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El único camino / La Feria

El único camino / La Feria
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Sr. López

 

Hay días en los que lo difícil es encontrar de qué escribir… y otros en lo que se amontonan los temas. Este es de esos.

 

Desde ayer Andrés Manuel López Obrador es presidente electo de México. Noticia que no es noticia, desde el 1 de julio el mundo sabe que él será el próximo Presidente de la república.

 

AMLO recibió su constancia de mayoría y de presidente electo en la sede del Tribunal Electoral federal con el 53.20% de los votos. Cada uno de los siete magistrados del Trife aprovechó para soltar sencillo pero sentido discurso (del todo inútil). AMLO sí que tenía que decir algo y lo dijo con 915 palabras (dos páginas). Sin sacar nada de contexto, destacan algunas frases:

 

“(…) rindo homenaje al Pueblo de México por su evidente vocación democrática (bueno, gracias… pero no es para tanto)… En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos (…) desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad (bueno, gracias… pero no es para tanto, hasta pena da)… Considero que otro de los mandatos de la mayoría es el evitar la violencia (atender) las causas que la originan y reformular la política de seguridad (…) construir la reconciliación nacional en el bienestar y en la justicia (eso sí, para que vea)… la gente votó para que exista en México un verdadero Estado de Derecho; el pueblo quiere legalidad (vayan cancelando los “foros por la pacificación”)… Los mexicanos (…) Quieren castigo por igual para políticos corruptos y para delincuentes comunes o de cuello blanco (por eso: cancele los foros)… al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie (¡los foros!)… Ninguna tentación me quitará la autenticidad o desviará mí camino en la búsqueda del humanismo y la fraternidad (¡áchis!).

 

No sé usted, su texto servidor le toma la palabra: legalidad, castigo, poner fin a la corrupción y la impunidad, al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie. Nada es nada; nadie es nadie. No se apure señor Presidente, se lo vamos a recordar.

 

Horas antes, Elba Esther Gordillo Morales, recobró su libertad, lo que no atenúa el peor error ético y político del moribundo sexenio de don Peña Nieto. Esto no  repara nada, porque a la señora no la declararon inocente, sino que el titular del Primer Tribunal Unitario en materia Penal en la Ciudad de México, sobreseyó la causa y notificó a su defensa que había emitido la orden para su “absoluta e inmediata libertad”.

 

Doña Elba Esther tiene sentimientos encontrados (supone uno). Por un lado, el alivio de que su pesadilla terminó. Por el otro la amarga hiel de no haber sido declarada inocente. El sobreseimiento es de naturaleza adjetiva, ajeno a lo sustantivo, sin ninguna relación con el fondo (enseñaba el maestro Burgoa Orihuela), pone fin al juicio sin resolver el fondo (en este caso, la inocencia); no finca derechos u obligaciones para el quejoso ni las autoridades responsables; o sea: no puede la señora írsele encima a los que la encarcelaron por consigna o sin pruebas, a lo mariachi. Cinco años y pico de amarguras y el juez sobreseyó el juicio, lo anuló; sobreseer literalmente significa sentarse en el expediente: de la preposición latina “super” (sobre), y del infinitivo “sedere” (sentarse).

 

La naturaleza de la palabra sobreseer es clarísima desde hace siglos, por ejemplo, en la Crónica anónima de Enrique IV de Castilla (1454-1474). No es extraño que la prensa, nuestra prensa, haya cabeceado la nota poniendo: declaran inocente a Elba Esther Gordillo. Sí es extraño que eso haya dicho (si lo dijo), Olga Sánchez Cordero, próxima secretaria de Gobernación, magistrada de la Suprema Corte en retiro. No salió inocente, el juez sobreseyó la causa por falta de pruebas, por lo que sea, sin pronunciarse sobre el fondo, sin emitir fallo de inocencia. Cinco años con cinco meses y once días de juicios y detención… sin pruebas: feo. En nuestro México se arrastra por el albañal a quien al poder place y a la hora de la verdad, nadie responde por los daños, los gastos, el sufrimiento el desprestigio. Ni modo (pero ¡ya llegó AMLO!). Como se vea esto no es justicia.

 

Y siguen los ecos del chasco que fue antier el fallido evento del primer “foro por la pacificación”, presidido por AMLO en Ciudad Juárez. Lo de perdonar y olvidar, o no olvidar pero sí perdonar (amnistía es sinónimo de olvido… bueno, ya le dirán), no es lo que quiere la gente. Justicia a secas, sin agüita para que pase bien: justicia a palo seco. Tome nota.

 

Si en algún lugar del mundo le saben a eso de combatir la delincuencia organizada es en Italia. En dos siglos no han podido erradicar a la mafia. Dos veces han estado a punto:

 

Cuando en 1925 Mussolini -después de dos años de nada más investigar y ubicar delincuentes-, les cayó encima con toda la fuerza del Estado y les hizo la vida amarga, muy amarga, seis años seguidos. A punto estuvo de arrasarlos, hasta que en 1932 cantando victoria antes de tiempo, como parte de la celebración del 10 aniversario de “La marcha sobre Roma” (otro día comentamos eso), se le ocurrió amnistiar a los mafiosos: ¡ancha es Castilla!, se perdió todo lo ganado.

 

Luego, en la década de los 80 del siglo pasado, el gobierno de Italia se fajó los pantalones, los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, traían boqueando a los mafiosos, detuvieron y enjuiciaron a centenares, provocaron la ruptura de las alianzas entre familias mafiosas y que la gente les perdiera el miedo; la respuesta de los Corleone (Salvatore Riina -La Bestia-, a la cabeza), fue bañar en sangre Sicilia… y de repente, ya asesinados Falcone y Borsellino, cesaron las matanzas, regresó la paz… ¿sí?… pues no, apenas se supo qué pasó (este año estalló el escándalo): el gobierno pactó con la mafia entre 1992 y 1993, redujo sentencias, otorgó perdones, todo lo que Riina pidió para que regresara la paz, para acabar con la violencia… y la mafia goza de cabal salud, a la fecha.

 

No se equivoque señor Presidente electo. Usted va a jurar cumplir y hacer cumplir la ley. Bueno: es el único camino.

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