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El canto de las morenas

El canto de las morenas
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Juan Carlos Cal y Mayor

No cabe duda que para los estrategas de la campaña de López Obrador, el fin justifica los medios. Entre el ensayo y error de dos campañas consecutivas por la presidencia de la República, parece que algo han aprendido. Teniendo un líder que atrae masas con su retórica populista, su hablar chabacano y su capacidad hipnótica –es el Tony Kamo de la política- para realizar lobotomías sin bisturí; no ha sido posible lograr el cometido de llegar a Los Pinos.

Aunque siguen con la misma cantaleta del fraude cuando no son capaces de cuidar todas sus casillas, han mandado al diablo a las instituciones y han tomado posesión y rendido protesta en la Presidencia legítima, es un hecho que han modificado su estrategia cada seis años.

En 2006 fueron “primero los pobres”, en 2012 la “República Amorosa” y ahora la oferta es acabar desde el primer día con la corrupción . Los villanos favoritos, la Mafia del Poder. Los tecnócratas que han empobrecido al pueblo de México. Los señoritingos y aprendices de mafiosos. El discurso sin duda eficaz de acabar con los privilegios de la clase gobernante, quitar las pensiones a los expresidentes, reducir los sueldos de los altos funcionarios, vender el avión que no tiene ni Barak Obama. Con todo ello ya aseguraron el 30% de los votos que los ha acompañado siempre. Pero ahora van por más.

En las otras campañas, toda la apuesta fue por el ímpetu, los discursos incendiarios y un candidato sin saborizantes artificiales que disparó a mansalva el “cállate chachalaca” que fue capitalizado por los estrategas de Calderón. El peor enemigo en campaña de Amlo es López Obrador. Se mata sólo, con sus dislates y ocurrencias disruptivas. En 2006 nada quiso saber de asesores de imagen o mercadotecnia electoral, demoniacas invenciones del capitalismo voraz que reduce la oferta política a un producto de anaquel.

En 2012 a regañadientes aceptó a Luis Costa Bonino, asesor también de las campañas de Ollanta Humala y José Mujica. El discurso se modificó. La campaña del “Peligro para México” atemorizó al electorado. Había que desmitificarlo. Por tanto Amlo se convirtió en “AmLove” y prometió hacer de México una República amorosa. Una denuncia grabada en una reunión de empresarios dio cuenta de la solicitud de 6 millones de dólares a un grupo de empresarios para asegurar el triunfo, un escándalo que se conoció como “el charolazo”. Despidieron al estratega.

Tardíamente surgió en la Ibero el movimiento yo soy 132 que no cuajó lo suficiente, pero les dejó la lección de la importancia del uso político de las redes sociales. Así comenzó la tercera campaña por la presidencia donde son evidentes resultados más eficaces. Se crearon portales y medios informativos alternativos para contrarrestar el influjo de las grandes televisoras y los medios impresos tradicionales. Los llamados millenials calculados en unos 14 millones votarán por primera vez y ellos ya no ven los noticieros de Televisa o Tv Azteca. Ahora los mensajes de Amlo se trasmiten en videos que son retomados por muchos medios convirtiéndose en noticia, marcando la pauta. Evitan a toda costa el riesgo de entrevistas incomodas que irritan con facilidad al Dr. Jekyll macuspano, de hablar pausado pero que en segundos se convierte en el Mr. Hyde colérico, el peje convertido en piraña. La última con Pepe Cárdenas.

La clave, indican ahora sus asesores es serenarse y tomar a sorna las críticas. No caer en provocaciones y evitar los exorcismos que ofuscan su personalidad. Minimizar, contrarrestar, pitorrearse. Ahora es Andrés Manuelovich.

LOS CAÑONAZOS, LAS COOPTACIONES.

Lo que viene ahora es ofrecer para atraer a los adversarios. Perdonar sus pecados, olvidar sus agravios. Repartir y más aún, compartir el poder. Es el canto de las morenas. Una mutación de pejes cruzados con sirenas, que cantan al oído de sus adversarios, exaltando sus virtudes que otros menosprecian. Además es temporada de chapulines. El momento de brincar de un puesto a otro y porque no, de un partido a otro. Esa práctica que tanto demerita a la política.

Javier Lozano huye al PRI como vocero de Meade para enojo de los priístas pero no se lleva nada del PAN. Gabriela Cuevas se va del PAN y negocia una plurí con Amlo para disque continuar en su gran encomienda en la presidencia de la unión interparlamentaria. Tatiana Clouthier que renunció al PAN en 2005, se venden a los medios como grandes rupturas del panismo.

Lo que si es lamentable es que Germán Martínez, expresidente del PAN, se deje querer y cambie de opinión porque un hijo de Amlo le ofrece la Fiscalía General de la República. No acepta pero coquetea con la idea. Ahí sí lo quieren, mientras Anaya ni lo fuma. Mal por él que se deja llevar por el canto de las morenas. No lo hace porque lo quieran sino porque lo usan. “No queremos dividir. Queremos gobernar” le dicen y cae redondito.

El gobierno de coalición es lo que plantea Anaya al frente del PAN-PRD-MC. Lo trae ahora Morena es una campaña de cooptación y vaya que no es lo mismo. De los arrepentidos será el reino de los cielos y los tránsfugas corren seducidos al primer guiño. Allá ellos… Ni falta que nos hacían.

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