficiales de administración porque no existía esa carrera y había que sacar pagadores. Entonces me fui de pagador de una fragata. Era el año 51 y estaba muy joven”, relataba.

Al dejar la Marina, volvió a Chiapas donde se enroló como agente estatal de Ceimsa -antecesora de la Conasupo- que distribuía leche a gente de escasos recursos, aunque también viajó por varios estados del país, contratado especialmente para detectar irregularidades en las agencias de la empresa que habría de desaparecer, para convertirse en Almacenes Nacionales de Depósitos y luego en Conasupo.

Después de un tiempo se cansó de ese trabajo y se propuso ingresar al mundo de la  radio, en la capital del país, aunque no tenía ningún contacto con él.

 

EN LA RADIO Y SIN SUELDO

 

Así arribó a las emisoras 660 y XEX, “sin cobrar ni un centavo. A la 660 llegaba desde muy temprano a leer los periódicos y sus encabezados para redactar las notas que comentarían luego Enrique el Perro Bermúdez padre y Jacobo Zabludowsky.

“Pero después ya producía y dirigía programas, porque me vieron con tamaños para poderlo hacer”, refería sin falsa modestia.

Allí se dio cuenta que le convenía más hacer comerciales, porque por cada uno obtenía 3 mil pesos, mientras su sueldo mensual era de 6 mil.

Fue así que un día le dijo a Alejandro Burillo -el director de 660-: “vengo a renunciarle”. Al preguntarle el por qué, Chanona le explicó la razón y él aceptó ayudarlo, al grado que le condonó sus adeudos y lo liquidó generosamente.

Después, ya en la XEX, logró encabezar un programa titulado Tiempo musical con Paco Chanona, “que me permitió apoyar a nuevos valores, algunos  compositores e intérpretes que luego alcanzaron notoriedad”.

Participó en innumerables programas de televisión, y actuó como jurado en diversos festivales musicales y recibió múltiples homenajes por su trabajo como compositor.

Luego de su famosa Pulpa de tamarindo y los grandes éxitos que lo llevaron a la cumbre, también se vio envuelto en la vorágine de los excesos del éxito.

¿Es difícil sustraerse a ellos? –le pregunté.

Lo importante es saber qué se quiere en la vida. O la carrera artística, con las consecuencias que eso trae -como no estar en la casa, viajar, descuidar a tus hijos, atender a la prensa, el mundo de las drogas y el alcohol a las que a veces el propio medio te invita y hasta te obliga, y abstraerse  de él, que muchas veces significa excluirse profesionalmente-, o la familia. Esa fue la disyuntiva que tuve hace 30 años y dije: no, prefiero a mi familia a ese mundo que me estaba asfixiando. Me voy a Chiapas…, y adiós.

Chanona considera que si hubiera permanecido en la ciudad de México, seguramente ya no estaría vivo.

“Conozco el testimonio de muchos amigos que me envidian. Unos se han apagado por los excesos de las drogas y el alcohol, y otros, se han mantenido hasta cierto punto vigentes, pero llevan una vida prácticamente vacía, con hijos y mujeres, pero sin una familia verdadera. A su juicio, “es cosa de lo que tú quieres en la vida”.

Citaba a un entrañable amigo, exitoso compositor sureño, al que no identificaba por su nombre, que le contó que se había casado 5 veces -y se lamentaba de que ninguno de sus hijos y ex mujeres lo valorara, y “vivía entre aviones y hoteles. Eso sí, tiene mucho dinero y posee grandes casas en México y el extranjero, que generalmente sólo disfrutan quienes las cuidan.

“La cuestión es ¿qué quieres realmente? Yo no escogí ese camino; yo elegí a mi familia. A mí para qué demonios me sirven la gran fama  o mucho dinero? -se preguntaba-. Nunca quise ser conformista, pero creo que me basta con lo que tengo; así he sido muy feliz los últimos 30 años de mi vida”.

En 1972, poco antes de retornar a su tierra natal se dio la oportunidad de musicalizar y orquestar, con el apoyo del maestro Ángel Jalili, un disco con 12 poemas cortos de Jaime Sabines.

Chanona consideraba lógico que sus canciones ya no producían lo que solían retribuirle en los años 60 o 70, porque sus discos habían dejado de venderse y ya no estába alimentando nuevas grabaciones.

“Lo que sí trasciende, es lo que logré en Chiapas. Fui pionero y monté en 1981 Sonosur, un estudio de grabación, el más importante del sureste, muy exitoso durante 20 años, y cuando el negocio comenzó a venir a menos -por la piratería y los avances digitales que simplificaron las grabaciones y los grandes estudios se volvieron obsoletos-, incursioné en otros giros como bienes raíces, y gracias a Dios conté con una administradora formidable: mi esposa Isabel. Además ya no necesito mucho”, decía, rindiéndole homenaje a su compañera de toda la vida, a quien consideraba “fundamental en todos los sentidos”.

 

MODUS OPERANDI

 

Al hablar de su fórmula para componer, desde su experiencia personal señalaba que “hay dos circunstancias fundamentales en el proceso de creación de una melodía,.

“Cuando hay inspiración, ésta simplemente surge, y si no, sólo se hace una canción “dirigida”, para un estilo determinado, con cierto ritmo, pensando en un cantante en especial.

“Ese es el cajón del profesionalismo. A mí, la publicidad me enseñó mucho para hacer canciones específicamente para tal fin o producto. Laboré para todas las agencias y quizá fui el que más cobró y el que menos trabajó, porque me mantuve como el número uno durante 10 años y eso me dio una gran enseñanza”,  me decía.

Entre sus intérpretes favoritos no dudaba en señalar a Carlos Lico, quien le grabó varias canciones y tuvo 3 éxitos y a Celia Cruz, quien popularizó otras tres: Pulpa de tamarindo, Corta la fruta verde y Caña brava.

Con Lico hizo Tú que me das, una canción rítmica muy sencilla pero realzada por la gran voz de este cantante, a quien escuchó en un centro nocturno. Mi primera impresión de él no fue muy favorable, según me comentaba.

“A la cuarta balada el público ya estaba aburrido y pensé: Carlos necesita algo movido para romper el ritmo y luego ya seguir con lo suyo”.  Fue entonces a verlo con el Güerito Gil -hijo de Alfredo el Güero Gil-, quien era su director artístico y le propuso una canción rítmica”. Le cantó Tú que me das, con la guitarra.

Cosas de la vida, “Carlos no la quería, porque sentía que no era su estilo, pero fue convencido a medias, casi por orden de su director artístico. El resultado fue fenomenal”, afirma. Ya después hubo otras canciones suyas grabadas por él que fueron hits y gustaron mucho, entre ellas Soy y Qué lindo mar.

Pero hubo una, Te felicito, que el cantante yucateco desdeñó y que en cambio fue grabada por Gualberto Castro, y también se transformó en una canción famosa.

 

“EN LA VIDA TODO PASA”

 

Más tarde -instalado en una de las sillas del sencillo, pero bien aprovisionado bar de madera en cuyas paredes destacaban algunas de las fotografías más representativas de su carrera-, Paco Chanona, reconocía sin amarguras que “hay que estar conscientes que en la vida todo pasa; llegan nuevos compositores, y qué bueno, porque hay que darle paso a la gente nueva.

“Si hoy se acuerdan de mis canciones, serán los cincuentones o sesentones, pero  así son las cosas”, puntualiza.

“Conozco a muchos colegas, que se murieron amargadísimos porque ya no ocupaban los primeros lugares, cuando es tan fácil ubicarse”.

Desde el punto de vista cultural ¿qué hace falta para explotar el talento de los chiapanecos para explotar las bellas artes? –le pregunté.

“Desde mi regreso me he dado cuenta que se ha progresado mucho. Cuando llegué, la escuela de música no funcionaba, y yo necesitaba gente que leyera música pero no había. Precisaba de ejecutantes de instrumentos de cuerda profesionales, y tampoco: La escuela de música estaba muy incipiente. Ahora puede uno asistir a un concierto con una gran orquesta chiapaneca y da orgullo escucharlos. Sí, en realidad, hemos progresado -decía.

 

MAGNÍFICOS COMPOSITORES CHIAPANECOS; PRONTO SURGIRÁN MÁS

 

Por otra parte, se mostraba satisfecho de que se desarrollara en Chiapas “un movimiento poético”, con figuras muy interesantes, lo mismo en la música y las artes pláticas “incluso entre los pueblos indígenas, como resultado del apoyo de las autoridades y organizaciones de la sociedad civil.

“Existe en este momento una gran inquietud cultural.  Además, de la Escuela de Música  hay una serie de jóvenes compositores que en un futuro darán mucho de qué hablar; surgirán músicos muy importantes, porque hay talento natural”, predecía.

Orgulloso padre de 3 hijos: María Isabel, Francisco de Jesús y Mario Alberto, además de varios nietos, se explayaba en sus elogios para reconocer el talento de 2 figuras nacionales, que como él, habían triunfado en México y el extranjero.

Y enumeró primero a Jorge Macías -Premio Chiapas 2008, fallecido el 25 de mayo de 2015-, y al ex integrante del grupo Elefante, Reyli Barba.

“En Chiapas hay excelentes compositores: tienen mucho talento. Jorge es muy bueno, y Reyli también, y me da gusto que los paisanos triunfen. Ha habido otros grandes ejemplos como los propios hermanos Domínguez y  un excelente músico, David Gómez -quien compuso el vals Tuxtla-, que desgraciadamente no trascendió porque se quedó en Chiapas y no salió; desafortunadamente esta situación no sólo se mantiene hasta hoy en Chiapas, sino en otras partes del país.

Sin embargo, hay muchachos que no tardan en hacer su aparición. Me da mucho gusto que eso suceda, porque entre Los hermanos Domínguez y yo hubo una brecha muy larga, que se acortó ya en el caso de Macías y Reyli. Al paso del tiempo, esta será cada vez más breve, y eso, sinceramente me tranquiliza, porque, gracias a Dios, me he realizado, estoy en paz con la vida  y no soy afecto a los cotos de poder” –me dijo.

Más tarde, Chanona volvió al piano, su viejo compañero, y con su maestría característica, ejecutó uno de sus románticos temas.

Con una noche tengo, para intentar de nuevo / recomenzar lo nuestro, que murió cuando estaba naciendo. / Con una noche basta / con una noche bella / y en el universo de tu piel / yo dejaré mi huella. / Una, a nadie se le niega una noche más / si lo prefieres, puedes verlo como dar / tranquila, una limosna. / Una, con sola una de tus noches que me des / si nada logro, te prometo que después / me salgo de tu vida.

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